martes, 8 de diciembre de 2009

¿Por qué no me sorprende?

Leo hoy en Euractiv que la agenda de la presidencia española 2010 es confusa o imprecisa. Lo afirma Buhigas Schubert, un español miembro del equipo del Team Europe de la Comisión Europea. No es que las palabras de este analista merezcan más crédito que otras, pero aporta una batería de argumentos que cuadra con los datos que han trascendido de la agenda, que dan constancia de que está inspirada en el estilo al que nos tiene acostumbrados este gobierno, demasiado amplio para ser realista. No sólo es así, sino que a estas alturas todavía no se han revelado los detalles concretos, más allá de las generalidades que ya recogimos aquí hace unos días.

Cierto es que el desarrollo de la presidencia tiene la complicación de que debe coordinarse con Bélgica y Hungría, y que además se instaura Lisboa, lo que supone encajar las funciones de los flamantes presidente permanente del Consejo, la ministra de Exteriores y el cuerpo diplomático del SEAE, y por supuesto dar cuenta de las prioridades políticas que (estas sí) por lo menos ya se han definido:

* Un paquete sobre el cambio climático a partir de los acuerdos que se alcancen este mes en Copenhague.
* Implementación del Plan de Acción Energético 2010-2012.
* Ejecución del Programa de Estocolmo en Justicia e Interior.
* Reinstaurar/renovar/profundizar los objetivos de la Estrategia Lisboa 2000.
* Promover una nueva agenda social para la Unión.

Sin olvidar el peso que puedan tener los intereses nacionales de España, que atraviesa un momento político y económico bastante crítico y peculiar.

Soy partidaria de la ambición política, está fuera de duda que Europa sólo ha sido posible en la forma en que la conocemos hoy gracias a políticos extremadamente ambiciosos. El voluntarismo lo damos por hecho, aunque cuando se manifiesta el deseo de aprovechar el semestre para dar solución al desempleo, poner en marcha la nueva diplomacia europea, impulsar la Unión por el Mediterráneo o el Proceso de Barcelona , mejorar las relaciones con Latinoamérica y fortalecer la UE política, es difícil no sustraerse del prejuicio retórico, que tan útil le ha sido por lo demás en cuanto a réditos electorales al gobierno de Rodríguez Zapatero.

Uno de los pocos detalles concretos que ha trascendido es que el ex presidente Felipe González, en su condición de actual presidente del Grupo de sabios de la Unión, pronunciará un discurso sobre las actuaciones y perspectivas de Europa hasta 2030. No dudo de que González hará gala de su visión política y dará un gran discurso europeísta y ambicioso, necesario pero útil sólo cuando es traducible en hechos.

Por fin, no quiero anticiparme en el tiempo y mostrarme suspicaz de antemano, puede que no se produzcan los conflictos jerárquicos que algunos vaticinan entre las instituciones consolidadas y las de nuevo cuño. Dependerá de muchas cosas, entre otras de la capacidad de consensuar líneas de acción, entre Van Rompuy, Ashton, Barroso y el Trío Presidencial... Yo particularmente estoy ansiosa por ver cómo se desempeñan los miembros del gobierno español en semejante tesitura. Seremos objetivos al juzgarlos, y les deseamos esa pizca de suerte que siempre se decanta por los campeones, si es que de una buena vez nos decidimos a formar parte del club de los mejores y nos dejamos de medias tintas.