jueves, 27 de agosto de 2009

Vuelta al cole aquí y en Bruselas...

[Imagen: pasillos del Parlamento en Bruselas con cajas y baúles a punto para su traslado a la sede de Estrasburgo, para el próximo pleno de septiembre.]

En los próximos días los eurodiputados regresarán a sus escaños y estrenarán legislatura con una semana de plenario en la pintoresca ciudad de Estrasburgo. Por cierto, ¿sabéis que el traslado a Estrasburgo para el pleno mensual (que dura 4 días) supone movilizar a 4000 personas y decenas de baúles con documentos desde Bruselas? Escalofriante. Queda pendiente para otro día el debate sobre la doble sede, aunque poca tela hay que cortar ahí, sencillamente Francia no renunciará sin contraprestación a cambio. ¿Qué le vamos a hacer? Así son los Estados, dichoso invento.

A lo que íbamos, tal vez se os haya olvidado, pero hace dos meses que votamos, y en lo personal yo fui a votar el 7 de junio, constantando con todos que soplan vientos más favorables al liberalismo que al intervencionismo en toda Europa. Y, por cierto, ya dije que no es aceptable la abstención como argumento de rechazo a Europa, entre otras cosas porque el que se abstiene voluntariamente renuncia a participar y da por bueno lo que decidan los demás, máxime cuando hay decenas de opciones donde elegir (desde el partido antitaurino hasta el partido de la familia, con todo el abanico de matices imaginable). El que no vota acata lo que elige el resto, y sólo el voto en blanco activo podría tener otro tipo de interpretación más política.

Como sigo apostando de forma más que institiva por la Europa política, me molesta cuando algún colaborador tilda mis supuestos de ser demasiado economicistas, aunque bien es cierto que las instituciones internacionales se han fraguado en sus orígenes por una motivación económica. Para un perfil como el mío, sería mucho más atractivo hacer una aproximación intelectual sobre la Unión Europea, aunque eso lo han hecho muchos en el pasado desde distintas posiciones. Tras un breve análisis no se me escapa qué contradictorio sería que yo defendiera en mi tesis una Europa-nación, cuando hablo de desmontar la Europa de las naciones. Y más aún, si acusamos a la tradición nacionalista de haber destruido las posibilidades de un ciudadano universal, ¿cómo justificamos el sistema político supranacional que anule la entidad nacional? Me habría perdido en laberínticas contradicciones intelectuales y filosóficas si hubiera emprendido ese apasionante mundo de la dicotomía entre un demos europeo y una Europa carente de nacionalidades weberianas, o incluso románticas.

¿Hay valores definitivos en Europa? Siempre que alguien ha querido apelar a esos valores como eje de la unidad ha fracasado, sólo el proyecto económico ha propiciado la supervivencia del proyecto, pero este simplismo que defienden los realistas, como Moravscik y Milward, que conceden un peso definitivo a los intereses nacionales, queda fácilmente derribado por otros avances políticos que no son puramente economicistas, y es que lo que a ellos les pasa desapercibido es precismente el elemento clave que hace del proyecto europeo algo genuino, cuando las instituciones comunitarias se convierten en una especie de mutantes que condicionan el futuro, y hay ejemplos incluso entre las directivas sobre energías, telecomunicaciones y demás, en que a menudo el peso de los intereses nacionales quedó supeditado al interés comunitario, ¡qué útil sería demostrar que existe ese interés comunitario per se!

Comprenderéis que sería para mí muy goloso empezar a analizar el legado moral y espirirtual de Europa. Hay intelectuales que se empeñan en desacreditar el proyecto europeo comparándolo con una simple unión aduanera, claro que los que afirman esto justamente son los más nacionalistas, los más euroescépticos, lo hacen con argumentos bastante pedestres. ¿Es la nación un valor a defender? En esta era clarmante global, y por tanto postnacional, yo sinceramente creo que no. Me parece que el escenario global ahora mismo nos dice una cosa: que estamos condenados a llevarnos bien y que, tal como dice Obama hay que tender manos (al mundo musulmán por ejemplo, básicamente porque los musulmanes pacíficos y no fundamentalistas son clara mayoría) y Occidente debe tener la suficiente capacidad política como para propiciar la democratización y laicización de esos estados, aún así ¿Realmente cree alguien que se puede sostener el argumento de que el islamismo amenaza con una substitución de valores en Europa?

Europa ahora mismo tiende hacia algo totalmente distinto a lo que preconiza el islamismo monoteísta, cabrá ver hacia qué, estas elecciones europeas son una señal de que Europa tiende a la reafirmación del individualismo, pero sin renunciar a la capacidad de solidaridad. En Europa ya hemos superado muchos debates morales, desde la Ilustración hasta el nihilismo, hay un constante resurgir de valores morales en Europa, el del europeo que se hace a sí mismo, recuperando lo mejor de nuestra tradición.

Todas estas apasionantes cuestiones son bastante obvias, sin valorar elementos como si Europa tiene poder blando, si es símbolo de progreso moral, referente de valores, etc., porque ese discurso está totalmente politizado y en un ambiente bastante maniqueo y rechazable, en términos de buenos y malos con ese simplismo de las etiquetas y el dogma a uno y otro lado. Cuando se busca ser referente debe evitarse el dogma. Lo sugeriré, pero no lo demostraré más allá de visualizarlo como opción concreta para desmantelar los anacronismos funcionariales estatales. Y así partiendo de pluribus unum, la diversidad en Europa y la condena a estar unidos, llegamos a la colectividad europea, un día espontánea al otro voluntarista, así en estos 52 años.

Tiempo atrás el ciudadano europeo fue más receptivo a lo que venía desde Bruselas, mucho se le debe al gran Delors y su ímpetu federalista. ¿Ya no quedan federalistas en Europa?¿Hay que crear una mística europea para que sea posible de una vez superar las fronteras mentales nacionales? Tal vez estemos en un viaje eterno hacia algo nuevo, o hacia la nada, y lo estaríamos si no fuera por la globalización, por el contraste entre un mundo cada vez más individualizado y más conectado, y por la debilidad competitiva de las naciones europeas. Lo de los sentimientos ya llegará, se intentó en la Convención constitucional, pero retrocedimos al sistema intergubernamental de nuevo. Fue un error elegir un mal momento para Francia, en que los franceses votaron en clave nacional. En cuanto al economicismo, recordemos que la tesis de Habermas de Europa como civilizadora suena bien, pero perderemos la credibilidad si no damos la talla económicamente, esa Europa generosa hacia el mundo no está en sus mejores momentos. Y aún así, ¿cómo construir un centro en Europa con capacidad de producción política al margen de las naciones estado?

Es un espacio de creación política, de opotunidades, una arena muy compleja, pero totalmente desaprovechada hasta la fecha. Se han conseguido amortiguar algunas externalidades etc, de acuerdo, eso lo ha hecho la unión aduanera, pero también hay una oportunidad institucional, la comitología, los lobbies, las regiones, los estados, las redes, las empresas transfronterizas, es alucinante la lucha de intereses que se genera ahí. De hecho la trascendencia de las fronteras es una clave, otra la cantidad de poder legislativo de la UE no está compensado con la capacidad financiera. Debo ir a un modelo que sirva para justificar los intereses nacionales y la toma de decisiones de los ciudadanos, y cómo en el sistema actual unos ciudadanos son discriminados sobre el resto, hoy una región rica de España no recibe fondos (Catalunya) teniendo la misma renta que una región pobre de Francia, que sí percibe, por no hablar del entramado de la seguridad social y la transferencia de derechos de los ciudadanos entre estados, ese asunto no está ni mucho menos resuelto, hay asimetrías incluso en el mercado europeo, y desigualdades territoriales.

No debe olvidarse que en este caso el sistema europeo es muy bueno para el ciudadano porque presiona a los gobiernos locales para fomentar su producción política. Estos análisis me llevaron durante una época a pensar en cómo la Comisión y los gobiernos regionales se apoyaban mutuamente en búsqueda de opciones de aumentar su poder. Se podría construir una teoría institucional a partir de ahí, pero eso sí es wishful thinking, no hay pruebas, por ahora sólo intuiciones.