miércoles, 7 de octubre de 2009

Intereses partidarios

Toda situación de incertidumbre es susceptible de ser utilizada en beneficio propio, máxime si intervienen los grandes intereses, sobre todo si son políticos. Política es todo, pero no todo debería valer en política. Tras el referéndum irlandés, nos disponíamos ya a que entrara en vigor por fin el TFUE, salvando los escollos de Polonia -cuya firma está al caer, aunque todavía no puede confirmarse hoy- y Chequia -parece que Klaus tendrá que firmar presionado por circunstancias y líderes del entorno. Con lo que no contábamos es con la olla de grillos que han destapado los conservadores británicos. El para algunos tan prometedor líder David Cameron se encuentra con la espada de Damocles de los viejos euroescépticos pendiendo sobre su cabeza. Tanto es así que se ha visto "forzado" a anunciar un referéndum para ratificar Lisboa, eso sí, en el caso de que cuando resulte vencedor en las generales de la próxima primavera -presuntamente- el TFUE aún no esté en vigor. ¿Alguien da más? Paradójicamente Cameron está tratando de romper con la vieja imagen de los tories reaccionarios y anquilosados, y lleva meses proyectando un concepto tory más pragmático y centrado, y aún así en el congreso de su partido celebrado en Manchester hace unos días, los extremistas han hecho tanto ruido que Cameron se ha visto forzado a ese compromiso, que tal vez alegre a parte de su electorado, sin saber que en el fondo Cameron desea que ese referéndum jamás se produzca. Recordemos que el Tratado de Lisboa ya ha sido aprobado por el actual gobierno británico. Por tanto esa carta es claramente una concesión a una (a la vista está que poderosa) parte de sus votantes naturales, aunque a mi juicio es una carta suicida, entre otras cosas porque el No tiene muchos números en esa ruleta rusa que sería una consulta en el país euroescéptico por antonomasia, y en esencia porque Cameron no podría tener peor estreno como Prime Minister, con el resto de los Estados miembros "ofendidos", y con una más que fría acogida entre los Jefes de Estado de la UE. Tal vez no sea más que una teatralización, otra de las hipócritas concesiones de los políticos a la opinión pública, sabiendo Cameron que saldrá de este apuro en cuanto Klaus se decida a estampar la firma y el TFUE entre en vigor. Me cuentan que la prensa checa empieza a impacientarse y que presiona al euroescéptico presidente para que firme de una vez, ya que consideran que esa es la mejor forma de defender los intereses nacionales, lo cual no deja de ser cierto, porque Lisboa otorga capacidad a la UE para actuar donde los esfuerzos de los Estados por separado serían inútiles ¿no resulta también toda una paradoja? Aunque los que se han hecho de rogar -Irlanda en su momento, y los tories británicos ahora- fundamentan su queja en problemas de soberanía sobre políticas que consideran particularmente sensibles, el debate de fondo no es la delimitación de soberanías, sino facilitar la integración en áreas hasta ahora bloqueadas por el sistema de toma de decisiones. No hablamos de soberanías porque los parlamentos nacionales en todo el continente han dado el visto bueno a Lisboa, hablamos de forzar concesiones adicionales. Veremos. Ahora la pelota en Praga. Continuará...