lunes, 7 de septiembre de 2009

¿Qué va a pasar en Irlanda? Posibles escenarios

El 2 de octubre llega la hora de la verdad, otro día D. Los irlandeses deben pronunciarse de nuevo sobre la adhesión al Tratado de Lisboa. Curiosamente y a pesar de los dimes y diretes, concesiones y no concesiones, lo cierto es que las encuestas no son nada alentadoras, y en el fondo no me extraña. La opinión pública es algo que nunca debe subestimarse. Irlanda necesita un detonante, como nos cuenta este rotativo.

De todos modos, algo me dice que Irlanda y los distintos grupos de presión que apoyaron el No en su momento, y que aquí fueron (tal vez de forma excesivamente hipérbolica) duramente criticados, han virado bruscamente. Diríamos que en estos meses de verano sí ha habido cierta renegociación. La UE no podía permitirse el coste de convocar una nueva CIG y redactar un nuevo Tratado, cuando Niza sigue en vigor a trancas y a barrancas, recordándonos míseramente como el Tratado Constitucional fue tumbado en 2004. Y en todo caso el nuevo Tratado saliente no evitaría un nuevo referéndum en Irlanda, ya que así lo manda su Constitución nacional. ¿Estamos en un callejón sin salida?

El primer escensario tras el No de junio fue la renegociación. Me consta que la habido, es decir que ese vaticinio se ha llevado a cabo, forzado por las propias presiones políticas en Dublín y Bruselas. Una vez superada esa fase es de esperar el Sí, porque concesiones ha habido, que nadie lo niegue. Cuando se acerque la fecha y cuente en un artículo la retahíla de razones para el Sí explicaré lo que ha trascendido sobre las concesiones a Irlanda.

Bien, otra opción sería la aprobación de un Protocolo con valor jurídico, que a su vez debería ser ratificado por los 27 de forma individual en sus parlamentos nacionales o mediante referenda. Viable, pero con coste, por ello también mencionan algunos expertos la opción de un Tratado de interinidad, que seleccionaría algunos de los elementos no expresamente impugnados de Lisboa, la ventaja es que este acuerdo podría ser ratificado por Irlanda por vía parlamentaria (sin necesidad de referéndum), aunque las cuestiones institucionales seguirían quedando no resueltas.

Y por fin, ¿qué les parece la geometría variable? Pues sí, se recuperaría ese viejo término de finales de la década de 1980, estaríamos ante un nuevo Tratado que asumirían un núcleo duro de Estados miembros, o tal vez varios (casi todos), y en esta línea hay de hecho quien habla ya de la fórmula 26+1. Esta fórmula sería interesante para dar solidez a la política de seguridad y defensa, y tiene la ventaja de que sólo debería ser ratificada por los Estados afectados. Suena a cooperación reforzada masiva, pero no es preciso descartar la flexibilidad si eso supone avances en la integración, aunque no implique a los 27 a la vez.

A mí que no me acaba de atraer metodológicamente la cooperación reforzada, en este caso sólo le veo ventajas, sobre todo para los Estados dispuestos a apostar fuerte por ceder soberanía. Tal vez sería una buena ocasión para suavizar las condiciones de la cooperación reforzada, ya que Niza marca que se apruebe por unanimidad del Consejo, algo tremendamente limitador dadas las circunstancias y que sigue dejando en manos de intereses nacionales los avances de la Unión.

Una opción compleja pero viable sería convocar una nueva Conferencia Intergubernamental para decidir que los Tratados puedan entrar en vigor por mayoría súpercualificada, es decir 4/5 de los Estados miembros, en lugar de la unanimidad actual. Es cierto que para adoptar esta medida se necesita la unanimidad, de nuevo la pescadilla que se muerde la cola, ¿qué habría que dar a Irlanda o a otras naciones que presionan por intereses nacionales como contraprestación a esa pérdida de poder?

Una vez más, vemos la unanimidad como verdadero lastre para el avance institucional en la Unión.

Albergo temores fundados de que las consecuencias de un voto negativo serán graves para todos, no sólo para los irlandeses, algo que sin duda debería procurarse aclarar muy bien en la presente campaña. Es posible que los irlandeses no sean conscientes de que una opción para ellos es abandonar la Unión, porque un No supone un rechazo a la propia esencia de la UE (ya no sé si recordarles el abanico de opciones, como esas famosas cláusulas que tanto gustan a los británicos, las opt-out, opción a la que pueden recurrir una vez dado el Sí, aunque tampoco hace falta que les demos ideas...).
Si Irlanda como Estado miembro no está dispuesto a acatar ciertas decisiones y avances en los que la gran mayoría parece coincidir no tiene lógica que siga en el proyecto, porque lo lastra. Ahora que ya estamos tan cerca, que en enero de 2010 tendremos un Parlamento Europeo con poderes de codecisión en todas las áreas políticas, con control sobre el 100% del Presupuesto, con capacidad de legislar sobre el 95 % de las materias, ahora que tenemos la figura de la Presidencia permanente en la punta de los dedos, un cuerpo diplomático europeo y el Alto Representante de Política Exterior, que nos dará coherencia y visibilidad, por fin... No podemos permitir que Irlanda ni nadie eche para atrás este Tratado, porque es ya patrimonio de todos. La inacción, el aceptar una derrota de Lisboa y continuar con Niza sería un fracaso histórico estrepitoso, y lo pagaríamos todos.