miércoles, 30 de septiembre de 2009

El farol

Dos días para el referéndum en Irlanda, y los checos ya tardaban en marcarse un farol, y ahí coincido plenamente con el diagnóstico de esta bloguera. Ya se comentó aquí, ni Chequia ni Polonia han firmado aún la ratificación del Tratado de Lisboa, sus parlamentos le han dado luz verde pero falta que sus presidentes del gobierno estampen la firma. Se hacen de rogar, como niños peleones. Conociendo a estos dos países, no hace falta ser malpensada para darse cuenta de que funcionan bajo los parámetros del realismo, Realpolitik de libro, o intereses nacionales, es decir anacronismo político en esencia. No hace falta recordarles que ellos pueden abandonar la Unión Europea si así lo desean. Saben de sobras que Lisboa no supera límites de soberanía, y si lo hiciera, ¿no lo habrían dictaminado ya sus cámaras bajas? Pero al parecer estos países conservan tics o temores del pasado, traumas infantiles ante los que debemos ser comprensivos hasta un límite. Exasperan demasiado, lo que no denota más que escasez de cultura democrática, que un grupo de senadores checos se presten a ser usados por Vaclav Klaus (en la foto) para "chantajear" a una UE de 27 estados... A esto algunos le llaman intereses nacionales, otros irresponsabilidad, es simplemente la amenaza del veto, o técnicamente el recurso de la unanimidad negativa. No creo que Chequia soporte el farol si los irlandeses ratifican el viernes. Merkel ya avisa, la puerta está abierta, es un club con derecho de admisión reservado pero con salida libre. Aunque si retrocedemos perdemos todos y Europa tira por la borda la oportunidad de una mayor integración que acabe con los recelos mutuos de una vez. Creo que el farol les va a durar poco, esperemos al viernes.

martes, 29 de septiembre de 2009

El momento de la verdad para el Tratado de Lisboa


Tratar de sintetizar lo que es Lisboa en cuatro líneas es innecesario, ya se ha hecho. Si el problema es el desempleo, me dirán que este objetivo ya se ha intentado afrontar sin éxito, primero con la Carta Social Europea de 1989, luego con la Agenda Lisboa promovida en el año 2000 (casualidad que lleve el nombre de esa bella ciudad que bautiza también al Tratado). Cierto es que la política social jamás fue una prioridad de los seis miembros fundadores, aunque al poco tiempo la libre circulación de los trabajadores europeos planteara problemas a escala comunitaria, a pesar de que los gobiernos han optado siempre por recurrir al principio de subsidiariedad, es decir que los esfuerzos de creación de empleo han recaído en los Estados miembros.

La mencionada Agenda Lisboa que se impulsó en 2000 sí supuso un gran cambio, y además uno de los impulsores fue Tony Blair, paradójicamente representando al Reino Unido, país que en 1989 se había opuesto a firmar la Carta Social Europea, signo de que dicha Carta era algo más que buenas palabras.

El Tratado de Lisboa, por lo demás, consagra como vinculante la Carta Fundamental de Derechos, lo que implica no sólo una uniformidad de criterio en cuanto a los derechos del ciudadano en toda la Unión, sino la obligatoriedad del reconocimiento de los derechos del individuo, incluidos los sociales. Aunque admitamos que no parece que la consagración de esos derechos sirva para combatir el paro estructural en plena crisis. Y digo estructural premeditadamente, porque el desempleo de largo recorrido deja de ser coyuntural, y más cuando es el modelo productivo el que está en crisis en varios países de la UE. No basta con ayudar económicamente al desempleado, sino que debe aspirarse al pleno empleo.

Al margen del ciclo recesivo, hace demasiado tiempo que los trabajadores europeos deben competir con trabajadores del tercer mundo con salarios bajos y sin prestaciones sociales, y de ahí se deriva la amenaza permanente de la deslocalización. La Unión viene advirtiendo desde los ochenta sobre la inadecuada cualificación de los trabajadores europeos y la desigualdad de oportunidades, y ya desde entonces se empezó a hablar de reformas a medio y largo plazo. Se considera que el crecimiento económico no es suficiente, y por ello desde la Comisión se viene insistiendo en el aumento de la capacidad de inversión de las empresas, en ofrecer al ciudadano una adaptabilidad a la evolución tecnológica, y en la creación de un entorno macroeconómico estable.

El Tratado de Lisboa es un marco legal, y como tal es un instrumento. Aunque no obrará milagros, es la base para la aplicación de políticas concretas y para alertar a los Estados que no estén haciendo sus deberes. Los gobiernos dejan de tener carta blanca. Es una buena noticia que nos brinda un colchón de seguridad para los que en ocasiones desconfiamos de nuestros propios gobiernos.

Paradójicamente en Irlanda ahora casi todos los partidos políticos reconocen la necesidad de evitar el aislamiento en un momento de profunda recesión, aunque los sindicatos irlandeses siguen diciendo que el Tratado prioriza los intereses empresariales sobre los de los trabajadores, afirmación que no parece suscribir nadie más. El descontento ciudadano ha pasado a enfocarse en las críticas al primer ministro, Brian Cowen, al que se acusa de haber gestionado de manera deficitaria los superávit de los que la Hacienda irlandesa gozó en los últimos doce años, a lo que se suman los escándalos de corrupción que han protagonizado ministros y altos funcionarios, y los consejos de administración de organizaciones estatales, hechos que van parejos a la suspensión de ayudas directas de las que se beneficiaban discapacitados, la infancia o las familias con pocos recursos.

¿Con qué ánimo irán a votar este viernes los irlandeses? Poco o ninguno. En una situación tan delicada, parece que el marco legal de Lisboa no podrá obrar milagros, pero tampoco parece que Irlanda pueda permitirse quedar al margen de una UE que alcanzará la velocidad de crucero una vez Lisboa entre por fin en vigor. E insisto en el por fin, porque Niza está agotado y se ha demostrado que no podemos seguir con las tibiezas y dudas que dicho Tratado impone en cuanto a la toma de decisiones.

Si conseguimos el Sí, antes de Navidad tendremos posiblemente a un nuevo presidente del Consejo, tal vez el propio Tony Blair o hay quien dice que podría ser la actual comisaria Margot Walström, cuyo nombre también suena para el nuevo gran cargo, el Alto Representante de Exteriores. Tal vez a los que duden de todo, incluso de la propia idea de una Europa unida, estos nombramientos no les inspirarán nada especial, pero simbolizan la unidad, el principio del fin de los recelos mutuos y de la desconfianza entre naciones.

Si en su momento nos invadió la bravura norteña de Maastricht, después nos tomamos un falso elixir de juventud en Ámsterdam para luego caer en la complacencia mediterránea de Niza, llega el momento de que nos aventuremos a nuevos mares desde la atlántica Lisboa. Por cierto, ya que hay articulistas que se muestran inquietos ante los posibles rechazos de Chequia y Polonia, apuesto a que estos países no soportarán la presión de una Unión reforzada, y mucho menos en el caso de que los irlandeses se adhieran. Tal vez se pondrían gallitos durante un tiempo si el viernes llegaran noticias negativas desde Dublín, pero esperemos que la sangre no llegue al río. Quedarnos sin Lisboa sería desaprovechar el ímpetu político que ahora mismo vive la UE.

lunes, 28 de septiembre de 2009

A los que ganaron

Hoy toca felicitar a Angela Merkel, por su victoria merecida y por haberse hecho con un liderazgo reforzado. También felicito a los alemanes por la calidad y talla de sus dirigentes políticos, incluso el perdedor de la jornada, el socialdemócrata, quien de inmediato se apresuró a admitir la amarga derrota (qué distintos a los políticos españoles que jamás reconocen una derrota o esas noches electorales en que todos ganan).

Merkel, cuyo CDU -que pertenece al PPE en la Eurocámara- obtuvo el 34 % de los votos, además anunció en la misma noche de ayer que gobernará con los liberales -que están en el grupo ALDE en la Eurocámara-agrupados en Alemania bajo las siglas FDP (15 %), liderados por el también carismático y atractivo Guido Westerwelle [en la foto], que a buen seguro dará que hablar y marcará un estilo político mucho menos acomplejado, lo que no implica que Merkel renuncie a su característica moderación. Habrá que prestar mucha atención a la fuerza de liberalismo alemán y tal vez seguir su ejemplo, porque creo que va a ser un gobierno de liderazgo adaptativo y que va a cambiar la forma de hacer política en la UE.

Merkel, a la que se le achacó en 2005 la escasez de carisma, reemprende una nueva etapa con una capacidad de maniobra mucho más amplia, no sólo en su país, sino a escala europea e internacional, estando al frente de la cuarta potencia económica mundial, la primera de Europa. Y en la línea de lo que apuntaba ayer en mi comentario, el hecho de que el SPD (23 %) de Steinmeier pase a la oposición será saludable democráticamente, y puede aportar debates nuevos en el Bundesrat donde incluso se podría utilizar el veto en la toma de decisiones del gobierno alemán en la UE, como bien dice Julien esto podría incrementar la visibilidad del debate europeo.

Algo distinta es la situación de Portugal, donde el presidente Sócrates del PS con el 36,6 % sí ha sufrido un voto de castigo, al igual que el PSD -adscrito al PPE- que se queda con el 29,1 %, de manos de su líder Ferreira, una señora bastante rancia y caduca a la que las encuestas daban empate técnico, y que al final ha quedado a casi ocho puntos de distancia. No obstante, el socialismo de Sócrates se ha mostrado notablemente centrista y moderado, no en vano tiene dos partidos a su izquierda que suman el 17 % de los sufragios, lo que demuestra que la política portuguesa no está en absoluto bipolarizada. En cuanto al partido más conservador, el CDS -perteneciente también al PPE- ha logrado ser la tercera fuerza política con un 10,5 %. El izquierdista BE obtiene el 9,9 % y el comunista CDU se queda en 7,9 %. La formación de gobierno no será sencilla, ya que los pactos no resultan evidentes. Aunque, como decía mi amiga Susana ayer noche, en un alarde de una actitud muy ibérica: "Ganharam todos: o PS ganhou juízo; o PSD ganhou vontade de mudar de líder; o CDS ganhou votos e deputados; o BE ganhou razão para não falar antes do tempo e a CDU ganhou o último lugar! não estamos todos felizes? ah! e o Benfica ganhou 5-0." Ahí queda eso.

sábado, 26 de septiembre de 2009

Elecciones en el vecindario

Mañana domingo eligen a sus representantes parlamentarios nuestros vecinos de rellano, los portugueses, y los de dos pisos más arriba, los alemanes. Y dado que vivimos en una comunidad de vecinos y todos compartimos ascensor y zona comunitaria (Parlamento, Tribunal, Comisión, directivas y normas más o menos antipáticas...), al final acabará afectándonos quién tome las decisiones en las reuniones de vecinos (léase Consejo de la UE), e incluso sus preferencias musicales, y es que por muy tolerantes a la diferencia que seamos no es lo mismo tener las Goldberg de Bach de fondo que AC/DC a toda mecha.

Alemania, el vecino de arriba, es uno de los grandes, lleva viviendo aquí desde el principio y además es el más europeísta de todo el vecindario, se encarga de controlar la tesorería y sus habitantes gozan de apartamentos privados con notable autonomía, aunque hay uno que sienta las bases del modelo de comportamiento del resto. Los alemanes son muy dados al consenso (y por eso me suelo entender tan bien con ellos), y prueba de ello es que estos cuatro años han estado gobernados por una gran coalición entre democristianos (CDU) y socialdemócratas (SPD), presidida por la líder del CDU, Angela Merkel. Tras una campaña extraña en la que la canciller Merkel ha tenido que enfrentarse dialécticamente a su propio ministro de Exteriores, Frank-Walter Steinmeier, cabe decir que el electorado no parece estar excesivamente motivado. Como bien comentaba la prensa tras el debate televisado, sería absurdo esperar que ambos echaran por tierra públicamente el trabajo desempeñado por su gobierno en este mandato, de ahí lo insulso de la campaña.

Si por un lado es envidiable ese espíritu de consenso, la paradoja es que el consenso pleno entre los dos partidos grandes termina por empobrecer el sentido profundo de la democracia como alternancia y control del poder. El resultado indeseable es que la opinión pública puede percibir que hay una ausencia total de oposición. En este sentido, yo soy más partidaria de un gobierno de coalición, pero con una oposición fuerte y con alternativa ideológica o al menos programática. Sobre ese argumento tal vez sería preferible, si es que los alemanes desean revalidar a Merkel como canciller, una coalición con los liberales (FDP), opción no descartable si nos fiamos de los sondeos preelectorales. A los que lean inglés, les animo a leer mañana la crónica de nuestro amigo Julien, quien además pasará el domingo en un colegio electoral a pie de urna.

En cuanto a nuestros vecinos de rellano la cosa tiene más miga a la par que incidencia directa sobre España, empezando por el futuro del tren de alta velocidad entre Portugal y Galicia, al que se ha manifestado contraria la candidata del PSD. En líneas generales está sucediendo algo similar a Alemania en el sentido de que la política no está tan bipolarizada, pero más bien por la proliferación de fuerzas pequeñas, y además parece que aún en el caso probable de que el socialista actualmente en el poder, José Sócrates (PS), se lleve el gato al agua, seguramente se verá forzado a buscar alianzas o negociar algún tipo de consenso, y en este caso diríamos que los portugueses todavía tienen cierto trecho que recorrer en cuanto a cultura de consenso. A pesar del varapalo de los socialistas portugueses en las europeas, parecen haber recuperado cierto fuelle por algunos errores que, según la prensa portuguesa, ha cometido la candidata Manuela Ferreira del Partido Social Demócrata (PSD), quien por cierto dicen las malas lenguas que detesta a los españoles y considera a España como "enemigo" a batir, en fin... No comment. Mal vamos con candidatos que se expresan en estos términos tan retrógrados. Por otro lado, se vislumbra como tercera fuerza el partido conservador, liderado por Paulo Portas (CDS-PP). A tenor de las encuestas habrá unas elecciones muy reñidas en el país peninsular. Ojalá gane el mejor, y a poder ser alguien dialogante y pacífico, por lo pronto me conformo con que no haga barbacoas en la terraza que puedan provocar un incendio en nuestra casa...

jueves, 24 de septiembre de 2009

De cómo se fragua la nueva Comisión: juego de carteras e influencias

Barroso afronta en estas semanas un reto sin precedentes en la historia europea: la formación de su propio gobierno con una capacidad de maniobra política totalmente novedosa para un presidente de la Comisión.

A pesar de la incertidumbre latente sobre el resultado irlandés el día 2 -y una vez que ya hemos visto hasta donde llega la capacidad de usar la obstrucción como instrumento político- el hecho es que pase lo que pase en Irlanda, el próximo 23 de noviembre expira el mandato de la actual Comisión, y que se inicia un nuevo ciclo de 5 años. Barroso ya está pergeñando el nuevo Ejecutivo, aunque hay muchas particularidades en este cambio de gobierno, por un lado el presidente ha sido votado por el Parlamento Europeo (lo que le da mayor legitimidad), y por otro el nuevo colegio de comisarios tendrá poderes hasta ahora inéditos.

Por primera vez las políticas europeas adquieren un alto perfil. El portugués ya ha manifestado su intención de eliminar y añadir carteras, algunas de ellas como concesión sobre todo a los Liberales (ALDE), que condicionaron su apoyo parlamentario. Además están las concesiones a los Estados miembros, de forma que todos se sientan representados de alguna forma por la nueva Comisión. Aún así, Barroso no tendrá el protagonismo estelar, sino que deberá compartirlo con los dos nuevos grandes puestos que Lisboa brinda: el Presidente permanente del Consejo Europeo y el Alto Representante de Asuntos Exteriores.

Barroso, sin embargo, no tiene intención de desperdiciar su capacidad de influir en las prioridades políticas y por ello plantea abiertamente la creación de tres nuevas carteras: Clima, Migración y Derechos Fundamentales.

Estas últimas parten de una propuesta de los Liberales, ya que en cuanto a la de Migración, la idea es que no se mezcle con Justicia, Derechos y Libertades Civiles, y se pretende separar las tareas que ahora recaen en la Dirección General (recordemos que la Comisión subdivide sus carteras en Direcciones Generales por áreas políticas), o sea en la actual DG de Justicia e Interior, que es cuestionada actualmente ya que es juez y parte en los asuntos de justicia, al tiempo que defiende los derechos de los inmigrantes y minorías, por lo que algunos expertos opinan que la cartera debería separarse, ya que tal como está transmite la idea de que la migración es una cuestión de seguridad, y ese mensaje es confuso y contradictorio con los valores de la UE.

La cartera de Clima se vislumbra como un guiño a la opinión pública y como una oportunidad estratégica de demostrar que la UE actúa a largo plazo, aunque está por ver si finalmente las áreas de consumo energético y energías alternativas quedan en el ámbito de esta cartera. Hay áreas como transporte o recursos naturales que seguramente generarán debate interno sobre su adjudicación, y algunos apuntan que la cartera de Clima podría acoger esas áreas, y sobre todo si la cumbre de Copenhague en diciembre acaba por dar relevancia política a los asuntos climáticos.

Entretanto Barroso lleva a gala que la Innovación va a ser el “corazón” de esta nueva Comisión, y al margen de estas tres carteras, hay otras áreas que suenan con fuerza. Y así muchos rumores apuntan al deseo de Barroso de crear una cartera Digital, lo que le daría más poder a la Comisión para imponer la competencia en las telecomunicaciones (todavía no plenamente liberalizada en toda la UE) y solventar de una buena vez el copyright digital (que por cierto serían competencias que perdería el comisario de Mercado interior, lo que crea división de opiniones entre los analistas). Y por otro, se apunta ya la creación de una cartera de Economía del Conocimiento, que abarcaría educación, e innovación, y a su vez la fusión de las actuales carteras de Mercado Interior e Industria en una sola cartera de Economía y Finanzas (vean aquí un Informe de expertos sobre las prioridades económicas para el próximo gobierno). Y finalmente hay quienes reclaman una cartera de Cultura, en lugar de las dos DG actuales de Educación y Cultura por un lado, y de Multilingüismo por otro.

¿Qué pintan los gobiernos en todo esto? No nos llevemos a engaño, los Estados miembros también están pendientes del reparto del pastel, y los rumores en Bruselas advierten de que las carteras que traten Mercado interior y Competencia no deberían recaer en un Estado miembro de los grandes (Alemania, Francia, Reino Unido, España e Italia), ya que dicen las malas lenguas que la Comisión Barroso ha hecho la vista gorda en asuntos de unidad mercado con estos países, y que sobre todo Francia o Alemania podrían caer en la tentación de hacer de su capa un sayo en defensa de sus intereses nacionales. Sea cierto o no, la realidad es que estamos lejos de una verdadera unidad de mercado, y a modo de ejemplo el fracaso hasta ahora en la creación de una patente europea, además de que no se puede negar la evidencia de que falta mucho por armonizar en todo el territorio de la UE. Con suerte, en este mandato habrá oportunidad de comprobar hasta qué punto es necesaria una mayor armonización fiscal entre los 27, aunque actualmente ese horizonte sea quimérico, a juzgar por las dispares culturas fiscales en la UE. Aún así, el gran reto es que Europa sea más competitiva, ¿logrará Barroso que esa Innovación se convierta en el verdadero músculo de la vieja Europa?

miércoles, 23 de septiembre de 2009

Europa y sus valores eróticos comunes (homenaje a Ortega y Gasset)

Siento decepcionarles, pero no voy a hablar de erotismo. Y el título no pretende engañar, sino que se inspira en la idea un tanto curiosa expresada en una frase de Ortega y Gasset, a quien he estado releyendo estas últimas noches. Fíjense bien, escribe Ortega en 1930: “las almas francesas e inglesas y españolas eran, son y serán todo lo diferentes que se quiera; pero poseen un mismo plan o arquitectura psicológicos, y sobre todo, van adquiriendo un sentido común. Religión, ciencia, derechos, arte, valores sociales y eróticos van siendo comunes. Ahora bien: esas son las cosas espirituales de que se vive. La homogeneidad resulta pues, mayor que si las almas fueran de idéntico gálibo”.

Curioseando en el estante reservado al rincón filosófico en mi despacho, me dio por hojear La rebelión de las masas, donde encuentro una ristra de reflexiones filosóficas deliciosas. Opinables sin duda, y hablando de opiniones cree el filósofo español que sin opiniones la vida humana sería el caos, lo que no es óbice para admitir que el hombre en sí mismo no tiene opinión. Y sigue, en la Edad Media en Europa reinaba un caos relativo, se ansiaba o se odiaba, pero no se opinaba, y ya se sabe, sin opinión no hay humanidad y por tanto no hay orden. Del desorden acabó surgiendo el estado, y del estado ¿vino el orden?

Me he referido en este blog a menudo al Estado-nación, y si hago caso de Ortega, debo decir que la nación está siempre haciéndose o deshaciéndose, o bien ganando adhesiones o perdiéndolas, ¿no estaremos ante una Europa que en sí misma presenta rasgos de nación? Cuando Ortega escribió ese libro, hace casi 80 años, sí podía soñar él con el proyecto europeo, pero no le resultaría fácil dar crédito de lo que ahora ya es realidad.

Hoy Ortega diría que la Unión Europea es una nación en sí misma y -perdón por el atrevimiento- lo afirmo porque para él la nación antes de poseer un pasado común tuvo que crear una comunidad, y antes de eso tuvo que proyectarla, y más tarde el propio proyecto en sí dar existencia a la nación, incluso aunque no se logre su ejecución, en cuyo caso hablaríamos de una nación malograda. Así que lo esencial para otorgar el carácter de nación es siempre el futuro común, y ¿no es eso precisamente la Unión Europea?

El Estado-nación sería una estructura histórica de carácter plebiscitario, y la esencia de la nación se compondría de: un proyecto de convivencia total en una empresa común, y la adhesión de los hombres a ese proyecto incitativo, a diferencia del estado antiguo en que la unión se mantiene por presión externa.

No obstante, me llama la atención el hecho de que en el Estado contemporáneo ya viera este filósofo la mayor amenaza para la civilización europea. Aquella burguesía que en la Edad Medía fraguó lo que acabaron siendo las naciones de Europa, dejó los estados en manos de una nobleza sentimental y de dudosa capacidad, por lo que el antiguo régimen desemboca un Estado muy cuestionado ya desde el siglo XVIII, con una sociedad civil revuelta debido a la desproporción entre el poder del Estado y el poder social, y de ahí las revoluciones que se sucedieron hasta 1848, fecha en que se inicia la segunda generación de gobiernos burgueses, que lograron hacer del Estado una máquina perfectamente engranada. Lo malo fue que a partir de ahí, el hombre empezó a ver en el Estado el poder anónimo, al que le exige la resolución de todo conflicto o problema, sin percatarse del peligro que el intervencionismo conlleva, es decir la absorción de toda espontaneidad social.

Como ocurrió con el Estado imperial creado por los Julios y los Claudios, la máquina perfecta entró en decadencia y la burocratización de la vida produjo una mengua en todos los órdenes. Concebido en aquel entonces y durante siglos el Estado como productor de seguridad, éste ha potenciado al máximo la militarización de la sociedad. De hecho, un pueblo podía someter a unidad de soberanía a cualquiera porción del planeta.

Aún así, en Europa se ha seguido un ritmo peculiar en la construcción de los Estados-nación, en tres momentos: el primero en que se percibe el Estado como fusión de varios pueblos con proximidad geográfica y lingüística; el segundo en que se siente a los pueblos lejanos como extraños o enemigos (lo que degenera en el nacionalismo), y el tercer momento, de consolidación del Estado y la pretensión de anexionar los pueblos que antes eran enemigos, fraguando una nueva idea nacional, en ocasiones más erudita que eficaz políticamente.

Muchas veces he caído en la tentación personal de comparar el proyecto de integración de la Unión Europea con el Imperio Romano. Lo cierto es que Roma fraguó una unidad administrativa y geográfica, aunque sin una idea de proyección nacional. La rebelión de las masas la ha producido la civilización europea. Como la opinión pública y su soberanía, que según trató de demostrar Hume no es un invento ni de Danton en 1789 ni de Santo Tomás de Aquino en el s. XIII. La soberanía de la opinión pública ha tenido un enorme peso en la sociedad, ya que la pretensión del gobernante ha acabado dependiendo de lo que de él opinaran los habitantes. La situación de peligro se produce cuando la opinión pública no existe, o cuando la sociedad se divide en grupos discrepantes que se anulan mutuamente, y ese vacío de opinión se suele llenar con fuerza bruta, de nuevo por horror al vacío. ¿No merece esta reflexión ser tenida en cuenta? ¿No merecemos que se nos escuche los que venimos reclamando prensa escrita y televisiones de ámbito europeo? Pues sí, admitamos que hay una gran carencia en cuanto a opinión pública europea, y que a menudo la opinión más ruidosa (que no la mayoritaria) es la que trata de imponerse.

Volvamos al vacío. Ese horror al vacío con el que yo me identifico. Tal vez el vacío se materializaría, hoy más que nunca en el mundo globalizado, si hiciéramos el experimento de vivir y sentir sólo con los que nos aportan nuestros Estados-nación, y se nos extirpara todo lo que forma parte de nosotros y viene del exterior.

Si yo reivindico sentirme europea, siento que la Unión Europa nos inserta en un sistema abierto, un sistema con tres niveles de coherencia que se mezclan entre sí, las identidades, las prácticas y las instituciones, y que potencia contradicciones, aumenta la disonancia entre las esferas de la identidad social, y las prácticas socioeconómicas. Pero hay una mayor libertad en la formación de las entidades sociales, y esas fuerzas contradictorias potencian por un lado la consolidación territorial de una Europa amplia y con fronteras más extensas, y por otro la destrucción de barreras internas, para dar vida a un nuevo espacio transnacional. Está por ver si este nuevo espacio propicia la convergencia de culturas e identidades o por el contrario permite la perfecta adecuación de la multiculturalidad. Dicho lo cual, invito a que alguien más puesto en materia, me cuente a qué valores eróticos comunes podía estarse refiriendo Ortega y Gasset, porque yo no tengo idea.

martes, 22 de septiembre de 2009

La UE en su lucha en solitario contra el cambio climático

Hoy ha habido cumbre en las Naciones Unidas. La UE ha sido protagonista, y aunque de momento sólo hay declaraciones de intenciones, merece la pena ponernos en antecedentes.

Ha llovido mucho desde aquel mes de junio de 2000 en que la Comisión lanzó el primer Programa Europeo contra el Cambio Climático. Que no nos pase desapercibida la gran anticipación sobre el año 2005, que fue cuando el Protocolo de Kyoto (que expira en 2012) entró en vigor y se aprobó el Plan de comercio de emisiones, más conocido como ETS (Emission Trading System), que causan el efecto invernadero.

No caigamos en el autoengaño, lo cierto es que si sólo Europa aplica el esquema para reducir emisiones, el esfuerzo de poco servirá y los europeos pagaremos un coste en competitividad. Aún así, o precisamente por esa razón, el compromiso debe ser multilateral, global sin duda, liderado por políticos ambiciosos.

En la UE los tenemos, hoy se ha visibilizado en la cumbre climática de las Naciones Unidas en Nueva York. La Comisión ha preparado un informe en el que deja constancia de que los efectos del cambio climático se han manifestado de forma más intensa de lo que se preveía hace diez años, en ocasiones de una forma tan alarmante que sería una irresponsabilidad política dejar la situación al azar. De ahí que algunas voces desde Europa se muestren quejosas con la actitud tibia de Obama con respecto a las medidas medioambientales.

En vista del claro desequilibrio ayer lunes la UE (acordada por los 27) publicó la lista de industrias europeas (que deberá aprobarse en el Parlamento en diciembre y se someterá a escrutinio trimestral), y que abarca sectores tan dispares como la manufactura de plásticos o la siderurgia pasando por el procesado de alimentos, que quedarán exentas del plan de comercialización de dióxido de carbono a partir de 2013. El argumento es que su inclusión implicaría un coste que deslocalizaría la producción fuera de Europa.

Tanto es así que se han identificado hasta 164 sectores industriales en riesgo dentro de la UE. Recordemos que el mencionado ETS es el principal instrumento de la UE para reducir las emisiones de gases, y que la meta era reducirlas un 20% con respecto a 1990 en el año 2020.

Este plan es de tal magnitud que implicará, por ejemplo, que las eléctricas europeas en 2020 tendrán que comprar el permiso para el 100% de sus emisiones de CO2.

Aún así, y paradójicamente, numerosos estudios (estaría por ver si tendenciosos o no) parecen demostrar que el plan ETS no ha incrementado de forma significativa los costes, aunque sí ha puesto en alerta a las empresas con alto consumo energético, que temen a los principales países competidores de la UE que no implementan leyes medioambientales similares al ETS, lo que a partir de 2013 podría implicar el traslado de parte de la industria europea a regiones del mundo donde no se restrinjan las emisiones.

La industria insiste en quejarse de que el coste es elevadísimo, y en el caso de los sectores químico, metalúrgico, etc. advierten de que ese coste sería insoportable y les obligaría a trasladar sus plantas fuera de la UE, lo que implicaría pérdida de empleo y competitividad sin ventaja medioambiental, ya que seguirían contaminando en otro lugar del planeta.

Los datos oficiales, con todas las reservas metodológicas sobre su veracidad, dicen que China y Estados Unidos lideran el ranking de emisiones, aportando cada uno el 20%por la utilización de carbón, gas natural y petróleo. La Unión Europea es responsable del 14% de las emisiones, seguida de Rusia e India con un 5% cada una. Aún así las regiones menos desarrolladas y emergentes en su conjunto suman porcentajes de emisiones que están por encima de esas estadísticas. La dependencia energética entre naciones o el incremento demográfico son otros elementos que agravan el problema y alientan la necesidad de una legislación internacional uniforme, que iguale costes y oportunidades.

Por ello Sarkozy insiste en incluir un arancel en concepto de CO2 a los productos que procedan de regiones donde no se paga por las emisiones, idea a la que se ha sumado Merkel, para compensar las penurias que implica para la industria europea el cumplimiento de las rigideces medioambientales. Ambos mandatarios insisten en enfocar la próxima cumbre de Copenhague en términos de compensación para los países ambiciosos y comprometidos con reducir las emisiones.

Esperemos que Merkel haga valer su capacidad de convicción internacional y su "cacareada" capacidad de influencia sobre Obama, para arrancar el consenso en esta lucha que atañe a lo más básico, la supervivencia del planeta. ¿Será por eso por lo que los científicos se empeñan en buscar planetas y estrellas habitables en galaxias lejanas? Yo lo advierto, aunque sea manifiestamente mejorable en algunas cosas, de aquí no me moverán, será porque soy de la generación del barco de Chanquete...

Irish People

lunes, 21 de septiembre de 2009

¿Naciones sin estado o nuevas soberanías regionales?

El sistema internacional se ha dotado de un instrumento para reconocer sin hacerlo la existencia de comunidades nacionales en el interior de la actual articulación territorial de los Estados; se trata de la legislación relativa a las minorías. Una noción que se enfrenta a la dificultosa tarea de definir y que ha generado ya un sinfín de contradicciones. El Consejo de Europa presentó en 1995 la Convención Marco sobre los Derechos de las Minorías, aunque el Derecho Internacional sigue sin definir qué es minoría. Lo cierto es que minoría y pueblo no son sinónimos, y que la comunidad internacional se debate entre cómo preservar los derechos colectivos -los derechos de las minorías, no lo olvidemos, corresponden a los individuos que pertenecen al grupo- y seguir defendiendo la integridad territorial de los estados, pilar definidor de esa comunidad internacional

En un mundo globalizado donde proliferan las regiones mutuamente dependientes poco sentido tienen las luchas secesionistas. Más bien sea precisa una nueva configuración de la política internacional, en la que la concepción territorial no dependa de los Estados-nación, y se desmitifiquen los conceptos de soberanía y territorio, entendiendo el Estado como figura claramente trasnochada e insuficiente, cuando no lastre del desarrollo económico de ciertas regiones.

Dentro del territorio europeo encontramos un caso bastante paradigmático que presenta muchas peculiaridades, a pesar de su relativa insignificancia política. Me refiero a las islas Åland, una pequeña región finlandesa,que sirve de muestra para ver lo complicado que es el encaje de las soberanías dentro de la UE. Hay casos que nos dejan testimonio de que las soberanías ya no se fundamentan en el todo o nada, y como ejemplo estas islas, ubicadas en un estratégico archipiélago entre Suecia y Finlandia. Geográficamente Åland está formada por más de 6.500 islas e islotes y tiene apenas unos 27.000 habitantes; es una de las seis provincias con que cuenta la organización político-administrativa regional de la República de Finlandia desde la reforma de 1997. Tiene un alto grado de autonomía, por lo que las funciones del Gobierno Provincial difieren de las asignadas a otras provincias finlandesas. El Estatuto de Autonomía garantiza, entre otros, la posición predominante del idioma sueco en el territorio provincial.

Durante más de 20 años, y hasta la desaparición de la Sociedad de Naciones, la autonomía de Åland disfrutó del derecho a recurrir ante tribunales internacionales, siempre y cuando el Gobierno de Finlandia no implementase la Ley de Garantías o Autonomía. Hoy podemos decir que el Consejo Nórdico se erige como institución protectora de los derechos de las minorías, al reconocer como miembros activos a las Feroe, Groenlandia y Åland tanto en la Asamblea Parlamentaria como en el Consejo de Ministros.

Este archipiélago goza de una condición de espacio neutral u desmilitarizado, además de muchísimas competencias políticas exclusivas. Durante seis siglos estuvieron bajo la corona sueca, más de un siglo como parte del imperio ruso y finalmente como autonomía de Finlandia durante casi el último siglo, desde los acuerdos firmados en 1921. Por ello, sus ciudadanos conocen bien el significado de cambio, y entienden la autonomía no como aislamiento sino como adaptación, ya que gracias al gran nivel de autosuficiencia política se consigue equilibrar el cambio y la continuidad. Además algunos mandatarios de las islas reconocen que las competencias exclusivas que ejercen no serían tan eficaces si no mantuvieran un diálogo permanente con Finlandia. A tal efecto se ha creado la figura del gobernador (designado por la presidencia finlandesa y aprobado por la mayoría del parlamento alandés) que armoniza las relaciones financieras entre las dos capitales, Mariehamn y Helsinki.

No hay autonomía fiscal, sino un sistema de transferencias dependiente (estilo fondos de cohesión de la UE), y en la práctica sólo hay control financiero local sobre el gasto, no sobre los recursos, de este modo los poderes legislativos se ven en cierta forma vacíos de contenido, ya que no hay autonomía financiera real.
Aún así, funciona un sistema de negociación constante en cuestiones económicas con mecanismos para activar el diálogo en caso de tensiones. En la actualidad, la autonomía recibe un 0,45% de los ingresos por renta del Estado finlandés, que suele corresponder a la aportación de las islas al Estado, aunque en todo caso es suficiente para mantener una red de servicios sociales muy amplia.

Muchas delegaciones de regiones del mundo viajan a estas islas para buscar soluciones a sus conflictos, y desde allí destacan que jamás deben afrontarse estas tensiones desde le punto de vista de vencedores o vencidos, ni de súbditos o soberanos. La única forma de avanzar es la confianza mutua, estableciendo contactos en todos los niveles de la sociedad. En todo caso, este archipiélago es un ejemplo de que sí es posible trascender el Estado-nación y asumir la normalidad de las regiones autónomas como una vía para gestionar la soberanía.

El papel de Finlandia

Finlandia es un estado asimétrico, no es un estado federal, pero a pesar de la homogeneidad étnica, lingüística y religiosa, ha contado desde siempre con una política sobre minorías muy consistente. Así, la Constitución finlandesa reconoce a la comunidad suecófona no ya como una minoría, sino como un pueblo, de modo que la Carta Magna consagra a dos pueblos iguales con dos lenguas diferentes: finlandeses y suecos. Los suecos que viven en Finlandia no disponen de un estatuto de autonomía comparable con el de Åland, y a pesar de que hubieran podido ser tratados como una minoría, son considerados como un pueblo igual al finlandés.

La ley de autonomía de las Islas Åland fue considerada como una solución para un caso de protección de una minoría, la suecófona, habitante de las islas. Algo parecido ocurre con los samia, el pueblo indígena del norte de Escandinavia al que la Constitución finlandesa garantiza el derecho al mantenimiento y desarrollo de su lengua (tres lenguas samia son habladas en Finlandia), que dispone de un parlamento propio desde 1996, siendo uno de sus mandatos velar por la preservación de la cultura local.

El papel de la UE

La autonomía de las islas establece que el gobierno local es competente en las materias de política internacional que le afecten, y acoge las exenciones fiscales que Helsinki negoció con Bruselas (Protocolo Åland). Esta herramienta que se negoció en la adhesión le fue útil a Helsinki para forzar la adhesión de las Åland (que podía optar por quedar fuera como las Feroe) y para de paso asegurar la prosperidad económica del archipiélago. Otra de los logros importantes en la negociación fue la garantía para mantener el tráfico marítimo con el Duty Free, crucial para su economía.

Aún así, desde las propias islas muchas voces denuncian el predominio de los Estados en las decisiones en la UE . En el caso de Åland se da solución a un posible conflicto legal con el derecho al domicilio (adquirir una tierra o ejercer una actividad económica), que se considera como excepción en el propio Protocolo que mencionaba más arriba, donde también se exime a Åland de la unión aduanera.

Pero fíjense que si leemos atentamente nos damos cuenta de que estas excepciones contravienen claramente la unidad de mercado en la UE, o sea las cuatro libertades famosas (capital, mercancías, servicios y personas). ¿Qué salida legal se puede dar a esta situación o hasta cuándo podrá ser aceptada por el resto de Estados miembros?
Y seguimos con otro caso paradigmático, y es que desde el acceso de Finlandia a la UE, y principalmente desde 1995, los conflictos entre Helsinki y Åland sobre diferentes materias han crecido. La legislación comunitaria se ha impuesto sobre la legislación autonómica de las islas, aunque en este caso la región autónoma no dispone de medidas compensatorias, como parlamentarios o representantes en esos centros de decisión. Finlandia, por el contrario, vela por sus propios intereses, intereses que no coinciden siempre con los de las islas. El caso al que me refería es la caza de patos. La caza de esta especie es parte del legado cultural de las islas y es de competencia legislativa del gobierno alandés, aunque como pueden imaginar la legislación comunitaria en materia ecológica impide esta actividad. A pesar de que el Gobierno alandés ha negociado con Helsinki sobre esta materia y ha expresado su deseo de seguir manteniendo la competencia, finalmente se impone la competencia comunitaria (ya que además esto no estaba recogido en el Protocolo de cuando se negoció la adhesión). Aún así, y tratándose de una competencia fuga (leakage), desde la región al Estado, ninguna región comunitaria tiene posibilidades de excepcionalidad en materias de unidad de mercado o en competencias que exigen uniformidad en todo el territorio de la UE, como es el caso.

Hay reivindicaciones que están fuera de lugar, sean competencia estatal o regional, cuando el Derecho europeo es preeminente, cosa que particularmente apoyo por la gobernabilidad de la Unión. Además de la unidad de mercado y legislativa en las competencias delegadas a Bruselas, para hacerse valer, la UE precisa de cambios institucionales a otros sujetos que los Estados, empezando por legislaciones que promuevan la negociación entre actores de distintos niveles competenciales en la Unión.

Finlandia es un pequeño país, con unos niveles de alfabetización elevadísimos y una industria tecnológica puntera, incluso desde el punto de vista de la globalización es estudiado como una región-estado por sus características. Aún así puede presumir de haber resuelto pacíficamente los problemas con las minorías culturales, pero surgen algunas dudas, ¿hasta qué punto debe ser la función de una cámara parlamentaria velar por la preservación de una lengua minoritaria? ¿Qué tiene que decir una organización supranacional como la UE al respecto?

Pensemos que estas pequeñas regiones no tienen capacidad para convertirse en lo que Ohmae define como regiones-estado, ya que no suponen economías florecientes con capacidad propia para competir contra los estados-nación, por el contrario siguen siendo territorios definidos a partir de las fronteras de su estado-nación y que viven a su amparo, a diferencia de Hong Kong o incluso Catalunya, que sí poseerían la capacidad y la escala adecuada para ser regiones autosuficientes y competitivas.

Si la preservación de las tradicionales fronteras puede parecer anacrónica e incluso antinatural, es más, si en ocasiones el interés nacional supone un obstáculo para el desarrollo económico de ciertas regiones ¿tiene sentido crear una federación de estados europeos por ejemplo? ¿No produce la globalización una suerte de clonación de los ciudadanos en los cinco continentes? ¿No se están difuminando las identidades? O por el contrario, ¿es posible que la europeización de los territorios refuerce su propia identidad? Me quedo con esta última y paradójica pregunta para aportar elementos de reflexión en mi próximo artículo.

viernes, 18 de septiembre de 2009

¿Efluvios de guerra fría?

[Imagen: los presidentes ruso, Dmitri Medvedev, y estadounidense, Barack Obama.]


Llevo unos días resfriada y con los sentidos algo entumecidos, el termómetro oscila más de doce grados en una misma jornada y al anochecer un aroma herrumbroso (que agrada tanto como repele) se cuela por las ventanas. Ese olor conjugado con la sensación mareante del paracetamol me hizo anoche en duermevela pensar en las callejuelas sórdidas de los países ex comunistas, en los balnearios abandonados que aparecen en algunas de las novelas de Marai o en el ambiente opresivo de Kundera. Recuerdo que una vez estuve a punto de regalarle La broma a una amiga que quería iniciarse en la lectura de ficción, pero al final desistí porque el tema de la falta de libertad en la Checoslovaquia comunista me parecía francamente antiguo y caducado. En estos momentos sólo les diré que espero que sí, que esos episodios estén bien enterrados en un baúl tirado al fondo del mar...

Hoy repasando las noticias, me he dado cuenta de que la decisión de Obama de no construir el escudo antimisiles en Polonia y Chequia tiene muchísimas interpretaciones. A mí me parece una buena noticia, esencialmente porque la guerra no se combate con más guerra, pero sin ánimo de ser simplista, cierto es que hay división de opiniones, empezando por los polacos y checos, que se sienten vulnerables y desprotegidos y que desde la caída del Muro instinitivamente anhelan y confían en la protección estadounidense. Para ellos las heridas son recientes y el enemigo está en puertas. Pero vayamos algo más allá de lo obvio. El plan de Bush (que se hizo público en 2007) consistía en implantar un radar preventivo en Chequia, que en caso de amenaza enviaría una señal a Polonia, desde donde se enviarían los misiles en respuesta a la amenaza. Dicho escudo debía estar operativo en 2011. Era un plan costoso y controvertido.

La prensa checa hoy está mayoritariamente decepcionada y traen a la memoria el episodio de 1968, en palabras de un alto mando del ejército checo: "Los soviéticos entraron sin llamar y se quedaron en nuestra casa durante dos décadas. Los EE.UU. en cambio nos pidieron permiso para traer a unos cuantos soldados con nuestro consentimiento". Polonia también veía el escudo como una forma de reforzar su propia seguridad. Por ello, fuentes estadounidenses aseguran que están trazando un sistema alternativo para que Chequia y Polonia participen directamente en la seguridad europea (sensores e interceptores para posibles amenazas que puedan llegar, sobre todo de Irán). Los contrarios a la decisión de Obama apuntalan su postura señalando el contento de Rusia, quienes algunos temen interprete esta decisión como un signo de debilidad. En cuanto al resto de Europa, mayoritariamente están aliviados con la decisión de Obama, empezando por Sarkozy, que sólo ve puntos positivos. Merkel ve en la decisión de Obama una señal esperanzadora y una ocasión para mejorar las relaciones con Rusia de cara a otros asuntos como, por ejemplo, la amenaza de Irán. En Europa hay contento porque el antibelicismo es uno de los fundamentos de la Unión Europea, por ello un escudo antimisiles no era visto como la mejor forma de evitar posibles escaladas de violencia.

Claro que cuando ya empezaba a tranquilizarme tras constatar el alivio de esa señora tan sensata que es doña Angela Merkel, leo hoy esta impresionante noticia, que nos relata la "alarma" con que vive la OTAN la falta de cooperación de la UE en asuntos de terrorismo, al parecer Turquía amenaza con usar su poder de veto en la OTAN (donde se decide por unanimidad), exigiendo que Chipre no participe en las políticas de seguridad de la OTAN. Recordemos que Chipre es Estado miembro de la UE desde 2004, pero no pertenece al Partenariado para la Paz (marco de acción estratégica de la OTAN, útil para testar la viabilidad de que un país acceda a la OTAN), además de que aunque sea Estado miembro es un país presidido por un comunista. Entretanto Turquía se siente "ofendida" porque no ha sido admitida en la Agencia Europea de Defensa. La reacción de Turquía es pedir a la OTAN que no intercambie información con la UE, por la presencia de Chipre, país al que los turcos no consideran fiable.

En medio de todo este puzzle de intereses estratégicos, no me digan que no les vienen a la mente episodios de la guerra fría, aunque la ficción puede ser mucho más devastadora de lo imaginable, porque como denunciaron ayer en Bruselas, estamos hablando de ausencia de cooperación en asuntos como protección química, biológica, radiológica y nuclear.

En los próximos días y meses escucharemos mucho las palabras compromiso, prioridades, peligro, protección o seguridad. La Casa Blanca habla de un nuevo comienzo con el Kremlin. En Europa entretanto nos quedamos con nuestras lealtades compartidas, anhelando una única voz que nos represente en el mundo, aunque sobre todo debemos siempre mantener como prioridad una única lealtad: la lealtad con la paz. Por ello no estaría de más recordar que debemos enterrar los antiguos odios, y sobre todo no menospreciemos las señales del pasado. ¿Quién dijo que fuera fácil?

jueves, 17 de septiembre de 2009

A sus puestos

Hoy es el día después para Barroso, ya ha dejado atrás el Cabo de las Tormentas, de los ataques personales y de todos aquellos que se han llenado la boca de insultos, siendo el más suave el de oportunista. Lo cual no deja de ser paradójico cuando viene de miembros de un grupo que apoya al portugués a cambio de colocar al nuevo cargo (si Lisboa entra en vigor) de Alto Representante de Exteriores de su partido. Si algo tiene claro Barroso es que su Comisión jamás será partidista y que acogerá los intereses de todos, luchará por una UE fuerte en instituciones y con una dimensión muy social, y esa capacidad de pluralidad creo que ha quedado patente, y le honra como persona y como político. Ya es conocido que siento debilidad por el estilo político de Barroso, porque hoy día no abundan los políticos conciliadores y dialogantes, y con un aura de idealismo que Barroso sí tiene. Al margen de las luchas partidarias, lo cierto es que ha ganado por mayoría absoluta, lo que significa que gana cumpliendo los parámetros más exigentes de Lisboa (callando a aquellos que le acusaban de ser elegido según criterios de Niza), y gracias al apoyo de diversos grupos, incluidos los socialistas españoles, portugueses y británicos, de lo cual me felicito.

De todos modos, el apoyo que más me interesa resaltar es el del grupo Liberal Demócrata del Reino Unido, cuyo representante, Andrew Duff, es el presidente la Unión de Federalistas Europeos, quien celebró el triunfo de Barroso. Y destaca las cuestiones cruciales -que comparto plenamente- a afrontar en el nuevo mandato:

* Rediseñar el sistema financiero, la forma y dimensión del presupuesto de la UE, simplemente para estar acorde con las exigencias políticas que se le atribuyen a la UE. Hay que establecer un sistema de recursos propios que trascienda el nivel nacional para que las instituciones europeas dispongan de dinero público, para aplicar políticas de valor añadido en todo el territorio y potenciar la eficiencia del mercado interior. Incluso la centralización presupuestaria podría propociar una mayor transparencia y responsabilidad política, dejando de lado las batallas permanentes entre Estados (los saldos netos famosos), ya que el arbitrio de la UE establecería los parámetros del interés general.

* Siguiendo el compromiso del programa de Barroso, que contempla finalizar el mercado único (recordemos que ahora mismo no hay unidad de mercado real) en 2012, se propone crear un plan de acción nuevo en los campos de propiedad intelectual y servicios financieros, así como luchar contra las tentaciones proteccionistas de los Estados miembros, y evitar los abusos que se producen con los subsidios estatales, que intervienen y distorsionan la economía.

* La Comisión debería ser el órgano que llevara la iniciativa en la cumbre sobre el cambio climático de Copenhage (diciembre 2009), recogiendo la postura común de los 27 Estados, con el apoyo expreso del Parlamento Europeo. Teniendo como prioridad establecer el monto que aportará la UE para que los países en desarrollo adapten sus economías a la lucha contra el calentamiento global. Duff plantea en términos tanto económicos como morales el que la UE soporte parte del coste de la adaptación del resto del mundo industrializado. Falta ver que harán los Estados Unidos, que desde mi punto de vista deberían tener un compromiso similar a los europeos.

Y por último, Duff anima a Barroso a hacer campaña directa en Irlanda, donde Europa se juega ser por fin una verdadera democracia parlamentaria, destacando que, una vez nombrado Barroso, ya urge empezar a poner en marcha el Tratado para evitar más meses de transición. No debe darse todo por sentado en Dublín, y no está de más que tengamos un ojo puesto en Chequia y Polonia, por si acaso.

miércoles, 16 de septiembre de 2009

La deprimente realidad: Italia y España lideran índices de corrupción

Si considero que la europeización es esencialmente benéfica y que la unión de las naciones europeas posibilita la consolidación de valores tan preciados como la igualdad de derechos y de oportunidades, o el estado del bienestar, comprenderán que deseo que esos valores se defiendan y se practiquen en primer lugar por los políticos, en quienes está depositada la confianza ciudadana para el desarrollo institucional de la toma de decisiones y la gestión de la res pública.

No sé si para que haya una europeización real es necesaria primeramente la creación de un espacio público europeo, pero uno de los puntos fuertes a favor de la causa común europea es precisamente esa capacidad de influir en un mundo globalizado para que las cosas se hagan de manera más coherente y equitativa. De ahí el trabajo que Europa realiza en los organismos internacionales por imponer los mismos criterios de protección social o medioambiental a todas las empresas y multinacionales, independientemente de donde estén implantadas. Como bien se ha diagnosticado, a raíz de esa falta de acuerdo mundial en las regulaciones las empresas europeas pierden competitividad, ya que están sometidas a unas altas exigencias normativas, a una presión fiscal más elevada y a unos costes en definitiva más altos.

Cierto es que defiendo la irreversibilidad de ciertos costes y la presencia de una fiscalidad que garantice el sistema de protección europeo y la capacidad redistributiva entre los territorios. Del mismo modo defiendo una legitimidad europea en el escenario internacional de la que otros actores carecen. Cuando muchos hablan de la ausencia de legitimidad de las instituciones europeas, me pregunto qué piensan de sus instituciones nacionales, de los políticos profesionales que conforman ese inmenso puzzle de administraciones superpuestas desde los ayuntamientos hasta el gobierno central. ¿Está legitimada por ejemplo la existencia de un organismo como las diputaciones?

Bien, el debate de la legitimación es uno de los más espinosos que puede plantearse en el análisis político, y el debate se plantea en términos de cierta falacia cuando se apunta a la supuesta necesidad de consultar todas las decisiones al pueblo (riesgo de populismo), porque las fuentes de legitimación son otras, de hecho en la democracia se delegan a través de las distintas instituciones. El problema surge cuando los controles democráticos fallan, cuando el interés personal del político se superpone a los objetivos de la institución a la que sirve.

Los países del centro y norte de Europa siempre han mantenido un estilo político mucho más austero y escrupuloso en este sentido. Muchos gobiernos europeos han creado instrumentos legislativos y de evaluación para garantizar el buen funcionamiento de las instituciones, estableciendo duras normas anticorrupción para todos los que ostentan cargos públicos.

Existe una legislación comunitaria muy directa y clara al respecto que pueden consultar con detalle aquí, donde se habla de la institución que practica el seguimiento continuo de la corrupción en los Estados miembros, el GRECO (Consejo de Grupo de Estados Europeos Contra la Corrupción). En la misma línea, reconocía el Parlamento Europeo en una propuesta aprobada en 2003 que “el objetivo prioritario en la lucha contra la corrupción es que el vínculo entre autoridad pública y negocios resulte transparente”. En dicha propuesta de la Eurocámara se apuntaba que “los fondos destinados a la corrupción quedan fuera de todo control jurídico y fiscal, por lo que la prevención de la corrupción debe contemplar medidas contra la falsedad contable, la evasión fiscal y el blanqueo de capitales”.

Y seguidamente apunto yo, en un contexto de persecución del fraude y de los comportamientos insolidarios ¿cómo es posible que en territorio comunitario existan paraísos fiscales como la Isla de Jersey? ¿No hay manera de penalizar al Reino Unido por consentir ese fraude? La pasividad del Reino Unido ante la existencia de la evasión fiscal debería ser suficiente para alertar a este país. Me cuesta creer que no haya mecanismos de presión para hacerlo, y más cuando la Francia de Sarkozy y la Alemania de Merkel han mostrado claramente su voluntad política de acabar y perseguir a los paraísos fiscales de todo el planeta.

Entretanto, Italia y España (busquen documentos del Parlamento Europeo donde se deja constancia de las irregularidades y corrupciones que se producen en España, y como muestra un botón) lideran los índices de corrupción política en la Unión Europea. La reacción ciudadana en el primero ha sido la peor de los posibles, es decir la pasividad, la desafección política y la extensión del “hecha la ley hecha la trampa” también entre la sociedad civil. En España hay riesgo de caer en esa misma situación, a caballo entre la dejadez y la picaresca, por no hablar del riesgo de la aparición de políticos populistas y demagogos, como el propio Berlusconi, perfiles personalistas, capaces de destruir todo el prestigio de una nación.

La Comisión europea alerta sobre las irregularidades en la contratación pública en España, amenazando con recurrir al Tribunal de Luxemburgo. ¿Por qué no nos miramos de una vez en el espejo de países como Alemania? Sé que me alejo del debate pero es posible que nuestro sistema educativo también esté en la base de una sociedad materialista, enferma y corrupta como la nuestra, donde los individuos son capaces de poner en riesgo el sistema institucional dejándose seducir por el dinero. Si se trata de un mal endémico de la sangre latina, entonces no queda más remedio que aplicar controles y penas rigurosas para evitar tentaciones.

Barroso es el hombre

Finalmente Barroso ha sido reelegido para presidir la Comisión por un nuevo mandato de cinco años. Ha obtenido una holgada mayoría gracias al apoyo del grupo mayoritario, PPE, y de los Liberales, que en todo caso recalcan no es un cheque en blanco.

Barroso debe afrontar (si toda va bien en Irlanda el día 2) una nueva arquitectura institucional y sobre todo un presidente del Consejo Europeo, permamente durante dos años y medio, figura que puede eclipsarle y no sólo en visibilidad.

El punto fuerte de Barroso es sin duda su capacidad de diálogo y consenso. Aún así tiene muchos oponentes, y una opinión pública que desconoce cuál es el programa del portugués para la UE. En el documento de orientación política que Barroso presentó ante el PE afirma que la crisis es económica, financiera y de valores, sin acabar de definir criterios, y más cuando la crisis económica hace que cada Estado arrime el ascua a su sardina, y como ejemplo lo que nos cuenta el semanario belga Knack: Por una parte, Holanda hace todo lo posible para no cumplir el acuerdo para hacer más profundo el río Escalda y, con ello, ampliar el puerto de Amberes. Por otra parte, Alemania compra puestos de empleo de Opel a costa de -entre otras cosas- la fábrica de Amberes.

El eterno debate de la protección de datos

En estos momentos se debate en Estrasburgo sobre los recurrentes problemas que causa el consorcio bancario SWIFT, cuya sede está además en Bruselas. No es un debate nuevo, ya que SWIFT fue acusado de violar la protección de los datos personales de los europeos ya en 2006, fecha en que la UE pudo comprobar que se habían facilitado datos a las agencias de espionaje estadounidenses. Las evidencias derivaban de investigaciones promovidas por el Parlamento Europeo y algunos Estados miembros.

La falta de transparencia y de mecanismos de control en la transferencia de esa información a EE.UU. desde Europa presenta además de dudas morales, una flagrante infracción de la directiva europea de protección de datos. Ya entonces se denunció el envío oculto, sistemático, masivo y durante un largo periodo de tiempo de datos personales. Se trata de derechos fundamentales de los ciudadanos.

Este mes de julio la prensa reveló un nuevo acuerdo con SWIFT, hecho que está en el origen del debate que se produce hoy, promovido por el Comisario de Justicia Jacques Barrot y el Comité de Libertades Civiles. Entretanto el Director de SWIFT, Lázaro Campos, afirma que "el debate de hoy no es sobre SWIFT sino sobre la cooperación entre Europa y EE.UU." y confirma un nuevo diseño para la red financiera que contempla un centro de almacenaje en Suiza, donde se mantendrán los datos de los clientes europeos.

Aún así sólo existe la posibilidad de un acuerdo temporal hasta que el Tratado de Lisboa entre en vigor, cuando se definirá exactamente el marco legal al que deberá ceñirse SWIFT. La mención a Lisboa no es menor porque hay un debate competencial de fondo, tanto es así que algunos cuestionan la capacidad del servicio legal del Consejo para tratar el asunto dentro del primer pilar (comunitario) cuando todavía se trabaja al amparo del tercer pilar (justicia e interior). El problema del tercer pilar es que éste otorgaba al Parlamento sólo un papel de consulta, mientras que con Lisboa los pilares desaparecen y el Parlamento pasa a ser codecisorio. Veamos entretanto qué nos ofrece el debate hoy.

martes, 15 de septiembre de 2009

Irlanda, esto va en serio

Conscientes de hasta qué punto se la juegan, la prensa irlandesa a la izquierda y a la derecha está dispuesta a apoyar decididamente el SÍ al Tratado de Lisboa que se vota en menos de tres semanas. Las alarmas saltan ante la pasividad ciudadana, aunque es comprensible que muchos no sean conscientes de hasta qué punto las reformas políticas de calado son necesarias, porque la UE sigue siendo bastante intangible para el ciudadano medio.

En este sentido, es interesante el enfoque que le da el diario conservador The Irish Independent en este artículo, donde escribe un diplomático irlandés (Michael Lillis) afirmando que un NO al Tratado de Lisboa en el referéndum del 2 de octubre supondría para Irlanda un retroceso a los años 50, y sigue: "Los irlandeses, una vez dentro de la UE, ya fueran agricultores, sindicalistas, patronos, funcionarios, voluntarios o incluso políticos, han formado parte de los procesos de toma de decisión de la Comunidad. Los irlandeses nos hemos ganado respeto, privilegios económicos, una verdadera independencia y una verdadera soberanía en nuestro cara a cara con Gran Bretaña. Mucha más de la que nunca habíamos disfrutado."

Y afirma taxativamente: "Votar por segunda vez contra el Tratado de Lisboa sería un voto de censura contra nosotros mismos. También sería, consciente o inconscientemente, un voto para retroceder a los días de la sumisa dependencia de Gran Bretaña, con todo lo que eso implicaba, en términos de humillación, pobreza, emigración y desesperación autoritaria. Sería tirar por la borda la libertad que ganamos desde 1973, la primera libertad real que disfrutamos desde la independencia de Gran Bretaña en 1921."

No está de mal recordar que jamás se debe usar una consulta de semejante trascendencia para el futuro como protesta contra el gobierno nacional de turno, como bien cuenta aquí la Comisaria Wallström.

En ocasiones, las crisis individuales afectan colectivamente, y a menudo éstas nos llevan a actuar contra nosotros mismos. Creyéndonos o fabricando la ilusión de que el NO aporta legitimidad a nuestra independencia individual erramos, porque la legitimidad es algo tan difuso que sólo somos capaces de definirla por omisión, es decir sólo la echamos en falta cuando no la tenemos. Y muchos cínicamente recurren a su poca visibilidad como arma de confrontación, por intereses políticos cortoplacistas. Espero que los irlandeses no den nada por sentado y se den cuenta de que la Unión Europea es una entidad política en continua formación, y que entre todos la estamos construyendo. La UE es un gran club a donde todos hemos ingresado de forma voluntaria para crear una entidad política a gran escala y con consecuencias para todos. Simplemente no deberían bajarse del tren después de más de treinta años juntos.

Challenges ahead for Jerry Buzek

Today Jerry Buzek (the former Polish Prime Minister) will make his inaugural speech in Strasbourg, you can watch it Live Online. The new Chairman of the EP, has set out his key priorities for this two-and-a-half-year mandate. Quite obviously he states that his first priority is to tackle the financial and economic crisis, and that is why he thinks the European Parliament must act to set the conditions so that the EU can create sustainable jobs. So further stages of the economic recovery plan will be debated and voted on in Parliament.

Firstly, from the economic point of view, in the coming months MEPs will have to decide how to apply capital requirements to all types of financial institutions, including hedge funds and private equity vehicles. In this sense, the EU summit next Thursday will be an acid test of the European will to continue to take measures to support the green shoots of economic recovery.

Secondly, on climate change, the EP has played a crucial role in adopting the EU's climate change package in record time, just 11 months, which aims to ensure that the EU will achieve its climate targets by 2020, i.e. a 20% decline in greenhouse gas emissions, a 20% improvement in energy efficiency and a 20% share of renewables in our energy mix. The EP will have an active oversight role, as soon as there is the new mandate after the Copenhagen Summit next December. Also energy security will be a key point...

"When one turns the tap, one expects the gas to run"... Well, maybe, because the recent energy crisis has proved that we can't take this for granted. The answer is diversification of energy supply, as well as routes and sources.

Thirdly, there are two immediate institutional changes, 1) the approval process for the European Commission, and 2) the ratification of the Lisbon Treaty. Once Lisbon enters into force, the European Parliament will have 751 MEPs, bearing in mind that the Treaty raises the minimum number of members to be returned by any Member State to 6 so as to ensure that all countries are effectively represented. No Member State can return more than 96 MEPs. Also the Parliament’s role has been enhanced, for example in relation to the EU budget and through the extension of areas to which co-decision with the Council of Ministers will apply. In fact, the EP currently votes on only 80% legislation, the Treaty of Lisbon increases this to 95%; this is known as the ordinary legislative procedure.

In a recent interview Buzek has pointed out that "the EU is based on the values of democracy, freedom of speech, respect for human rights and the rule of law, and solidarity with those less fortunate. I myself fought for these values through my work in the Solidarity movement in the 1980s".

Can the European Parliament legitimize the European Union? It can help, as the EP is the only direcly elected body, and thus the most democratic. Best luck for Buzek and hope the MEPs do their work and really think of new ways, new answers, value-added politics to the benefit of us all the Europeans.

sábado, 12 de septiembre de 2009

Vacas, aunque sean flacas

Si son, como yo, adictos a los productos lácteos, se habrán dado cuenta de que a pesar de la deflación, cada vez pagan más por el brick de leche, el pack de yogures y la tarrina de mantequilla A ningún observador escapa que estamos padeciendo "la peor crisis de la leche en décadas". Ya estamos tan acostumbrados a ver a nuestros granjeros y agricultores sacar los tractores a la calle que ignoramos el problema de gran calado que hay detrás, asunto controvertido donde los haya y en el que todas las soluciones tienen efectos secundarios.

El origen de la situación de ahogo que (me consta) sufren los ganaderos, es la caída en picado de los precios de la leche, debido al descenso de demanda internacional, descenso vinculado a la crisis económica generalizada, y sobre todo a que China ha reducido sus importaciones. Paradójicamente justo en otoño de 2007 el problema eran precios excesivamente altos, ¿qué ha ocurrido en realidad?

Como decía, los adictos a los lácteos lo notamos en nuestro bolsillo. No puede escapársenos que los precios al consumidor han aumentado en un 14% desde 2007, a pesar de la caída de los precios al productor desde esa fecha, por lo que urge analizar qué ocurre en la cadena alimenticia para detectar posibles problemas, y determinar por qué los intermediarios y distribuidores están haciendo su agosto a costa de productores y consumidores.

Es curioso que en Europa se siga hablando de "exceso estructural" de la oferta cuando gran parte del planeta no tiene acceso a alimentos. Lo cierto es que la UE ha dado signos de querer dejar atrás el proteccionismo, y aunque algunos no lo admitan ha fomentado desde el principio la liberalización de todos los mercados, incluido el alimentario, firmando todas las Rondas liberalizadoras desde GATT, y fomentando desde la OMC la supresión de aranceles. Además, habiendo tantas necesidades de alimentos en el mundo con una población de 6500 millones, no debería ser problemático que Europa produjera más alimentos básicos para alimentar al resto del planeta.

La idea, tal vez utópica, es que la industria agrícola europea sea lo suficientemente fuerte y potente como para poder exportar. Ahora mismo el problema es que importamos muchos alimentos a mejor precio, aunque en ocasiones sin las garantías de calidad, seguridad o protección medioambiental que marcan los estándares europeos. De ahí la presión de Europea en la OMC para impulsar un mercado mundial en que todos compitan en las mismas condiciones regulatorias.

Hoy por hoy el problema de los productores de leche es perentorio y requiere medidas inmediatas. Para ello, la Unión Europea se ha propuesto incrementar el consumo interno mediante campañas publicitarias que pretenden finalizar en primavera de 2010. Y en el ámbito PAC ya se anuncia que para minimizar los efectos de la fluctuación del mercado sobre los granjeros habrá que crear una red de seguridad sufragada a partes iguales por la UE, los Estados miembros y los propios agricultores.

En estas semanas la Comisión ya ha intervenido directamente sobre el mercado, adquiriendo mantequilla y leche en polvo, como solución temporal, algo que al amparo de la propia PAC se ha venido haciendo desde la década de los 60. Pero no todo son malas noticias. La crisis actual parece haber tocado fondo y la comisaria de Agricultura, Fischer Boel insiste en que las cuotas lácteas desaparecerán en 2015.

A mí no deja de resultarme chocante que los políticos ejerzan de videntes, sobre todo a medio o largo plazo, y es que incluso esa fecha es controvertida, ya que el presidente de la organización de productores European Milk Board, Romuald Schaber afirma que "permitir que las cuotas de producción desaparezcan en 2015 sólo contribuirá a inundar el mercado de leche". Los productores insisten en que los costes de producción son superiores a lo que ingresan por la venta de leche, lo que es insostenible ahora y a largo plazo.

El debate surge cuando otros sectores económicos, como por ejemplo los autónomos profesionales que están yendo al paro por la crisis, se ven totalmente desprotegidos por las instituciones. Se argumenta desde las instituciones que la alimentación debe tener un trato diferente, ya que se trata de supervivencia y seguridad. De hecho ese fue el origen de la PAC, asegurar el autoabastecimiento de los europeos, que acababan de sufrir la escasez de una larga postguerrra. Imaginemos un escenario de dependencia alimentaria exterior en situación de conflicto global, imaginemos la potencialidad de utilizar los alimentos como arma de destrucción masiva mediante su envenenamiento. Reconociendo que ese riesgo es tan improbable como posible, lo cierto es que tiene sentido preservar una industria agrícola propia, otra cosa bien distinta es subsidiar el abuso de forma sistemática y alentar que granjeros ricos y que no invierten en modernizar sus plantas estén dedicándose a vivir de las rentas, a costa de los fondos europeos que pagamos todos.

Con sus luces y sombres, debemos reconocer que la PAC ha sido durante años un pilar básico de la prosperidad en Europa. Su implantación data de 1962 (con su antecedente inmediato en Benelux de los 40) cuando Alemania padecía escasez de alimentos y Francia tenía a millones de agricultores con ingresos tan insuficientes como inestables. Parece que la regulación era inevitable entonces, y además dado el grueso de población agrícola en Europa la PAC se consagró como la gran política redistributiva. Por ello en sus orígenes la PAC contribuía a la integración positiva, aunque se creó con la idea de ser transitoria, lo malo es que ya se ha convertido en un derecho adquirido.

Hoy algo más del 40 % de los recursos comunitarios se destinan a la PAC, pero no olvidemos que esos recursos sólo suponen el 1% del PIB europeo, es decir un coste irrisorio para el ciudadano en comparación con otro tipo de tasas. Por lo demás los recursos de la PAC se han canalizado tradicionalmente mediante ayudas a la renta de los agricultores, a atender las necesidades del sostenimiento de los precios en el mercado para productos agrarios mediante intervención o subvención a la exportación, y el fomento del desarrollo rural.

Los críticos con la PAC aducen razones económicas nada desdeñables: se distorsiona el mercado, implica un coste para el consumidor (que paga más caro) y el contribuyente (subsidios), y causa sobreproducción, que de rebote produce un daño medioambiental. Pero no todo es malo, la PAC ha operado sobre el mercado sobre los precios objetivo y sobre precios mínimos; también sobre los de intervención (como ahora por ejemplo cuando la Comisión ha tenido que comprar mantequilla y leche en polvo), estos precios se calculan siempre en función de estadística histórica y según las especificidades de cada Estado miembro. En 1992 hubo una gran reforma de la PAC y desde entonces las ayudas son directas por hectárea o cabeza de ganado, con el objetivo de lograr un desarrollo territorial equilibrado y pensando que en Europa el 70% del territorio es rural. A raíz de la Agenda 2000, en el marco de las rondas liberalizadoras se estableció la “ecocondicionalidad”, que supuso una reducción de las ayudas por motivos medioambientales, y la “modulación”, que regula los pagos según el nivel de renta de la explotación. Esta modulación ha supuesto un cierto ahorro de recursos.

En este contexto la UE sigue recibiendo presiones de otros países para que suprima las subvenciones a la exportación, aunque la UE mantiene las ayudas por considerar que el sector agrícola es multifuncional, entendiendo que se engloba no sólo la producción sino el desarrollo del medio rural y el desarrollo territorial equilibrado, considerando estos elementos como bienes públicos que no podrían dejarse a merced del mercado.

Actualmente el gasto agrícola se define en los presupuestos como una reforma de la agricultura encaminada a ajustar la producción de los agricultores a la demanda del mercado, y se da importancia crucial a los condicionamientos medioambientales. Aún así los compromisos de la UE en la OMC indican que debemos tender a los precios del mercado internacional, y existe la firme intención de eliminar todas las subvenciones a la exportación a partir de 2014.

Por ello algunos analistas hablan de una nueva reforma de la PAC para 2014, y el debate de fondo es ¿tiene la PAC un fuerte componente social? ¿Está todavía en riesgo la garantía de abastecimiento? ¿Debe seguirse apostando por la PAC como política redistributiva? ¿Deberían los Estados pasar a cofinanciar la PAC o debe mantenerse como un gasto netamente europeo? ¿Tiene sentido seguir subsidiando a un sector en decadencia? Todos sabemos que la confluencia de intereses ha estado siempre bajo sospecha. Aún así, creo que la lluvia de noticias, las imágenes de los tractores en la calle no son un capricho de los agricultores, al menos no de todos y a la vista está que la PAC no obra milagros. Lo reconoció hace poco la propia comisaria, cuando los ganaderos invadieron las calles de Bruselas el pasado mes de julio. Y sin que sirva de precedente les recomiendo que no renuncien nunca a un buen tazón de leche... Por cierto, la crisis de los productos lácteos será uno de los debates estrella en el plenario de la próxima semana en Estrasburgo.

viernes, 11 de septiembre de 2009

Calma a los estatalistas que temen Lisboa

Cierto es que algunos euroescépticos, los viejos conocidos y los de nuevo cuño –como polacos y checos- han acabado acatando el Tratado de Lisboa a regañadientes, con algunos recursos de inconstitucionalidad que al final han sido desestimados en Chequia. En estos momentos contamos, como saben, con 26 aprobaciones. El último escollo es Irlanda, está por ver en qué queda, pero aunque no haya sido muy comentado a mí me parece noticiable que incluso en un país tan europeísta como Alemania se hubieran planteado ciertas dudas. Tanto es así que el Parlamento alemán no se ha pronunciado de forma definitiva hasta este 8 de septiembre sobre el Tratado de Lisboa. Lo han ratificado, concluyendo que dicho Tratado no limita el radio de acción del gobierno, y aprobando por una gran mayoría las leyes complementarias a Lisboa.

Lo hago notar porque es especialmente relevante, ya que se habían planteado antes del verano dudas sobre si ciertos pasajes del Tratado resultaban incompatibles con la Ley Orgánica alemana y algunos aducían que el parlamento nacional debería tener mayor influencia en las decisiones de la UE, por lo que finalmente el texto se llevó al Constitucional alemán.

Aquellas dudas han sido totalmente despejadas, ya que el Tribunal Constitucional de Alemania se ha pronunciado de manera unánime contra los argumentos de los opositores del Tratado de Lisboa. Los que alegaban inconstitucionalidad afirmaban que Lisboa suponía la creación de un súperestado fundamentalmente nuevo a nivel europeo que terminaría con la soberanía de los Estados miembros. La sentencia es clara, al afirmar que la formulación del Tratado de Lisboa “No obliga a los Estados miembros a poner a disposición tropas armadas para misiones militares de la Unión Europea”, y destacando sobre todo que “los Estados miembros mantienen competencias decisivas en materias que van desde la legislación penal a la fiscal." Había suspicacia sobre la supuesta pérdida de poder del Bundestag (Cámara Baja o ciudadana) y del Bundesrat (Cámara Alta o territorial). Aprovechando el conflicto, el Bundestag ha preparado el terreno para que las decisiones europeas resulten más transparentes y comprometidas a nivel parlamentario nacional.

Es más, para evitar que incluso futuros gobiernos federales pudieran ver mermada su soberanía, han aprobado enmiendas para reforzar la supervisión de los tribunales nacionales alemanes sobre la legislación europea. En concreto, el gobierno deberá informar al parlamento con la mayor celeridad y detalle sobre todos los asuntos de la UE y conceder al parlamento nacional la posibilidad de expresar una opinión oficial.

Es cierto que estos movimientos y la decisión del Tribunal alemán sólo tiene efecto en aquel país, pero también lo es que crea un precedente y así la decisión jurídica sí puede tener mayor trascendencia de cara al futuro. Y es que de hecho “la constitución alemana permite transferir soberanía a un organismo interestatal como la UE, pero no permite la creación de un estado federal europeo”. Por lo demás, bajo el paraguas de Lisboa, los parlamentos nacionales siguen siendo el órgano representativo de los ciudadanos en cada Estado miembro.

Dicho lo cual, ¿deberíamos los federalistas europeos hacer campaña por el NO? Es obvio que no, ese error lo cometieron algunos con el Tratado Constitucional. Además federalismo no implica quitar poder a los parlamentos nacionales, sino descentralizar y repartir competencias sin solapamiento de soberanía. Por lo menos en Lisboa algunas competencias se definen y pasan directamente al nivel superior, mientras que otras descienden (eso ya lo contaré otro día). A nadie se le escapa que Lisboa es un triple salto hacia delante, por las muchísimas posibilidades que brinda, y algunas de ellas irreversibles hacia una mayor integración. De momento, café para todos, que no es poco, en los tiempos que corren.

jueves, 10 de septiembre de 2009

Ya pasó el warm-up de Barroso

Hoy es jueves y en términos automovilísticos ya han pasado las jornadas de warm-up, en las que el presidente Barroso se ha sometido al escrutinio oral de los distintos grupos parlamentarios de la Eurocámara, de cara a su posible reelección el próximo miércoles 16 de septiembre hacia el mediodía, en la sede de Estrasburgo.

En las sesiones previas de esta semana con los grupos las conclusiones son más o menos las previsibles. El Partido Popular Europeo ha ratificado su apoyo incondicional, mientras que los tories con esa peculiaridad cargante, escindidos en esta legislatura del PPE, le pidieron simplemente que no acepte un eventual apoyo de los socialistas. En cuanto a la Alianza de los Liberales y Demócratas por Europa, grupo en el que se encuentra el diputado Tremosa, creen que Barroso debería dejar clara ahora su "voluntad política de trabajar en pos de los derechos humanos y las libertades fundamentales de los ciudadanos de la UE". También exigen que se nombre de inmediato a todos los miembros de la Comisión tras la posible elección de Barroso. Lo bueno de este grupo es que respeta la libertad de voto de sus miembros. El rechazo ha sido total en el caso de Los Verdes/Alianza Libre Europea, donde están los diputados catalanes Romeva y Junqueras, y cuyo presidente Cohn-Bendit deja a las claras la paradoja de que el presidente sea elegido bajo criterios de Niza, justo cuando Lisboa está a punto de entrar en vigor. Por otro lado, también recibió duras críticas por parte de la Izquierda Unitaria Europea (GUE), que rechazó sus propuestas para los próximos cinco años de manera frontal. Los socialistas practican en cambio un juego curioso, así el presidente del Partido Socialista Europeo, Rasmussen, ha sido especialmente crítico al definir a Barroso como "un buen actor pero un mal político" y se quejó de que sus respuestas "no habían sido concretas", tras la sesión con el grupo socialista. No obstante, Barroso sí cuenta con el apoyo de los socialistas de España, Portugal, y Reino Unido, aunque el grupo socialista en bloque ha optado por dar su apoyo al político portugués si hay garantía de que el Alto Representante de la Política Exterior de la UE, el cargo que actualmente ocupa Javier Solana, "sea un socialista". También exigió que haya "un equilibrio político entre derecha e izquierda en la Comisión Europa".

Resumiendo, mucho exigir voluntad política y muchos síntomas de politiqueo, lo que no hace más que acrecentar la desafección ciudadana a las instituciones. Algo preocupantemente alentado por los medios de comunicación, que a mi juicio se han hecho un eco demasiado escaso de este proceso de reelección del presidente de la Comisión Europea, nada más y nada menos que por cinco años más.

Si se confirma el apoyo de los liberales (la votación es secreta), Barroso sumaría 84 votos a los 265 del PPE, que previsiblemente le respaldará en bloque. Sin embargo, necesita recabar más apoyos, pues para su reelección debe contar con el respaldo de una mayoría de los 736 miembros de la Eurocámara. Ya es de sobras conocida mi opinión de Barroso, alabo su habilidad oratoria en múltiples lenguas, su moderación política, su capacidad de consenso y haber sabido dar mucho impulso a una Comisión Europea seriamente tocada tras los desastres de la Comisión Prodi y escándalos de la Comisión Santer, y sobre todo en una Europa de 27 miembros, con culturas políticas y económicas notablemente dispares. Aún así, al portugués yo le doy tras su primer mandato sólo un aprobado, no ha habido ambición real de enfrentarse seriamente a las presiones estatales, pero confío en que sea reelegido y que eso le dé la seguridad como para actuar decididamente por una Europa política, en cuyo caso podría darle un sobresaliente cuando acabe su segundo mandato, lo cual sería una excelente noticia no para él sino para todos los europeos.

martes, 8 de septiembre de 2009

Brotes identitarios y crisis durmientes en territorio europeo

Ayer leí en La Vanguardia una noticia digna de breves pero sintomática de una de las dolencias más típicas de nuestra Europa, los conflictos identitarios. Me refiero a una nueva canción del grupo de pop flamenco Clouseau, cuyo título reza "Viva Bélgica". Ese pequeño país que acoge la capital de todos los europeos vive una tensión permanente azuzada por la clase política. Al parecer declararse probelga la ha servido a este grupo para recibir un alud de críticas de la clase política y mediática flamenca, tanto es así que el vicepresidente de Flandes, Geert Bourgeois se ha atrevido a afirmar: "La canción es un himno propagandístico. El grupo Clouseau rompe una lanza por una administración mala, ya que Bélgica ha dejado de funcionar". Sin duda me quedo con el optimismo y el afán conciliador de los Clouseau y deploro la actitud del político.

Si es cierto que el ejemplo de esta canción puede elevar la anécdota a categoría, también lo es que Bélgica es un pequeño país que está resultando políticamente ingobernable, un país quebrado en dos partes casi irreconciliables, si no socialmente al menos institucionalmente. Me pregunto a dónde habría llegado el conflicto de no estar al amparo del paraguas comunitario. Es un triste ejemplo de hasta dónde llevan las tensiones no resueltas, y la utilización del arma lingüística en una Europa plagada de pequeñas lenguas. En ocasiones también en las antiguas repúblicas soviéticas también hay conflicto lingüístico, y he aquí un ejemplo imaginativo para resolver el derecho de los ciudadanos a expresarse en la lengua que deseen, en este caso estonio o ruso.

Innegable es que en Europa subyacen este tipo de conflictos que tienen que ver con identidades o minorías, donde nos movemos sobre un terreno tremendamente resbaladizo y de análisis muy subjetivo. La cuestión territorial y lingüística la tenemos a medio resolver en España, si bien con todos los derechos individuales protegidos. Las situaciones tensas brotan sobre todo en antiguos países del bloque del Este, de donde llegan informaciones con cuentagotas. Hay un pequeño polvorín en ciernes entre Hungría, Eslovenia y Rumanía, donde distintas minorías residentes en estos países se quejan de las reacciones políticas de uno y otro Estado, tanto es así que la última noticia es que una minoría de lengua húngara, la Székely, solicita la autodeterminación de Rumanía, donde se viene recrudeciendo el nacionalismo en los últimos meses. Los conflictos de vecindad en aquella zona se suceden y no parecen resolverse desde las distintas adminsitraciones.

¿Qué puede ofrecer la UE para la resolución de estos conflictos? De momento no demasiado, al margen de fomentar la paz y la estabilidad regional, creando un entorno que garantice las libertades y protega los derechos individuales de todas las minorías. Se dispone de los instrumentos legales para ello, sobre todo los que se recogen en la Carta de Derechos Fundamentales, que además con la entrada en vigor del Tratado de Lisboa, adquiere la categoría de legalmente vinculante. Creo que esa garantía legal debería ser suficiente para que las minorías hagan valer sus derechos lingüísticos, no tanto territoriales, porque la aspiración de la Unión Europea es precisamente derribar las fronteras internas, algo que nunca debería perderse de vista.

En mi opinión, cuando el interlocutor estatal no es válido las minorías, y la ciudadanía europea en general, deben buscar amparo en el interlocutor comunitario, es decir Bruselas, que puede ejercer su influencia negociadora en las naciones en situación de riesgo de confrontación territorial. Por último, el fomento de las políticas regionales y el dotar a las minorías de cierta autonomía política y financiera es una solución deseable para propiciar los beneficios que ofrece la descentralización dentro de los Estados.