jueves, 8 de octubre de 2009

Herta Müller: buenos tiempos para la valentía y para... la prosa poética

El Nobel de Literartura de este año me produce una emoción muy especial. La escritora ganadora fabrica con las palabras imágenes que desconciertan, como el inolvidable pasaje del manzano que se devora a sí mismo. Esta mujer de mirada vidriosa y curtida en batallas que trascienden los límites de la supervivencia personal escribió en su primer libro "No soportamos a los demás ni nos soportamos a nosotros mismos y los otros tampoco nos soportan". Lo afirma la pequeña que narra la historia de represión de un pueblo en decadencia moral y económica, la minoría alemana en Rumanía, donde Herta nació en 1953. La pequeña niña se cuela en su primera obra Niederungen (En tierras bajas), libro censurado en Rumanía, aunque publicado íntegramente y con gran éxito en 1984 en Alemania, tierra que ha reconocido siempre a esta escritora rumano-germana. Gracias a esta obra pudo huir de Rumanía, donde se sucedían los conflictos con la dictadura de Ceacescu, que se iniciaron cuando fue despedida de su empleo como traductora en una fábrica en 1979. El motivo: negarse a colaborar con la Securitate, el servicio secreto de la Rumanía comunista.

Aunque hubo de esperar a 1987 para huir a Alemania, momento en que se traslada a Berlín de forma definitiva. Las temáticas de sus novelas giran en torno a los destinos de la minoría alemana en el país que la había visto nacer. Seguidamente ha publicado varias obras como Herztier , y recuperando la materia literaria de su obra novel, es decir la angustia de la caída, la presencia amenazadora de la muerte, el sometimiento abusivo de la mujer, publica Der Mensch ist ein Grosser Fasan auf der Welt (El hombre es un gran faisán en el mundo).

En la novela que ha publicado este mismo año, Atemschaukel, cuenta la historia de un chico de 17 años que después de la II Guerra Mundial es llevado por los rusos para ayudar en un campo de trabajo a la reconstrucción de la Unión Soviética, en un destino que compartieron muchos miembros de la minoría alemana. Los rusos consideraban que con ello los alemanes pagaban sus culpas como cómplices de Hitler, sin importarles que algunos de ellos hubieran sido también víctimas del nazismo. El interés de Müller por estos asuntos entronca con el silencio de su madre -que había sido deportada a la URSS- sobre su pasado en los campos de concentración soviéticos.

Müller es una mujer defensora de la libertad de expresión, y obsesionada por retratar las vidas de los oprimidos, los exiliados y sobre todo por tender puentes entre culturas. Prueba de ello es que estudió de forma simultánea filología germánica y rumana. Durante toda su trayectoria vital y especialmente a través de su trabajo literario nos llega una voz de mujer capaz de transmitir el desamparo de las minorías que todavía pueblan este continente europeo de paisajes tan diversos. Sirva este premio para derribar muros y seguir tendiendo puentes a lo largo y ancho de nuestra doliente Europa, que una y otra vez fenece y amanece con ambiciones renovadas.