jueves, 21 de enero de 2010

Mercado único digital: derechos imprecisos y productos intangibles

Aunque las aduanas y barreras fronterizas sean cosa del pasado en la Unión, el mercado único está lejos de ser una realidad plena, y éste es el caso en la industria digital y tecnológica. Cierto es que las fronteras físicas no existen en Internet, tan cierto como las contradicciones que esta situación produce, y no me refiero a esa máquina recaudadora [y monopolística, atención] en nombre de los derechos de autor que tan mala fama tiene en nuestro país. Rodríguez Zapatero expresó su deseo de afrontar un problema que es innegable y en esta línea el ministro Miguel Sebastián ha anunciado que la presidencia española propone una nueva Agenda para un funcionamiento exitoso del mercado de los productos intangibles o TIC (industria tecnológica), que se debe negociar en Granada el próximo 19 de abril en una reunión informal del Consejo de Ministros de Telecomunicaciones de la UE. Por lo pronto buena iniciativa. Más adelante ya veremos.

La predecesora presidencia sueca realizó un concurrido encuentro informal entre representantes del sector y autoridades, buscando una vía para legislar y regular atendiendo a las necesidades de productores y consumidores, ya que los primeros están actualmente en desventaja competitiva con respecto a los asiáticos, mientras que los segundos siguen pagando cara la no liberalización conjunta de los mercados europeos. Por si fuera poco, existe un cierto vacío legal en cuanto a los derechos del consumidor una vez adquirido un producto intangible, por ejemplo, un contenido descargado por internet; imaginemos que una vez pagado dicho producto, éste es incompatible con nuestro hardware, nos encontraríamos en situación de desamparo legal.

Un derecho impreciso se parece mucho a un derecho inexistente. Por ello el objetivo es crear una Directiva del Consumo que contemple con precisión todos los derechos del consumidor, también en la Red. No se trata de legislar para reprimir el mercado, sino para garantizar los derechos del consumidor y favorecer las ventajas competitivas del productor.

Los fabricantes deben beneficiarse de una regulación que asegure que se puede obtener una licencia para toda Europa con un solo trámite, evitando el actual proceso largo y costoso, además de suprimir los límites territoriales hoy existentes entre Estados miembros. Los consumidores deben tener un acceso claro, fácil y disponer de información veraz sobre los contenidos, así como no sufrir tarifas abusivas. Sin olvidar el tercero en discordia, los autores, cuyos derechos en todo caso deberían determinar ellos mismos, más que la administración. En este sentido va la Directiva, que pretende también harmonizar el mercado europeo, con vistas a que dicha harmonización se extienda a todo el planeta, lo que a su vez impulsaría la competencia en igualdad de condiciones.

Así como reclamamos que en la agricultura y otros sectores industriales se eviten las medidas proteccionistas y se abran negociaciones multilaterales para garantizar la competencia leal, en el caso de las empresas tecnológicas se reclama el acceso equitativo al mercado global, por lo que se pide a las autoridades de la UE que las TIC y los servicios electrónicos sean prioridad en las negociaciones en la OMC.

El objetivo del Mercado Único Digital no sólo es razonable sino deseable, porque las nuevas tecnologías nacen con vocación universal, porque en el mundo interconectado no se conocen las fronteras y porque algo tan intangible y tan esencial como la libertad sólo se garantiza mediante la homogeneidad de derechos y obligaciones, se materializa a través de la igualdad de oportunidades y se consagra cuando existe una base legal que protege contra el fraude, camino que todavía está por recorrer en Europa, sin perder de vista las oportunidades que brinda el territorio digital.