miércoles, 14 de octubre de 2009

Un paso adelante con o sin Klaus

La vida continúa para el Tratado de Lisboa, a pesar de que el presidente checo Klaus siga jugando su peculiar partida de Risk. El próximo 28 de octubre se celebrará una cumbre de la UE en Bruselas, donde se debatirá sobre los nuevos nombramientos que acarrean los cambios institucionales de Lisboa, entre ellos la presidencia del Consejo, para la que suena con fuerza la irlandesa Mary Robinson, y donde Barroso estrenará oficialmente su nuevo mandato por cinco años. Ha sido el propio Barroso quien ayer mismo advirtió a Chequia de que podía perder su comisario si finalmente no ratifica Lisboa, tras haber firmado el presidente polaco el sábado pasado. Si la estrategia checa es la del chantaje parece que nadie en la UE está dispuesto a sentar precedentes en la concesión de premios de última hora. Klaus no esconde su deseo de conseguir ciertas exenciones en el Tratado, de hecho ha pedido una cláusula de excepción, una de las famosas opt-out, en la Carta de Derechos Fundamentales, nada más y nada menos, en una maniobra que acaba por delatar que actúa contra los derechos y libertades de los propios ciudadanos checos, hecho que el propio Barroso ha remarcado.

Está por ver si se activará finalmente la cláusula de excepción, que en concreto se refiere a que se garanticen los decretos de Beneš, según los que se expropió de manera colectiva a los alemanes sudetes tras la Segunda Guerra Mundial. Klaus pretende proteger con ello a la República Checa de posibles reivindicaciones futuras de propiedad por parte de los sudetes alemanes en la zona fronteriza. Gran parte de la opinión pública checa está descontenta con esta anacrónica, e incluso moralmente dudosa, exigencia de su presidente. Ciertos medios alertan de los peligros que tiene para Europa la presencia de este tipo de líderes que se arrogan la defensa de no se sabe qué intereses, y a modo de ejemplo aquellos que alaban a Klaus como el único hombre que no se somete a los demás, comportamiento que en el fondo entraña el peligro que acarrea todo nacionalismo reduccionista y ciego. ¿Representa esta maniobra del presidente checo la soberanía popular? Permítanme dudarlo. La no ratificación del Tratado no favorece al conjunto de los ciudadanos checos, y así lo perciben muchos, empezando por la propia prensa checa.

El Tribunal Constitucional de Chequia se pronnciará el 27 de octubre sobre la ratificación del Tratado, aunque sea cual sea la posición, se contempla como alternativa una declaración política de todos los presidentes de la UE, que recoja algún tipo de compromiso a incluir a pie de página en el redactado del Tratado, sin que comprometa el curso de los cambios institucionales y políticos que éste brinda. Lisboa saldrá adelante en todo caso.