viernes, 2 de octubre de 2009

A los que dudan

A los que dudan de la legitimidad de Lisboa, debería bastar con decirles que este Tratado supone el fin de la unanimidad en la Unión Europea. ¿Hay algo menos democrático que la unanimidad? Sólo la tiranía. Que un sólo país bloquee las decisiones aprobadas por 26 además de poco democrático es injusto. Y aún así sobre la democracia y el sufragio universal, sobre el concepto de la soberanía popular siempre pueden planear dudas, dudas sobre la madurez, sobre si los votantes disponen de objetividad y elementos de valor reales para emitir su voto. Y en cambio se desconoce alternativa. Aún así, el voto del No a una reforma constitucional europea (como es el caso de hoy en Irlanda) no deja de ser un voto cínico, un voto de desconfianza, de desgaste, algo que no deja en buen lugar el pabellón de los valores democráticos. No es descartable que Irlanda sienta una psicoanalítica nostalgia del pasado. Lisboa mejora el funcionamiento de la UE, desbloquea la toma de decisiones, aumenta la visibilidad de Europa en la escena política mundial, ofrece un ancla a los individuos que podrán buscar amparo en las instituciones de la UE, cuando sus propios gobiernos nacionales les dejen en la estacada. La obstinación en hacerse notar es lo que mantiene a los checos a la espera, la desesperación por la crisis subyace tal vez en la indecisión irlandesa, porque siendo realistas admitiremos que los sondeos anuncian para hoy un resultado muy ajustado. No importa que se haya demostrado cuatro meses después del primer referéndum que los argumentos para el No eran falaces. La libertad sigue estando perfectamente asegurada, la integración es también garantía de estabilidad y crecimiento, no encuentro un argumento para el No que sea razonable, no encuentro un motivo para que el No pueda hacer más feliz a nadie.