viernes, 28 de agosto de 2009

La presidencia española será la de la refundación de la UE

En estos términos se ha expresado el presidente Durão Barroso en una entrevista publicada hoy en La Vanguardia. Personalmente creo que muchas de sus afirmaciones son perfectamente razonables y justificadas, y el hecho de que no haya podido lograr los avances que en su día logró el añorado Delors tienen más que ver con las circunstancias que con su capacidad política. No es lo mismo "manejar" una Europa de 27 que una Europa de 12, máxime cuando aquellos 12 eran países con culturas mucho más próximas y tradiciones políticas por lo general más similares.

Yo era muy joven en la época de Jacques Delors, pero cuando leo los planes diseñados por el presidente Delors me doy cuenta de su inmensa voluntad política, que coincidió en el tiempo y el espacio con la misma voluntad por parte de la mayoría de los dirigentes de los Estados miembros. Era una época en la que se estaba iniciando la verdadera integración. Y creo que el contexto actual es totalmente distinto, y máxime en un mundo globalizado.

Para los que no hayan leído la entrevista, recojo aquí algunas de las ideas más destacables:

Dando cuenta de su gestión en los últimos cinco años, Barroso apunta el apoyo explícito que recibe de estados pequeños, como Lituania, o incluso comunistas, como Chipre. Otros países, gobernados por socialistas, como España, también le dan su apoyo, probablemente por la estabilidad que el portugués ha plasmado en su mandato. Resalta además las iniciativas que ha encabezado la Comisión en esta legislatura contra la crisis financiera y contra el cambio climático. Destacando el papel intransegente de la Comisión contra el proteccionismo, Barroso afirma que es mucho más dañino el pesimismo de los proeuropeos que el escepicismo de los antieuropeos. Señala que la muestra del éxito del modelo social europeo es que Estados Unidos está siguiendo la estela de la economía social europea, y cree que nosotros vamos todavía muy por delante en esa carrera. Sigue diciendo que el hecho de que Estados Unidos ahora mire hacia Europa, no debe proyectar una complicidad entre las dos potencias occidentales, sino que debe imponerse el multilateralismo por el que la UE apuesta, recuperando Europa como inspiración y modelo para todo el mundo, en especial para los países emergentes, como China, India o Brasil. Finaliza Barroso abogando por el supranacionalismo y afirmando que Europa es un sueño pero lúcido, y recordando que el nacionalismo estrecho es estúpido.