viernes, 13 de noviembre de 2009

Almunia y el látigo

La Unión Europea es el espejo de la transformación política más importante de la historia, pero las situaciones de crisis económica están lejos de poder afrontarse de una forma verdaderamente coordinada. Una receta de mínimos se basaría en conjugar dos tendencias, por un lado el aumento de la interdependencia y por otro la pérdida de capacidad de estabilización. La primera implicaría la necesidad de coordinación debido a la integración de los mercados, y la segunda iría en el sentido de que los gobiernos pudieran estabilizar sus economías para afrontar perturbaciones cíclicas sin incurrir en pérdidas de renta y empleo prolongadas.

El contexto económico que afecta a los Estados miembros hace que la coordinación de las políticas fiscales, la estabilización y las funciones del presupuesto adquieran mayor relevancia, desde la perspectiva del ciclo y del crecimiento económico a largo plazo.

Almunia, como corresponde al Comisario de Economía, no ha hecho más que advertir de las posibles consecuencias que padecerán los Estados miembros que incumplan las reglas del déficit público. Este mecanismo ya es antiguo, y tiene su origen en la creación de las condiciones para la Unión Económica y Monetaria, que se pactó con el Tratado de Ámsterdam, en 1997.

La coordinación económica se basa en que las autoridades económicas establecen compromisos sobre el uso de los instrumentos de política económica bajo su responsabilidad, tras un proceso de negociación, para alcanzar una situación óptima desde el punto de vista colectivo. El procedimiento de coordinación y control presupuestario se basa en el postulado de que las finanzas públicas saneadas crean unas condiciones macroeconómicas estables, indispensables para mantener una política monetaria orientada a la estabilidad de precios y el crecimiento.

En la práctica estos mecanismos se han mostrado muy precarios, y en ocasiones los Estados miembros no han tenido más opciones que corregir sus déficit a posteriori, en espera de los cambios de ciclo.

Anteayer la Comisión Europea anunció plazos de entre 2012 y 2014 ó 2015 para que 13 países de la UE recorten los excesos presupuestarios a cifras inferiores al 3% del PIB. El país más explícitamente amenazado con sanciones y medidas disciplinarias es Grecia. En cambio, el ejecutivo de la UE concedió a Alemania, Francia, España, Austria, los Países Bajos, la República Checa, Eslovaquia, Eslovenia y Portugal hasta 2013 para reducir sus déficit por debajo del límite de la UE del 3%.
Alemania anunció este martes que lograría ese déficit por debajo del 3% en 2013, pero Francia reconoce que como pronto lo lograrán en 2014. Las previsiones que maneja la UE son desalentadoras, así de ese 3 % de déficit máximo en realidad se espera que el déficit presupuestario total en la zona euro escale hasta el 6,4% este 2009.

En este triste contexto parece que el Comisario se centra en el eje franco-alemán, y así dice Almunia: “Es extremadamente importante que Alemania y Francia compartan las mismas orientaciones de sus políticas fiscales, ya que si no la coordinación de la política económica y la gobernanza económica en Europa es imposible".

La coordinación económica se estableció en la famosa Estrategia Lisboa del año 2000 y establece un método abierto, que implica que la coordinación es regular y la coordina la UE, pero que el desarrollo de las soluciones económicas lo ejecutan los Estados miembros. El déficit es sólo una parte de las medidas que deben coordinarse. En este contexto la Comisión pide ahora a Alemania e Italia que reduzcan su déficit a un ritmo del 0,5% anual; para Austria, los Países Bajos, Bélgica y Eslovenia se establece el 0,75% al año; para Eslovaquia y la República Checa un 1%; para Portugal y Francia un 1,25%, y finalmente para España y Gran Bretaña un 1,75% anual.

De todos ellos, sólo Grecia está en una situación que la propia Comisión califica como alarmante, y que requiere una remodelación casi completa de las políticas económicas y fiscales en aquel país, hasta el punto de que ahora mismo Grecia supone un lastre para los 16 Estados de la Eurozona.

En cuanto al resto, conscientes de las pésimas condiciones económicas, se contempla prolongar el plazo hasta 2015 para cumplir objetivos. A mi juicio prolongar plazos en exceso no sólo es un error sino que debilita el propio discurso del ejecutivo comunitario. No olvidemos que la política económica es el primer punto en el orden del día comunitario, no es aceptable que los Estados miembros se endeuden y miren a otro lado. No sabemos a día de hoy si Almunia renovará su mandato, aunque ha sido un buen Comisario, pero sea él o su sucesor, no habrá alternativa, deberá seguirse amenazando con el látigo del procedimiento contra el déficit excesivo, de lo contrario acabarán pagando justos por pecadores.