sábado, 7 de noviembre de 2009

¿Será un belga el nuevo presidente del Consejo?

Sorprende el ajetreo quinielístico intenso en entornos comunitarios sobre quién será elegido nuevo presidente permanente del Consejo de la UE, que no presidente de la UE, a pesar de que los diarios insistan en denominarlo así. Será una figura de enlace entre los Estados miembros y las instituciones de la Unión, pero está lejos de ser la más relevante. Como todos saben en Bruselas, quien está llamado a influir de verdad es el ministro de Exteriores, puesto que sigue sin ocupar, ¿será una mujer por fin? Ahora que va tomando cuerpo la candidatura del presidente federal belga, Herman Van Rompuy, sería de esperar una mujer ocupando el cargo de liderazgo que queda vacante. Tristemente parece que tendremos que esperar, pues cobra fuerza la candidatura del italiano D'Alema que está trabajando en estos momentos en conseguir el apoyo de Berlusconi.

Van Rompuy pertenece a Cristianos Demócratas y Flamencos (CD&V) y accedió a la presidencia de Bélgica, tras una profunda crisis nacional desde las elecciones de 2007, que concluyó con la reedición de la coalición gubernamental de democristianos, liberales y socialistas –dos partidos flamencos y tres valones. Se ha caracterizado por trabajar en la búsqueda de un consenso para la reforma constitucional del Estado federal aceptable para los francófonos. Es flamenco pero habla inglés y francés, lo que realza su adecuación al cargo europeo.

Su perfil es por tanto aglutinador, preside un país fundador y es democristiano, lo que acaba por confirmar la tesis de que el ministro de Exteriores será de la familia socialdemócrata. Por lo demás, algunos en Bélgica son reticentes a este nombramiento, a juzgar por lo que cuentan los periódicos, ya que el actual primer ministro es considerado como una de las pocas personalidades que podrían encontrar una solución al enfrentamiento entre los partidos de las dos comunidades del país por los municipios de la periferia de Bruselas. El reto para los belgas sería encontrar un sustituto a la altura de Van Rompuy para presidir el gobierno federal de Bélgica.

En cuanto a las repercusiones, todo está por ver, aunque yo auguro un buen entendimiento con Barroso, no sólo por ser de la misma familia ideológica sino por el fuerte perfil europeísta de ambos y sobre todo por su facilidad para generar consenso. El perfil de Van Rompuy es especialmente interesante para los federalistas por su experiencia en la generación de reformas estructurales y en el diseño de sistemas de transferencia de competencias en su país. Puede que incluso entre los dos mitiguen las carencias que sus propios cargos todavía adolecen, en espera de un mayor desarrollo institucional en el futuro. Si se confirma el nombre del belga, espero que no opte por una presidencia gris y para salir del paso. Lo deseable es que su perfil europeísta y federalista se imponga. Es necesario que en los próximos dos años y medio, no sólo se eviten los conflictos (ojo porque al ser a la luz las reuniones del Consejo todos quedarán retratados), sino que hace falta que la figura presidencial consiga que se generen muchas iniciativas políticas nuevas. Seremos jueces exigentes, dense por avisados.