viernes, 11 de septiembre de 2009

Calma a los estatalistas que temen Lisboa

Cierto es que algunos euroescépticos, los viejos conocidos y los de nuevo cuño –como polacos y checos- han acabado acatando el Tratado de Lisboa a regañadientes, con algunos recursos de inconstitucionalidad que al final han sido desestimados en Chequia. En estos momentos contamos, como saben, con 26 aprobaciones. El último escollo es Irlanda, está por ver en qué queda, pero aunque no haya sido muy comentado a mí me parece noticiable que incluso en un país tan europeísta como Alemania se hubieran planteado ciertas dudas. Tanto es así que el Parlamento alemán no se ha pronunciado de forma definitiva hasta este 8 de septiembre sobre el Tratado de Lisboa. Lo han ratificado, concluyendo que dicho Tratado no limita el radio de acción del gobierno, y aprobando por una gran mayoría las leyes complementarias a Lisboa.

Lo hago notar porque es especialmente relevante, ya que se habían planteado antes del verano dudas sobre si ciertos pasajes del Tratado resultaban incompatibles con la Ley Orgánica alemana y algunos aducían que el parlamento nacional debería tener mayor influencia en las decisiones de la UE, por lo que finalmente el texto se llevó al Constitucional alemán.

Aquellas dudas han sido totalmente despejadas, ya que el Tribunal Constitucional de Alemania se ha pronunciado de manera unánime contra los argumentos de los opositores del Tratado de Lisboa. Los que alegaban inconstitucionalidad afirmaban que Lisboa suponía la creación de un súperestado fundamentalmente nuevo a nivel europeo que terminaría con la soberanía de los Estados miembros. La sentencia es clara, al afirmar que la formulación del Tratado de Lisboa “No obliga a los Estados miembros a poner a disposición tropas armadas para misiones militares de la Unión Europea”, y destacando sobre todo que “los Estados miembros mantienen competencias decisivas en materias que van desde la legislación penal a la fiscal." Había suspicacia sobre la supuesta pérdida de poder del Bundestag (Cámara Baja o ciudadana) y del Bundesrat (Cámara Alta o territorial). Aprovechando el conflicto, el Bundestag ha preparado el terreno para que las decisiones europeas resulten más transparentes y comprometidas a nivel parlamentario nacional.

Es más, para evitar que incluso futuros gobiernos federales pudieran ver mermada su soberanía, han aprobado enmiendas para reforzar la supervisión de los tribunales nacionales alemanes sobre la legislación europea. En concreto, el gobierno deberá informar al parlamento con la mayor celeridad y detalle sobre todos los asuntos de la UE y conceder al parlamento nacional la posibilidad de expresar una opinión oficial.

Es cierto que estos movimientos y la decisión del Tribunal alemán sólo tiene efecto en aquel país, pero también lo es que crea un precedente y así la decisión jurídica sí puede tener mayor trascendencia de cara al futuro. Y es que de hecho “la constitución alemana permite transferir soberanía a un organismo interestatal como la UE, pero no permite la creación de un estado federal europeo”. Por lo demás, bajo el paraguas de Lisboa, los parlamentos nacionales siguen siendo el órgano representativo de los ciudadanos en cada Estado miembro.

Dicho lo cual, ¿deberíamos los federalistas europeos hacer campaña por el NO? Es obvio que no, ese error lo cometieron algunos con el Tratado Constitucional. Además federalismo no implica quitar poder a los parlamentos nacionales, sino descentralizar y repartir competencias sin solapamiento de soberanía. Por lo menos en Lisboa algunas competencias se definen y pasan directamente al nivel superior, mientras que otras descienden (eso ya lo contaré otro día). A nadie se le escapa que Lisboa es un triple salto hacia delante, por las muchísimas posibilidades que brinda, y algunas de ellas irreversibles hacia una mayor integración. De momento, café para todos, que no es poco, en los tiempos que corren.