martes, 3 de noviembre de 2009

Paradojas checas y contradicciones del sistema europeo

Hoy martes día 3, el Tribunal Constitucional de Chequia ha dado luz verde al tratado de Lisboa, como en su día hiciera el alemán. Era previsible e intentaré explicar brevemente la maniobra del presidente checo. Lo que ha perpetrado el señor Klaus es un ataque directo a los derechos de sus ciudadanos, además de tomarse atribuciones que no le corresponden.

Lo primero es obvio pues para firmar ha ejercido una cláusula opt-out en virtud de la cual ha exigido quedar fuera de la Carta de Derechos Fundamentales, como han hecho Polonia y Reino Unido. Gracias a esta maniobra, a los ciudadanos checos se les niega el derecho a litigar contra su propio gobierno de acuerdo con las disposiciones de la Carta, cuando el gobierno actúe contra la Carta o contra el tratado comunitario. La paradoja se produce porque esa cláusula de excepcionalidad exigida por Klaus era innecesaria, ya que el presidente checo se ampara en su deseo de garantizar la aplicabilidad de los decretos de Benes, aquellos redactados tras la II Guerra Mundial cuando se expulsó a los alemanes sudetes de Chequia. Dichos decretos negaban el derecho de los expulsados a reclamar sus propiedades. Lo cierto es que la Carta de Derechos no afectaría a su vigencia, ya que la legislación comunitaria establece que el acervo (acquis) y todo el Derecho comunitario (del cual la Carta forma parte) sólo es vinculante para los Estados miembros a partir de su adhesión y no con efecto retroactivo, lo cual deja totalmente protegidos esos acuerdos firmados hace más de sesenta años. Yendo más allá, aunque se escape por completo a mi valoración por desconocimiento del episodio, la invocación que Klaus a hecho de aquel episodio histórico ha sido un gesto que no ha agradado a gran parte de la opinión pública checa, quien alberga dudas incluso morales sobre el contenido de dichos decretos.

En cuanto a lo segundo, me refiero al hecho de que el presidente checo no tiene atribuciones para derogar una ley aprobada por su parlamento nacional y que la firma no deja de ser un hecho simbólico. Todos los jefes de Estado estampan su firma, pero la ratificación viene vía parlamentaria o vía referendo según establezcan sus respectivas constituciones. Esa firma simbólica no significa en ningún caso que el jefe de Estado tenga una especie de derecho de veto sobre todos los documentos que firme. Es un gesto soberbio en que el presidente se ha concedido la licencia de decidir, o simular una falsa autoridad (¿por qué no decirlo?), según su voluntad y cuestionando la mayoría de su propio parlamento, que sí había dado luz verde al tratado de Lisboa.

El incidente checo demuestra las lagunas existentes en las instituciones e incluso en los textos constitucionales, lo que da lugar a toda suerte de comportamientos dudosamente democráticos por algunos dirigentes. Por cierto, una nueva paradoja se producirá cuando el parlamento checo en el futuro tenga que aprobar por votación la adhesión de un nuevo Estado, lo que implicará que dicho país (el anexionado) tendrá que aplicar todo el acervo comunitario. Es decir, las instituciones checas estarán imponiendo a otro estado lo que ellos mismos no quisieron acatar.

Algo falla aquí y ahí va el sentido de esta reflexión. Considero que la Unión Europea se fundamenta en que, al anexionarse, todos los Estados miembros adquieren obligaciones para con los demás Estados y a su vez para con sus ciudadanos. Salta a la vista que se producen fallos o imperfecciones en el sistema de ratificaciones de los tratados y que esto también debería tenerse en cuenta en los acuerdos que se toman los Consejos o bien recogerse en las disposiciones de los tratados futuros, ya que como hemos visto las incidencias en la ratificación implican problemas y desequilibrios, y lo que es peor desigualdades. Esperemos que estos incidentes no acaben por desencadenar una UE de geometría variable, concepto anacrónico y que nadie en el ámbito comunitario se atreve a desenterrar, aunque no nos engañemos, tras las cláusulas opt-out en realidad se esconde la noción de una integración a distintas velocidades. ¿Será el precio a pagar por haber anexionado a tantos territorios tan rápidamente? Reflexionemos.