miércoles, 3 de junio de 2009

7 de junio: todos merecemos que vayas a votar

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Estamos en un momento crucial de nuestra historia, no sólo por la grave crisis económica, sino porque todo está poniéndose en cuestión, hasta nuestros valores. En la marea de incertidumbre hace unos meses se debatía sobre la posible jornada laboral de 35 horas y hoy se habla de alargar la edad de jubilación. Es el nuestro un mundo cambiante e impredecible, y por ello apasionante.

Apasionante porque nosotros formamos parte de ese futuro que estamos entre todos ideando y fraguando. La Unión Europea es el proyecto político más impresionante concebido por el hombre, el continente bañado en sangre durante toda su historia vive desde hace 52 años el período más largo de paz y prosperidad, y por fin los europeos estamos unidos bajo una misma ciudadanía, que a pesar de pasarnos desapercibida da carta de naturaleza a nuestros derechos y obligaciones, desde que nos levantamos hasta que nos acostamos.

Y este domingo de junio, cuando la predicción anuncia jornada soleada y las playas son tentadores, os pediré que vayáis a votar, hacedlo a primera hora o antes de volver a casa a daros una merecida ducha. Y no voy a enumerar razones, o ¿por qué no?
Tal vez alguna de ellas, alguna concreta que vaya más allá de recordar que el Imperio Romano no se fraguó en una noche, ni su caída fue fulminante aunque apenas ocupe un párrafo en nuestro manual de historia...

Al grano:
La más obvia es que si tú no votas estás dando más valor al voto del que sí se toma la molestia, es decir, otros votarán por ti y tal vez por la opción que menos te guste. Suele darse el caso de que los radicales y extremistas sí se movilizan, los ultranacionalistas, los antieuropeístas, los totalitarios travestidos de populistas, e incluso los que defienden a los terroristas, no lo olvidéis, todo ese tipo de engendros que aprovechan las crisis de valores para auparse y conseguir cuotas de poder y -lo peor- de fondos del contribuyente. Serás cómplice de ello con tu abstención. Y por último, estamos ante el Parlamento Europeo en su momento histórico, es decir con mayor poder de su historia, más cuando en 2010 entre en vigor Lisboa, que dará fin a las presidencias rotatorias y aumentará la visibilidad codecisoria del Parlamento. No queremos que esa cámara sea un residuo para partidos estrambóticos y extremistas, sino que deseamos que represente los valores y referentes de la Europa de futuro, una Europa fuerte con una política energética sólida, con capacidad de competir, con una política exterior consensuada, y una Europa unida además es la única posibilidad para salir de una crisis, que ningún país europeo podrá superar en solitario.

Es cierto que la campaña ha dejado que desear, pero la mayoría parlamentaria tendrá su reflejo en las políticas, como se ha visto en los centenares de leyes aprobadas que afectan a nuestras facturas telefónicas, eléctricas, a la seguridad de nuestros alimentos, a nuestros derechos... Nuestro voto es mucho más que ese pequeño empuje moral que necesita la vieja Europa*.

* Y a nuestras antepasadas les costó alguno que otro disgusto luchar por que nosotras pudiéramos votar, no está de más recordarlo.