lunes, 9 de noviembre de 2009

1989-2009: 20 años de libertad

¿Dónde estábamos? ¿Qué hacíamos y con quién compartimos el 9 de noviembre de 1989? Tal vez nosotros lo hayamos olvidado, pero los berlineses que vivieron los sucesos ocurridos entre el 6 de octubre (cuando Gorbachov va a Berlín Oriental para asistir a las celebraciones de los 40 años de la RDA) y el 9 de noviembre (la rueda de prensa de Schabowski, el portavoz del régimen comunista moribundo) de 1989, jamás olvidarán la huella profunda de lo que sucedió aquellos días.

Hoy podemos emocionarnos al ver este vídeo tras los veinte años de libertad, que se recoge en una web que tiene por objetivo captar el apasionante y personal relato de lo que hicieron, dijeron, sintieron y pensaron los protagonistas principales. Ellos vieron caer ante sus ojos el Muro que había sido una frontera cerrada desde que se levantara en 1961, aunque el terror y la división ya existieran desde el inicio de la Guerra Fría en 1948. Cuarenta años atrás el primer canciller de la RFA, Adenauer, había augurado que aquel Muro no podría durar eternamente. Los alemanes volverían a unirse, y con ellos se forjaría la unión de todos los europeos. Así sería.

Aquella noche de un día como hoy, los berlineses vivieron la gran aventura de sus vidas, experimentaron el miedo y la esperanza, soñaron lo que parecía inalcanzable y tuvieron pesadillas, propias del ciudadano asustadizado que había propiciado el régimen tirano. Toda suerte de personajes, los que se manifestaban o no, los soldados y hasta los espías, protagonizaron una huida hacia adelante que constituyó la masa de héroes anónimos que participaron en el fin de la Guerra Fría.

Nadie comprendía en realidad lo que estaba sucediendo, ni siquiera Gorbachov, uno de los actores principales, aunque sin dejarse notar demasiado en los instantes clave. Tanto es así que Igor Maximitchev, el embajador soviético en Berlín, no se atrevió a informar personalmente a Gorbachov la noche del 9 de noviembre porque el líder soviético ya se había retirado a dormir y dio por hecho que el propio presidente Krenz, la Stasi o la KGB ya le habrían informado del diluvio.

Otro de los grandes protagonistas y además participando en escenas de acción arriesgadas, fue Helmut Kohl, el canciller de la RFA, quien en los meses finales tuvo el coraje de negar ayuda económica a Krenz cuando se la pidió desesperadamente. Esa dura decisión acabó por facilitar la estampida de la población del otro lado del Muro. Y así, en el contexto de la perestroika, y mientras Polonia disfrutaba ya de su primavera de libertad, Honecker (que había sido substituido por Krenz), el hombre fuerte de la RDA, en su crepúsculo físico y político, aceptó a regañadientes sustituir la orden de “tirar a matar” por un reforzamiento del muro, que además nunca llegó, seguramente por falta de medios económicos y tecnológicos.

¿Cómo se explica que la NVA (el ejército más poderoso de los satélites soviéticos), la Stasi (los servicios secretos más eficaces del Pacto de Varsovia), los 400.000 soldados del Ejército Rojo y los miles de agentes de la KGB desplegados en la RDA se vieran superados en pocos meses por la presión popular y, en vez del anunciado supermuro infraqueable de sensores, cámaras, detectores de infrarrojos y emisores móviles con los últimos microchips, los berlineses recuperaran -sin disparar un solo tiro- la unidad perdida tras la Segunda Guerra Mundial?

La avalancha que bloqueó Berlín Occidental la noche del 9 de noviembre de 1989, tras forzar la apertura del Muro, superaba los centenares de miles de personas. La ausencia de respuesta del otro lado tiene que ver con en el descalabro económico del sistema soviético, y con la apertura iniciada en Polonia, Hungría y Checoslovaquia, donde la libertad había conseguido abrirse paso. Unos meses después, el 3 de octubre de 1990, se consagró la unidad de Alemania. Más allá de la glasnost, de la colaboración de Gorbachov, Bush y Kohl, de la crisis económica y del ansia de libertad de las personas, los cronistas explican aquellos acontecimientos felices como fruto de un cúmulo de casualidades, que difícilmente podrían haber encajado en ningún plan racional.


Sin duda hubo felices coincidencias, parecía que el manto de Dios del que había hablado Bismarck cayó en el momento preciso de nuestra historia, pero es innegable que el éxito de lograr la unificación alemana en apenas un año se debe a la visión política y capacidad de equilibrio de Helmut Kohl, máxime cuando en Europa esa reunificación inspiraba recelos, especialmente para los británicos. Thatcher llegó a decir: "Prefiero dos Alemanias a una. ¡Hemos derrotado dos veces a los alemanes, y aquí están otra vez!". Al final tuvo que rendirse a la evidencia. El ex canciller evoca el momento: "una reunificación sin una firme integración en las alianzas occidentales hubiera llevado a nuestro país a la neutralidad. La consecuencia hubiera sido en última instancia una Alemania no libre en el ámbito de poder de la Unión Soviética. Por consiguiente, la caída del muro del 9 de noviembre de 1989 y la reunificación alemana del 3 de octubre de 1990 son, no en último término, la impresionante confirmación tardía del consecuente rumbo de Adenauer de vinculación a Occidente con la reserva de la reunificación."
Tanto es así que la historia quiso que la caída del Muro coincidiera con un momento de resurgimiento en el proceso de construcción europea, tras la firma del AUE, que significaba la plena consecución del mercado interior único. Alemania interpretó su unificación como símbolo de la propia unidad europea. En ese contexto Kohl también tuvo la valentía de aprobar el doble acuerdo de la OTAN (apoyado únicamente por Felipe González desde el principio, y más tarde por Mitterrand, y con una férrea oposición de gran parte de los alemanes), que implicaba el estacionamiento de nuevos misiles nucleares en territorio de la RFA, lo que fue considerado una señal fuerte de alianza con Occidente. De no haberse hecho había riesgo de desplazamiento del poder en Europa a favor de la Unión Soviética. La OTAN, con los estadounidenses, se habría retirado paso a paso de Europa central. Esa Europa central que jamás debió haber sido una Europa del Este. Visto en perspectiva parece que sin ese doble acuerdo tal vez el Muro no hubiera sido derribado.

Desde su reunificación Alemania ha seguido jugando un papel de aliado generoso y ejercido de país líder en el proceso de integración europea. Racional o no, preconcebido o no, lo cierto es que tras las escenas de emoción y abrazos entre los berlineses de ambos lados, se acabó con décadas de aberrante falta de libertad y justicia. Nació no sólo una nueva Europa, sino también un nuevo orden internacional.

Más allá del racionalismo de los acontecimientos, el papel del hombre al mando fue decisivo. Como todo, el paso del tiempo pone a los verdaderos hombres en su lugar, como Kohl, Adenauer, Monnet o Delors. Reclamo que el manto de Dios nos traiga un líder europeo, un político valiente y decidido.