martes, 25 de agosto de 2009

Lo último en la demagogia antieuropeísta (Eurosceptics Demagogic Campaigning, Breaking News?)

Estos últimos días se ha producido un debate intenso y casi agresivo a tenor de la política de comunicación de la Unión Europea. Merece la pena que dediquen cinco minutos a leer esta noticia, donde se da cuenta de los hechos.

Toda excusa, cualquiera, sirve para atacar a las instituciones europeas, el blanco fácil de los descontentos con el gasto público. No conozco a persona a la que agrade pagar impuestos y nunca los gobiernos gastan nuestro dinero de la mejor forma posible, pero en el caso de la Unión Europea, los críticos reincidentes caen en contradicciones flagrantes.

Es loable exigir la transparencia, pero cierto es que si una de las debilidades que se achaca a la Unión Europea es la falta de cercanía con el ciudadano y el desconocimiento general de las actividades y políticas comunitarias, no puede obviarse la necesidad de que se desarrolle una política específica de comunicación. Se trata de ofrecer información sobre lo que hacen la Comisión y sus direcciones generales, el Parlamento y sus miembros, e incluso de lo que cocinan nuestros gobiernos y ministros en el laberíntico Consejo. Como bien dice el artículo que enlazo la propaganda tiene el fin de movilizar y manipular, mientras que la comunicación trata de dar a conocer hechos, es información, aquello que demanda la ciudadanía europea.

El debate subyacente que apoya que la información debería dejarse en manos de medios privados exclusivamente tampoco parece sostenerse. A fin de cuentas el medio privado también es prisionero de grupos de interés y de sus audiencias, hoy más que nunca totalmente fragmentadas ideológicamente.

No parece sensato que la divulgación de las numerosas funciones que desempeñan las instituciones comunitarias quede en manos de grupos más o menos sectarios ni de intereses particulares. Por ello, plataformas como Euronews, Euranet, Presseurop, EuroparlTV ofrecen un servicio público muy claro, y son una forma de que los europeos -siempre quejosos de la escasez de información sobre la UE- tengan acceso a las políticas europeas, y más importante aún, contribuyen a crear un espacio de opinión europeo, algo que muchos demandan continuamente.

Si los medios nacionales están completamente politizados, deberíamos valorar la posibilidad de un conocimiento mucho más abierto y menos tendencioso que nos brindan las plataformas de comunicación europeas, donde además de difundir cómo funciona este laberinto comunitario, se propicia el debate político de fondo, incluso se da cabida a los críticos con la propia UE tienen su eco.

Y por cierto, a los eternos protestones, a los que están tan amargados por la presencia de la Unión Europea en sus vidas, les queda una opción perfectamente democrática. Pidan a sus gobiernos que abandonen la Unión Europea, este no es un club de admisión obligatoria, uno puede salir de él libremente cuando lo desee. Hasta ahora nadie lo ha hecho, tan malvado no debe de ser. Eso sí, no podrán quejarse del eco que se les da en los medios "europeos" que tan deleznables les resultan. Claro que no renunciarán a su cuota de gloria mediática. Incluso los críticos forman parte de Europa, y de eso se trata, de que exista una verdadera y diversa opinión pública europea, cuanto más formada mejor. El debate no es otro que el de la calidad democrática.