viernes, 20 de noviembre de 2009

Los líderes discretos pueden convertirse en claves para la Unión Europea


Sabemos que Europa no ha dejado de buscar desesperadamente ocupar el liderazgo mundial. Los fallidos intentos por dotar a la Unión Europea de una Constitución, culminan por fin con la entrada en vigor de Lisboa dentro de 10 días.

El último y definitivo paso se dio ayer noche, cuando la “fumata blanca” se coló en los aperitivos de la cumbre en forma de cena de los jefes de Estado en Bruselas. A eso de las seis de la tarde ya se filtraron los dos nombres de los elegidos, y en cosa de minutos la red se hacía eco de los detalles. Hubo caras de decepción entre algunos de mis colegas, aunque yo tiendo a ser más precavida porque sé que esta elección es muy meditada, y sobre todo es una elección buena para trabajar en pro de una mayor integración.

Algunos observadores se han alineado con las posiciones euroescépticas y denuncian la paradoja de que los dos nuevos nombramientos derivados del Tratado que “supuestamente” debía acercar la Unión a los ciudadanos se realicen de forma opaca y sin participación directa de la ciudadanía.

Permítanme resaltar la falacia de tal argumento. ¿Existe alguna nación democrática donde los ciudadanos escojan por sufragio al presidente del Tribunal Supremo? ¿Alguien vota para elegir el nombre del presidente de las Cortes? ¿Acaso elegimos quién ocupará las carteras ministeriales? Por poner un caso bien concreto, ¿es que a don Miguel Ángel Moratinos lo ha elegido la ciudadanía española para ser nuestro representante en el Exterior? Y así sucesivamente, no quiero aburrir.

La Unión Europea no es un súperestado, pero tiene una asamblea representativa elegida por sufragio universal de todos los ciudadanos de los 27 Estados miembros, el Parlamento Europeo. Esta cámara tiene poder de codecisión en el 90 % de las iniciativas políticas comunitarias, que se presentan por la Comisión o por el Consejo. La Comisión tiene competencias ejecutivas y no depende de los Estados (al menos esa es la pretensión y ese perfil le ha dado Barroso), y tanto el Consejo de Ministros (el órgano que tiene mayor capacidad de influencia sobre las políticas, pues reúne a los ministros nacionales por áreas políticas) como el Consejo de la UE (los jefes de Estado y de Gobierno) representan los intereses de los Estados.

Obviamente los intereses de los Estados tienen mucho peso en Europa, a mi juicio demasiado, pero seamos honestos, ¿quién está dispuesto a renunciar a toda su soberanía? Creo que ni siquiera los más críticos con la falta de transparencia de la noche de ayer se han detenido a reflexionar sobre qué papel quieren que desempeñe su propio país en el seno de la Unión.

Lo lamento, pero estos debates son estériles y desvían la atención de lo esencial, y es la importancia de los nuevos altos cargos de que disponemos. Una nueva ministra de Exteriores de la UE, Cathy Ashton, que por primera vez en la historia tendrá un cuerpo diplomático a su disposición (Servicio de Acción Exterior) y que evitará el solapamiento con la política exterior de los Estados miembros. El éxito de Ashton dependerá de la disposición de los 27 a ceder soberanía en política internacional, y de su capacidad de conciliar posturas y conseguir una única voz. Tarea harto difícil. Por lo demás, su puesto conlleva la vicepresidencia de la Comisión, lo que nos indica la magnitud de la capacidad de influencia de esta mujer para los próximos cinco años de legislatura.

Los socialistas europeos han luchado desde el principio por hacerse estratégicamente con ese puesto, aunque algunos intentaron colocar a Blair en la presidencia del Consejo (renunciando así al puesto de Exteriores) creyendo que dicho puesto podría dar más peso al Consejo en el entramado institucional, lo cual no es de extrañar siendo británicos, pues el Consejo representa los intereses nacionales. Viendo que Blair no suscitaba apoyos entre los suyos, se ha visibilizado cuán dificultoso ha sido para la familia socialista europea encontrar un candidato para Exteriores, máxime cuando era un secreto a voces que este debía ocuparlo una mujer, ya que la opinión pública europea no habría tolerado una Unión dominada únicamente por hombres.

Teniendo en cuenta el equilibrio de fuerzas y con Barroso (de centro-derecha) presidiendo el ejecutivo, se buscaba un líder del centro-izquierda que perteneciera a un país donde gobernara la izquierda, porque ese era el deseo de los 27, y porque tradicionalmente en la Unión siempre se busca que todas las sensibilidades queden representadas, y porque los símbolos también desempeñan su papel para construir una verdadera democracia.

A día de hoy queda un último trámite, el nombramiento de Ashton debe someterse a votación en el Parlamento Europeo, igual que el colegio de comisarios que constituya Barroso. En el Parlamento, la presidencia la ocupa ahora Buzek (de centro-derecha) pero a mitad de mandato será sustituido por un socialista, porque así se pactó entre los dos grandes grupos al inicio de la legislatura. Viendo la correlación de fuerzas en los 27, donde mayoritariamente gobierna el centro-derecha, parecía natural que el presidente del Consejo perteneciera a esa familia.

Aún así, el factor ideológico no es el que más ha pesado en la elección de Van Rompuy, sino que ha predominado su perfil de creador de consenso, ya que deberá enfrentarse a los 27 jefes de Estado y de Gobierno en las reuniones del Consejo durante los próximos dos años y medio, y por tanto realizará una labor de puertas adentro, tal como ha hecho en su país, Bélgica, donde ha demostrado una gran capacidad diplomática y pericia al ser capaz de reconciliar posturas entre valones y flamencos.

Ya se ha filtrado una anécdota del personaje, que tuvo lugar en la rueda de prensa de ayer, tras la cena. A la pregunta de a qué líder europeo de los cuatro debe llamar el presidente de los EE.UU., Van Rompuy respondió en inglés: "We're anxiously waiting for the first call."

Sinceramente pienso que las decisiones de ayer son sabias y sensatas, porque la Unión no necesita líderes carismáticos, sino políticos negociadores, tanto dentro como fuera de casa. De puertas adentro porque hay muchísimos problemas para encajar institucionalmente a los países del Este y por los fuertes desequilibrios regionales que penalizan la competitividad europea.

De puertas afuera para demostrar no sólo nuestra capacidad de liderazgo moral en forma de poder blando (soft power) sino imponiendo nuestra visión a fuerza de capacidad negociadora, y al parecer este es uno de los puntos fuertes de Ashton, que lo demostró el llevar las negociaciones de la Ronda Doha en la OMC, o al conseguir a base de tesón el apoyo al Tratado de Lisboa en la Cámara Alta británica. Ahora tenemos enfrente a Pekín, Moscú, Washington… Europa debe situarse en la vanguardia sin dilación.

No perdamos de vista que los dos nombramientos de ayer van íntimamente ligados a dos instituciones políticas reforzadas, que están concebidas para defender el interés general europeo por encima de los intereses nacionales.

Tanto Van Rompuy como Ashton son políticos comedidos y sin afán de protagonismo (lo cual se agradece en un mundo en que la política se ha convertido en pura imagen vacía de contenido). Van Rompuy no supone una amenaza “mediática” para aquellos jefes de Estado y de Gobierno que sólo se preocupan de salir en la foto (y no miro a nadie) y si Ashton consigue además que los británicos se sientan más europeos, por mi parte los nombramientos habrán sido un éxito.