jueves, 26 de noviembre de 2009

Atención a las polaridades en Europa

Una vez conocidos los miembros de la nueva Comisión, se abre otro frente de batalla que, a juzgar por las noticias que se filtran en entornos comunitarios, están protagonizando los países del Este. A nadie sorprende que estas nuevas naciones incorporadas en la última oleada sientan el peso de su pasado soviético de forma especialmente virulenta, y de ahí sus movimientos diplomáticos para presionar a Barroso y lograr las carteras que más afectan a sus estrategias de defensa y energéticas, los dos puntos candentes en las relaciones Europa-Rusia.

Ello no significa que el eje Berlín-París esté en riesgo, pero atención a los países mediterráneos, que podemos ir perdiendo relevancia de una forma preocupante en cuestiones estratégicas vitales. Y a modo de ejemplo el fiasco de la Unión por el Mediterráneo, que es la excelencia de la vaguedad y el cúlmen de la voluntad política vacía de contenido. No lo es en cambio la ampliación futura hacia el Este, que lejos de detenerse continúa, con Croacia como posible nuevo miembro en unos meses.

Hay cuatro países que ya se han postulado para hacerse con la cartera de Ampliación, que ahora ocupa Finlandia (comisario Rehn): Chequia, Eslovaquia, Bulgaria y Letonia, y de estos, los tres primeros admiten que la cartera de Energía también entra en sus objetivos, ya que Letonia está en posesión actualmente de esa cartera (comisario Piebalgs). En su defecto, Bulgaria desea la cartera de Política Regional, por la que también se postula Hungría, ambos países con conflictos regionales y étnicos.

Chequia ha insistido de forma especial en su deseo de obtener Ampliación, lo que responde a sus intereses estratégicos nacionales, aunque Letonia -hasta ahora en posesión de la cartera- desea mantenerla. En la agenda de la ampliación recordemos la presencia de asuntos espinosos como Turquía, el posible reconocimiento de Kosovo (hay 6 Estados miembros que no lo reconocen como estado), la disputa entre Macedonia y Grecia, el fracaso político de países balcánicos como Bosnia y Herzegovina, o la reunificación de Chipre, muy lejos de conseguirse a día de hoy.

De todos modos, en el juego de carteras todos los PECOS (países ex comunistas) han mostrado su interés de forma especialmente intensa en Energía, aún siendo conscientes de que la Energía está todavía bajo competencia de los Estados miembros, y que la Unión no puede ir más allá de un rol de coordinador.

Hay algo que demuestra hasta qué punto es un error que la política energética no esté delegada a la Unión, y es el uso que ha hecho Rusia de su potencial energético para amenazar y extorsionar a distintos Estados miembros de la UE, sin que ésta tenga demasiado margen de maniobra al respecto por no estar legitimada políticamente en ese área. Precisamente Bulgaria y Eslovaquia fueron los dos grandes perjudicados por la crisis del gas el pasado invierno, y han amenazado en Bruselas con reabrir sus centrales nucleares, cuyo cierre fue una precondición para poder anexionarse a la UE.

Esta actitud desafiante de dos nuevos Estados miembros -hecho sin precedentes en la historia reciente de la Unión- me parece suficientemente ilustrativa como para cerrar con ella mi entrada de hoy. Representa la visibilización del mercadeo entre Estados en plena vorágine, y protagonizado además de una forma poco elegante por Estados miembros que tal vez no tengan la adecuada madurez democrática para estar en el club de la Unión. Por sus hechos los conocerás. Jamás puede interpretarse en clave nacional una política del calado de la energética, y estos países están actuando en unos términos que cuanto menos merecen cierta reserva.

Los países del Este se apresuran, y las prisas nunca fueron buenas consejeras, desesperadamente buscan ascender peldaños en su área de influencia geopolítica con objetivos nacionales, mientras los países del Sur nos vamos quedando descolgados, algo que tal vez denote una preocupante falta de ambición. Porque en nuestra zona de influencia está el Magreb, área rica en recursos energéticos y que supone problemas de seguridad para toda la frontera sur de la Unión, razones más que suficientes para que la cuenca mediterránea estuviera en el centro de la agenda comunitaria. ¿Aprovechará el gobierno español la próxima Presidencia del Consejo para situar al Mediterráneo en el lugar que le corresponde en Europa?