jueves, 24 de septiembre de 2009

De cómo se fragua la nueva Comisión: juego de carteras e influencias

Barroso afronta en estas semanas un reto sin precedentes en la historia europea: la formación de su propio gobierno con una capacidad de maniobra política totalmente novedosa para un presidente de la Comisión.

A pesar de la incertidumbre latente sobre el resultado irlandés el día 2 -y una vez que ya hemos visto hasta donde llega la capacidad de usar la obstrucción como instrumento político- el hecho es que pase lo que pase en Irlanda, el próximo 23 de noviembre expira el mandato de la actual Comisión, y que se inicia un nuevo ciclo de 5 años. Barroso ya está pergeñando el nuevo Ejecutivo, aunque hay muchas particularidades en este cambio de gobierno, por un lado el presidente ha sido votado por el Parlamento Europeo (lo que le da mayor legitimidad), y por otro el nuevo colegio de comisarios tendrá poderes hasta ahora inéditos.

Por primera vez las políticas europeas adquieren un alto perfil. El portugués ya ha manifestado su intención de eliminar y añadir carteras, algunas de ellas como concesión sobre todo a los Liberales (ALDE), que condicionaron su apoyo parlamentario. Además están las concesiones a los Estados miembros, de forma que todos se sientan representados de alguna forma por la nueva Comisión. Aún así, Barroso no tendrá el protagonismo estelar, sino que deberá compartirlo con los dos nuevos grandes puestos que Lisboa brinda: el Presidente permanente del Consejo Europeo y el Alto Representante de Asuntos Exteriores.

Barroso, sin embargo, no tiene intención de desperdiciar su capacidad de influir en las prioridades políticas y por ello plantea abiertamente la creación de tres nuevas carteras: Clima, Migración y Derechos Fundamentales.

Estas últimas parten de una propuesta de los Liberales, ya que en cuanto a la de Migración, la idea es que no se mezcle con Justicia, Derechos y Libertades Civiles, y se pretende separar las tareas que ahora recaen en la Dirección General (recordemos que la Comisión subdivide sus carteras en Direcciones Generales por áreas políticas), o sea en la actual DG de Justicia e Interior, que es cuestionada actualmente ya que es juez y parte en los asuntos de justicia, al tiempo que defiende los derechos de los inmigrantes y minorías, por lo que algunos expertos opinan que la cartera debería separarse, ya que tal como está transmite la idea de que la migración es una cuestión de seguridad, y ese mensaje es confuso y contradictorio con los valores de la UE.

La cartera de Clima se vislumbra como un guiño a la opinión pública y como una oportunidad estratégica de demostrar que la UE actúa a largo plazo, aunque está por ver si finalmente las áreas de consumo energético y energías alternativas quedan en el ámbito de esta cartera. Hay áreas como transporte o recursos naturales que seguramente generarán debate interno sobre su adjudicación, y algunos apuntan que la cartera de Clima podría acoger esas áreas, y sobre todo si la cumbre de Copenhague en diciembre acaba por dar relevancia política a los asuntos climáticos.

Entretanto Barroso lleva a gala que la Innovación va a ser el “corazón” de esta nueva Comisión, y al margen de estas tres carteras, hay otras áreas que suenan con fuerza. Y así muchos rumores apuntan al deseo de Barroso de crear una cartera Digital, lo que le daría más poder a la Comisión para imponer la competencia en las telecomunicaciones (todavía no plenamente liberalizada en toda la UE) y solventar de una buena vez el copyright digital (que por cierto serían competencias que perdería el comisario de Mercado interior, lo que crea división de opiniones entre los analistas). Y por otro, se apunta ya la creación de una cartera de Economía del Conocimiento, que abarcaría educación, e innovación, y a su vez la fusión de las actuales carteras de Mercado Interior e Industria en una sola cartera de Economía y Finanzas (vean aquí un Informe de expertos sobre las prioridades económicas para el próximo gobierno). Y finalmente hay quienes reclaman una cartera de Cultura, en lugar de las dos DG actuales de Educación y Cultura por un lado, y de Multilingüismo por otro.

¿Qué pintan los gobiernos en todo esto? No nos llevemos a engaño, los Estados miembros también están pendientes del reparto del pastel, y los rumores en Bruselas advierten de que las carteras que traten Mercado interior y Competencia no deberían recaer en un Estado miembro de los grandes (Alemania, Francia, Reino Unido, España e Italia), ya que dicen las malas lenguas que la Comisión Barroso ha hecho la vista gorda en asuntos de unidad mercado con estos países, y que sobre todo Francia o Alemania podrían caer en la tentación de hacer de su capa un sayo en defensa de sus intereses nacionales. Sea cierto o no, la realidad es que estamos lejos de una verdadera unidad de mercado, y a modo de ejemplo el fracaso hasta ahora en la creación de una patente europea, además de que no se puede negar la evidencia de que falta mucho por armonizar en todo el territorio de la UE. Con suerte, en este mandato habrá oportunidad de comprobar hasta qué punto es necesaria una mayor armonización fiscal entre los 27, aunque actualmente ese horizonte sea quimérico, a juzgar por las dispares culturas fiscales en la UE. Aún así, el gran reto es que Europa sea más competitiva, ¿logrará Barroso que esa Innovación se convierta en el verdadero músculo de la vieja Europa?