
La importancia estratégica de la Europa Oriental está fuera de duda, y tiene su reflejo en la configuración de las nuevas instituciones europeas. Lo insinuamos aquí al hablar del riesgo de una intensa polarización hacia el Este y las presiones que los numerosos Estados miembros procedentes del antiguo Telón de Acero realizan para velar por sus intereses geopolíticos, mientras Rusia se afana en realizar maniobras un tanto extrañas.
Uno de los dos grandes ejes de la Unión son y serán las relaciones exteriores. Y para comprender el alcance de dicha estrategia hay que ampliar el análisis más allá de la figura de Ashton como ministra de Exteriores. Uno de los signos tal vez menos evidentes sea la fusión de las carteras de Ampliación y Vecindad en la nueva Comisión, y la no casual adjudicación de dicha cartera al checo Füle [en la imagen], a pesar de que en círculos comunitarios se recelaba de conceder la cartera Ampliación a uno de los últimos Estados incorporados (aunque sobre el papel los comisarios no representen a sus países de origen). Obviemos una interpretación masoquista y pensemos que este “premio” no tiene relación con el calvario que nos ha hecho pasar Klaus con la ratificación de Lisboa.
La cuestión clave sería discernir por qué Barroso ha decidido solapar ambas áreas políticas y dilucidar las ventajas de esta maniobra. En la anterior Comisión Barroso (2003) surgió una DG (Dirección General) de Vecindad que se nutrió de miembros de la anterior DG de Ampliación, que perdió peso y capacidad decisoria una vez fraguada ya la gran ampliación que se produjo en 2004. Siguiendo con la estructura de funcionamiento de la Comisión, tenemos una DG de Exteriores, conocida en la jerga comunitaria como RELEX, que ahora quedará parcialmente en el ámbito de Ampliación y Vecindad.
Añadamos un detalle nada menor, y es que formalmente la Unión tiene una nueva ministra de Exteriores, que dispondrá en breve de un SEAE (Servicio Europeo de Acción Exterior), es decir un cuerpo diplomático propio, al que se supone le correspondería tratar los asuntos de Vecindad. ¿Estamos ante un nuevo caso de fragmentación de las competencias?
No hace falta ser un experto geógrafo para darse cuenta de que el grueso de los países que desean anexionarse a la UE se ubican hacia el Este del actual territorio de la Unión, con el añadido de que muchos están un ámbito de influencia rusa, especialmente los que ya han solicitado estar en la agenda de ampliación, como Georgia, Ucrania y Moldavia (como anécdota ilustrativa decir que este país está gobernado desde la pasada primavera por una coalición liberal que se llama "Alianza para la integración europea"), y los futuros posibles candidatos como Bielorrusia, Armenia y Azerbaijan. Todo esto añade complejidad a la gestión de la Ampliación, que en principio debería ver unos años de parálisis, máxime cuando se vaticinan dificultades para conseguir decisiones mayoritarias o unánimes en el ámbito decisional de la Comisión.
De todos modos, el marcado perfil de Füle permite augurar que no desea ser un comisario de transición y que aprovechará sus buenas relaciones en la zona para impulsar las anexiones, aunque pise un terreno donde las divergencias sólo se podrán controlar si se mantiene la coherencia y el rigor que han caracterizado hasta ahora los procesos de ampliación, en cuyo caso la fusión de carteras habría sido un éxito.