lunes, 7 de diciembre de 2009

Los Comisarios y la espada de Damocles del veto

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Ya está en marcha el Tratado de Lisboa, aunque el estreno más esperado es el de los nuevos comisarios europeos. En la próxima legislatura se reforzará su carácter de organismo supraestatal, ya que a partir de 2013 dejará de ser aplicable la regla de un comisario por cada Estado miembro y el colegio de comisarios pasará a estar formado por un número equivalente a dos tercios de la totalidad de miembros. De momento sigue la norma, y tendremos 26 comisarios y un presidente. El mandato de la Comisión Europea, órgano ejecutivo de la Unión Europea, sigue teniendo una duración de cinco años.

En cuanto a los cambios inmediatos, el fundamental se refiere al nombramiento de la Comisión, ya que se instaura la doble aprobación por parte del Parlamento Europeo. En un primer tiempo el Parlamento elige al candidato propuesto por el Consejo, y en un segundo momento se aprueba a la Comisión en su conjunto. La 'Barroso II', (sus miembros designados por cada país) deberá pasar por las audiencias en el Parlamento Europeo. La Eurocámara tendrá que dar su visto bueno al conjunto de la nueva Comisión para que quede oficialmente constituida. Está previsto que todos los comisarios respondan en diciembre a una serie de preguntas de los eurodiputados, y luego defenderán su candidatura en las audiencias ante las comisiones parlamentarias, entre el 11 y el 19 de enero. La votación en el pleno será el 26 de enero.

No se trata de un trámite, y prueba de ello es que en 2004 Barroso afrontó muchas dificultades para constituir su colegio, y tuvo que eliminar al polémico Buttiglione en Justicia, y a Ingrida Udre en Energía. Finalmente logró una mayoría del 66 % y, tras tres semanas de crisis, la Comisión Barroso se puso en marcha.

Aquí tienen acceso a toda la información detallada sobre los procesos de evaluación a que serán sometidos los comisarios. Las comisiones parlamentarias valorarán las aptitudes generales y dedicación a los asuntos europeos, así como su experiencia, sus conocimientos en su área de trabajo específica y su capacidad comunicativa. Las audiencias son públicas.

De todos modos, lo verdaderamente llamativo de este proceso es el inusitado poder que adquiere el Parlamento Europeo con Lisboa, ya que no sé si han reparado en ello, pero dispone de capacidad de veto sobre el Ejecutivo, hasta el punto de que el sistema de votaciones que han conseguido imponer concreta la posibilidad de veto sobre decisiones tomadas por los líderes nacionales. Esta prerrogativa se remonta a la convención constitucional, que recogió el deseo de aumentar la influencia del Parlamento Europeo, como órgano eminentemente legitimado de la Unión.

Así, existe una regla técnica que se implementó durante la convención, que se ha recuperado en Lisboa, y que eleva el umbral para aprobar a una nueva Comisión de la mayoría simple a la mayoría absoluta, lo que significa que más de la mitad de los diputados debe aprobar al colegio de Comisarios. En términos prácticos, esto se traduce en que es políticamente imposible lograr la investidura de una Comisión sin el apoyo de los dos partidos mayoritarios en la cámara, es decir que éstos (por ejemplo el grupo socialista, a pesar de no ser mayoritario en la actualidad) se hacen con un poder de veto, hasta entonces inexistente, y que no tiene que ver con obtener la mayoría en las elecciones.

También es cierto que esta regla puede interpretarse en términos de lograr un Ejecutivo de consenso entre los dos partidos mayoritarios del arco, habitualmente uno a la izquierda y otro a la derecha. Se verá en la práctica, aunque cabe decir que técnicamente el Parlamento no tiene la posibilidad de rechazar a un solo comisario, sino que debe dictaminar sobre el total del colegio, pero aún así puede ejercer el poder de veto para presionar cuando alguno de los comisarios no sea deseado, como ocurrió en 2004, por ello no es descartable que en el próximo mes de enero se produzcan algunas revocaciones o cambios de cartera.

Las últimas polémicas se centran en los comisarios con conexiones personales con los antiguos regímenes comunistas, aunque la voluntad es mirar hacia el futuro, ya que probablemente si se excluyera a todas las personas que han tenido conexión con regímenes totalitarios nos quedaríamos sin políticos en activo en los países del Este. Paradojas.