miércoles, 22 de abril de 2009

Europa como única salida


[Imagen tomada prestada de la web de AGM Utrecht.]

He aquí una federalista europea, convencida militante de la causa desde hace casi una década. He aquí alguien que, sin entusiasmo ostensible y a pesar de las contradicciones del proceso, anima a participar en las elecciones al PE del 7 de junio. Votad al que creáis, pero participad de una de las pocas señales visibles de ciudadanía europea más allá del euro, de la libre circulación sin pasaporte y de la banderita de las estrellas en los letreros de las carreteras.

Por cierto, ¿cuántos sabéis que las obras del AVE a Barcelona la sufragaron fondos europeos en un 72 %? ¿Qué hacía la ministra de Fomento inaugurando esa obra cuando quien debía estar era el Comisario Europeo? No es que sea complejo el sistema institucional europeo, es que también lo es el uso y abuso que hacen los Estados miembros del sistema para beneficiarse en todos los casos posibles, de modo que la Unión Europea sólo paga los platos rotos del coste político, de las regulaciones quisquillosas y de las directivas molestas, mientras que el gobierno nacional de turno se cuelga siempre las medallas. Resulta, queridos amigos, que casi el 80 % de la legislación que tramita nuestro parlamento nacional corresponde a simple transposición de la legalidad aprobada en el Parlamento Europeo. Eso incide en nuestras vidas y nadie está percibiendo el poder real de los eurodiputados que elegiremos próximamente. Esta legislatura tiene el aliciente añadido de que la toma de decisiones cambiará, eso si conseguimos que en 2010 entre por fin en vigor el Tratado de Lisboa y las decisiones se tomen por mayoría simple (55% de los Estados miembros o 65 % de la población), no es mucho pero es un avance hacia la anhelada Europa Federal. ¿Por qué federal? Demasiado para un post, nadie lo leería completo, aunque os invito a leer algo de lo que he escrito ya sobre esto.

Sinceramente estoy convencida de que no hay otro camino, y de que la situación actual es costosa e insostenible a largo plazo. Igual que hace quince años se llamó iluminados a los que vaticinaron la moneda única, hoy puede decirse que el federalismo europeo resultó herido y humillado por el camino de la integración, pero que no ha muerto. Veamos. Hoy la UE es un sistema híbrido e inédito, sin horizonte final.

De entrada sugeriría que no se demonizara a la UE, no es una excrecencia burocrática (se mantiene con un presupuesto mínimo, pensemos que todos los gastos e inversiones de la Unión, incluida la PAC, ayudas estructurales, etc. y todo el sistema administrativo equivale al 1 % del PIB comunitario). Qué más quisiéramos que nuestros presupuestos nacionales tuvieran ese monto, además el presupuesto europeo nunca incurrirá en déficit porque está basado en cuentas y partidas anuales cerradas, es decir siempre en equilibrio perfecto.

Seamos consciente de lo barato que nos sale este guardián, porque la UE es guardiana de derechos, de libertades y es campo de oportunidades, es mucho más que Erasmus y el euro. La UE es como un barco, en cuya cubierta se encuentran los 27 Estados, en la planta inferior encontramos las políticas comunitarias, y las escaleras que unen a ambas plantas son las instituciones: Comisión, Parlamento y Tribunal de Justicia. Los Estados además de estar en cubierta controlan el puente de mando, mediante las decisiones que toman reunidos en Consejo. He ahí nuestro problema, donde estos 27 se dedican a batallar por sus parcelas de poder, y que acaban convirtiendo las decisiones políticas en negociaciones duras. No obstante, hay movimientos que escapan a la acción estatal, ahí es donde sucede lo interesante, de hecho en la planta inferior y también en otras naves que pululan alrededor, esas naves tienen posibilidades y trabajan en coordinación con la planta baja, de una forma bastante imparable, aunque los Estados sigan en su cubierta bien relajados y manejando el timón.

Los Estados no pueden evitar la marea imparable de comunitarización de las políticas en los más diversos ámbitos. Es cierto que no hay un gobieno plenamente ejecutivo que las dirija (aunque la Comisión empieza a hacer sus pinitos), y sospecho que reconociendo esa incongruencia los Estados fueron capaces de pergeñar Lisboa, que potenciará el poder de la Comisión y el Parlamento, sin olvidar los elementos paraestatales, las redes políticas, la fuerte presencia de la comitología o la capacidad negociadora previa de los entes subnacionales. No tenemos una federación europea de jure, pero sí de facto. Vamos camino de la comunitarización global, los tradicionales tres pilares (comunitario, interior y justicia, y PESC) desaparecen con Lisboa. Eso ya anticipa un sistema federal.

Así empezaron muchas federaciones en el mundo. La lástima es que el ímpetu de los federalistas, no ya los míticos Monnet y Spinelli, sino incluso Delors, han quedado diluidos, muchos políticos federalistas han caído en el conformismo de la gobernanza y no se atreven a vaticinar unos Estados Unidos de Europa. ¿Ya se desvaneció esa inquietud? No lo creo, en Europa tenemos a nuestro Hamilton y a nuestro Madison a la europea, algunos de ellos se dejaron ver en la Convención Constitucional que hubo en 2002, aquella que organizó Giscard y de donde salió una Constitución que los franceses tumbaron por criterios domésticos.

He ahí otra gran paradoja. ¿Quiere decir esto que la dinámica estatal jamás se superará? ¿Debemos suponer que los intereses estatales siempre marcarán el destino de los europeos? Europa es una democracia liberal y, queramos o no, tendremos una Constitución que superará al sistema de los Tratados, basados en las negociaciones intergubernamentales. La UE no se sustentará a largo plazo sin dotarse de legitimidad constitucional.

Siempre se ha achacado el excesivo peso de la Europa economicista, de hecho ese fue el origen de todo, una unión aduanera, aún así la causa era la conflictividad bélica y el fin la pacificación, es decir un fin político, esto nos muestra la inextricable unión entre la dimensión económica y la política. Uno de los claros valores añadidos que aporta la UE es la cohesión de sus miembros, donde ha habido logros pero también injusticias. Consideremos un hecho concreto, a menudo los Estados no perciben que los problemas de una de sus regiones pobres tienen más puntos en común con otra región situada al otro extremo del continente, a menudo no se valora la injusticia del sistema actual de reparto de fondos cuando se ignora que una región rica de España es más pobre que una región pobre de Francia, y en cambio la segunda se ve privilegiada sobre la primera en recepción de fondos europeos. Esto evidencia las desigualdades que genera el actual sistema de reparto y la incoherencia de una Europa fragmentada en fronteras estatales.

Muchos dicen que el esfuerzo es inútil, pues para lograr dicha reforma sería necesario un gran consenso. Yo argumento que la fuerza de la necesidad y los hechos impulsará a los Estados a reconocer que el status quo es insuficiente, ya hay antecedentes, ¿quién iba a pensar que los Estados renunciarían a la soberanía sobre la emisión de moneda? Lo han hecho. Una eventual Europa federal resolvería el reparto de poder de una vez por todas y haría efectiva esa unión de los pueblos europeos, ansiada, soñada y -para mí- no utópica.

Por ello, a falta de voluntad política, el impulso federal debe alimentarse desde la intelectualidad, debe reivindicarse como algo más que una mera teoría política, sin miedo a incomodar a los gobiernos nacionales.

Eureka