miércoles, 28 de octubre de 2009

El Arte es apolítica

Carta de protesta al minsitro Goebbels. Berlín, 25-IV-1933.

Profundamente conmocionado por las noticias procedentes de diversas ciudades del Reich como Dessau, Mannheim, Dresde, en las que los lienzos modernos propiedad del museo han sido reunidos en las "cámaras de terror del arte", con las sumas que en su día se pagarían por ellos, han sido manejados con descuido, y se van a abandonar a la mofa y la indignación del público, por lo cual me permito dirigirme a usted con la súplica apremiante de que ponga término a estos desmanes.

Permítame que llame su atención brevemente sobre la época que precedió a la guerra, a los años comprendidos entre 1910 y 1914, en la que tuvo lugar en todas las naciones ricas en arte como Alemania, Rusia, Francia, una revolución intelectual de las artes, de forma simultánea e independiente entre las naciones. De esta revolución surgieron obras que no podían tener nada que ver con el Sistema de Noviembre ni con el marxismo, ¡porque estos conceptos no eran ni incluso conocidos!.

Era una época en la que las salas del arte con peste a enmohecido abrieron sus ventanas y sus puertas con violencia, y los artistas cayeron presa de la embriaguez entusiasta por lo nuevo, que empezaba a nacer.

En este ambiente sublime nos sorprendió la guerra a los que éramos jóvenes estudiantes de academias de bellas artes. Nos incorporamos a la guerra por los ideales del arte, ¡por auténtico entusiasmo ante una cosa grande!. En nombre de mis camaradas caídos protesto por la difamación de su voluntad y de sus obras, las que se encuentran en los museos y ahora deben ser profanadas. ¡No era éste el sentido de su muerte!. Los supervivientes, ahora con cuarenta años, hemos proseguido después de la guerra la obra iniciada en el espíritu de la preguerra y truncada por la contienda, obrando en la mayor parte con ignorancia y abstención de los acontecimientos políticos, que tenían lugar a su alrededor.

¡Hoy se están difamando los lienzos de los modernos difuntos y vivos!.

Se proscriben por degenerados, antialemanes, indignos y antinaturales.

Se les imputan motivos políticos que en la mayor parte de los lienzos en cuestión nunca pudieron haber existido siquiera. Los artistas son en el fondo de su corazón apolíticos y tiene que serlo, porque su reino es de otro mundo. Siempre es a la humanidad a la que aluden; la totalidad, con la que tienen que estar unidos.

Oskar Schlemmer