viernes, 18 de diciembre de 2009

Más herramientas regionales


Desde mi universidad se lanza una nueva herramienta al servicio del desarrollo regional, en concreto de las CC.AA. del estado español. El nuevo portal EUREGES analiza, evalúa y propicia las actividades de las regiones en el entorno institucional de la Unión, especialmente en el Consejo de la UE, donde las regiones europeas intervienen al amparo de los acuerdos CARCE del año 2004.

La preocupación de la Comisión sobre la participación idónea del nivel subestatal en el policy-making comunitario se remonta a finales del siglo XX, desde que se publicó su Libro Blanco sobre la Gobernanza. Desde entonces los actores subnacionales han ido encajando su acción política de forma irregular, habiendo fracasado hasta la fecha en una adecuada territorialización de la UE, dificultada por las ampliaciones, ya que los países del Este deben institucionalizar sus procesos de descentralización. No en vano, la instauración de las políticas de desarrollo regional constituye un reto novedoso para esos países, que pone a prueba su capacidad administrativa para absorber la financiación comunitaria al tiempo que se realiza la institutional-builiding. En este sentido juegan un papel más notable que los fondos Estructurales los fondos de Cohesión, en el sentido de que se adaptan mejor a las administraciones que carcen de experiencia programando y gestionando fondos europeos, ya que además permiten un grado de cofinanciación elevado sin imponer el principio de adicionalidad (que exige que los fondos comunitarios se añadan en lugar de substituir a los fondos nacionales), que puede mermar la transparencia.

Cierto es que las reformas estructurales que trajo la famosa Estrategia 2000 incluían: el refuerzo de la descentralización, un aumento de la vinculación entre los recursos asignados y los recursos conseguidos, y especialmente una división más clara de las responsabilidades entre los Estados miembros y la Comisión. Ahora bien, tengamos presente que la UE actual incluye unas 250 regiones, lo que hace ineliduble instaurar el diálogo estructurado entre estos actores, pero reduciendo el número de sujetos implicados. Ese diálogo necesario se plantea como una herramienta previa a los procesos de decisión en las políticas comunitarias.

La intervención activa de las regiones en la política de la Unión siempre han recibido una actitud facilitadora por parte de la Comisión europea, que ha pretendido sistematizar dicha participación con la obsesión de legislar mejor y más eficazmente. De hecho el término diálogo estructurado se empieza a utilizar desde 2006, gracias a un programa de acción que se había pactado entre el Comité de las Regiones y la Comisión en el año 2005, y que se concreta en la creación de redes regionales aprobadas por la Comisión a partir de las propuestas presentadas por el CdR.

Los resultados de los diálogos en estos tres años han sido desiguales, como siempre, hay percepciones distintas y lo que unos ven como prometedor otros lo valoran como decepcionante. Si de algo han servido es para profundizar en la aplicación del principio de subsidiariedad, y la cooperación en la etapa prelegislativa. Y además siguen siendo una herramienta flexible para promover la eficacia de la gobernanza multinivel y asegurar la independencia de los sistemas de financiación de las regiones con poderes legislativos.

El Tratado de Lisboa no aporta grandes cambios más allá de reconocer la importancia de las regiones, pero sigue prevaleciendo el obstruccionismo de los intereses nacionales, no exenta de conflictos. La progresiva descentralización fiscal de algunos Estados miembros que ha incrementado la autonomía de los entes regionales debería verse reflejada en una mayor capacidad de exigencia en criterios fiscales (por ejemplo en cuanto al déficit excesivo que puedan incurrir los Estados miembros). En la realidad esto no se produce, y se ve dificultado por una Unión Europea extremadamente heterogénea en cuanto a la asignación de competencias fiscales regionales.

A pesar de las deficiencias sistemáticas, las regiones intervienen de algún modo en el complejo desarrollo de la Europolity, tanto en los procedimientos formales como en los informales, aunque herramientas como el diálogo estructurado se han mostrado como un formato ciertamente limitado, y excesivamente dependiente del CdR, que atraviesa horas bajas desde hace un tiempo.

Concluyo deseando que el nuevo portal sea un éxito, y contribuya mediante sus análisis y aportaciones a mejorar la coherencia en las políticas comunitarias y a promover el desarrollo equilibrado y la convergencia regional en Europa.