martes, 2 de febrero de 2010

Bruselas hacia el régimen parlamentario

La próxima semana el Parlamento europeo ratificará al nuevo colegio de Comisarios como ejecutivo de la Unión, una vez superado el trámite de control parlamentario, que ha dejado en la cuneta a la búlgara Jeleva el pasado 19 de enero. Se ha consagrado así la potestad de control parlamentario sobre la Comisión, que emana de un acuerdo interinstitucional que había sido firmado el pasado mes de junio de 2009, pero que se ha revisado para adaptarse al Tratado de Lisboa, otorgando algunos poderes añadidos a la cámara parlamentaria.

Ciertros observadores prevén inestabilidad en los próximos meses, no sólo por las "ganas de marcha" que hay en el Parlamento en el control sobre el Ejecutivo, sino también por algo que se visibilizó durante las audiencias parlamentarias, las contradicciones entre las responsabilidades que hasta ahora recaían sobre los comisarios, derivadas de la aparente duplicidad de competencias entre algunas carteras (por ejemplo, las competencias de Ashton se solaparían con las de Füle, comisario de Ampliación). Un análisis de las comparecencias del mes de enero, nos permite concluir que Barroso va a ejercer un mandato bastante más presidencial que el anterior, precisamente para evitar discrepancias entre sus comisarios.

En todo caso, las relaciones entre Parlamento y Comisión ahora mismo no están perfectamente definidas, y está previsto que el próximo 9 de febrero se vote en la cámara un nuevo marco que regule las relaciones entre ambos. Posiblemente se incluirá la posibilidad de solicitar la dimisión de un solo comisario, sin tener que hacerlo la Comisión en bloque en plena legislatura, como ha ocurrido hasta ahora. También se pretende reforzar los vínculos informales entre las dos instituciones, de manera que Buzek podrá asistir a la reunión semanal de la Comisión, donde se realizan las grandes propuestas de ley por parte de los comisarios; mientras que Barroso acudirá a las reuniones bimensuales de los jefes de los grupos parlamentarios, donde se debaten aspectos legislativos y presupuestarios; y aún más, la sesión de control mensual sobre el presidente de la Comisión incluirá desde ahora a otros comisarios, y en especial a la ministra de Exteriores, Ashton.

¿Hasta qué punto suponen estos cambios una evolución hacia el régimen parlamentario federal? Evolución sin duda, y la muestra evidente ha sido el duro y exigente proceso de audiencias a que se sometieron los candidatos a la Comisión, en que los eurodiputados demostraron su voluntad de ejercer un verdadero control al poder ejecutivo. No obstante, existe una limitación crucial, el Parlamento no tiene potestad para iniciar un proceso legislativo, quedando reservado este poder de forma exclusiva a la Comisión. Recordemos que una vez aprobada una iniciativa legislativa por el Parlamento, será el Consejo el que dará la aprobación definitiva. Si el Consejo no aprobara la propuesta, el Parlamento debería votar en segunda lectura, de modo que un texto no será aprobado si no hay acuerdo del Parlamento y del Consejo (de no haber acuerdo se resolvería en un comité de conciliación).

En el caso del presupuesto, el poder parlamentario es mayor, ya que el voto del Parlamento es posterior al del Consejo de la UE, y es el Parlamento quien aprueba el presupuesto comunitario por mayoría simple. Lástima que el presupuesto esté limitado a ese famoso y paupérrimo 1% de la riqueza total de la Unión, a todas luces insuficiente para que poder emprender las políticas que esperamos lidere la Unión Europea, pero ese debate es harina de otro costal y lo afrontaremos a su debido momento.