lunes, 31 de agosto de 2009

¿Ideologías? Aviso a navegantes: de Obama a Japón pasando por Europa


La crisis financiera global ha propiciado la reaparición de debates ideológicos que parecían totalmente superados. En la estela de Obama -y en particular de su loable empeño en la reforma de la Sanidad en los EE.UU.- hay un nuevo discurso político que pone todo su énfasis en lo social. Si en las elecciones europeas hablábamos de una tendencia al no intervencionismo, Barack Obama apunta en sentido contrario, al tiempo que cabe preguntarse si estamos ante un posible resurgir de ciertas izquierdas en Europa. El último indicador serían las regionales de Alemania ayer domingo (leve derrota del CDU de Merkel en Turingia, Sajonia y Sarre), sin menospreciar la paradójica preservación de un notable grado de estatismo en la Francia del liberal Sarkozy. Hoy lunes, no obstante, merece una observación más detenida el resultado de las elecciones de ayer en Japón. Hablan los editoriales de seísmo político en Japón, donde ayer domingo salió victorioso un proyecto de centro-izquierda (PDJ) que apunta a una gran transformación, tras derrotar al partido liberal (PLD) en el poder desde nada más y nada menos que 1955. Este cambio se da diez años después de la reforma electoral, que al privilegiar el voto nominal dio paso al bipartidismo.

Las causas básicas de este cambio político son identificables: el desempleo sin precedentes, la acuciante crisis aderezada con una precariedad laboral tremenda y la denuncia de despilfarro público. Suena contradictorio que el partido ganador anuncie reducir el gasto público con una mano, mientras con la otra promete llenar los bolsillos de subsidios sociales a los necesitados y a las familias con niños (para contrarrestar el alarmante envejecimiento de la población). ¿Cómo resolverá un endeudamiento que se sitúa ya en el 170% del PIB?

Japón afronta por tanto retos parecidos a los nuestros, me refiero a España, incluso el fenómeno de una burbuja inmobiliaria que nos ha estallado en fechas más recientes que a los nipones. La gran diferencia es que Japón gracias a sus elevados índices de productividad, a su mano de obra altamente cualificada y a su industria tecnológica ha conseguido mantenerse como segunda economía del planeta. Ni que decir tiene que cuentan con mejores mimbres que España, aunque de ser ciertas las promesas electorales del PDJ puede ser un banco de pruebas para ver la viabilidad de esas políticas sociales anunciadas.

Entretanto en Estados Unidos, donde se anuncia un repunte de la crisis (creíble o no, es otra cuestión) Obama sigue empeñado en rediseñar el sistema sanitario, y para ello está buscando inspiración en Francia. Si bien es cierto que se tiende a desacreditar la parálisis del burocratismo francés, también lo es que los estabilizadores automáticos y presupuestarios parecen dar resultados aceptables, aunque a costa de un gasto público que endeuda a las generaciones futuras, algo cuanto menos cuestionable. Por ello en Francia también se ha anunciado ya una reducción de los impuestos, para reactivar la economía real.

Es evidente que ha resurgido un debate antiguo propiciado por los abusos y la avaricia de algunos elementos del sector financiero. El enriquecimiento injustificado, las conductas sospechosas, la inyección de dinero público del contribuyente para salvar a unas instituciones financieras que fueron irresponsables, son hechos lo suficientemente escandalosos como para despertar el recelo de la ciudadanía. Nos preguntamos todos si está justificado que con nuestros impuestos, detraídos de nuestros míseros salarios, debamos sufragar a los bancos mal gestionados, a los despilfarros consentidos o no por un poder público, que a todas luces parece desmesuradamente excesivo.

Sin duda las políticas sociales e incluso redistributivas son necesarias, pero no a cualquier precio, no a cambio de lastrar la economía de todos, no a costa del endeudamiento, por ello no estaría de más que la clase política pensara en reducir algunos de sus privilegios al amparo de un entramado político que se autoprotege, bajo el paraguas del derroche.

No hay fórmulas mágicas, pero si bien sí soy totalmente partidaria de fomentar una Europa social, no lo soy a cualquier precio. Me muestro más favorable a nadar y guardar la ropa. En ningún caso de políticas fiscales cortoplacistas (véase caso español en estos momentos), ya que subir los impuestos en momento de crisis lo único que hace es ahuyentar a inversores y empresas, que huirán de nuestro país. No se trata de ideología, sino de fomentar la actividad económica y sobre todo el ahorro del dinero público. En ningún caso veo que la solución pueda pasar por una ideologización que nos lleve a situaciones ya superadas.