jueves, 5 de marzo de 2009

Cuando nadie me ve

Los europeos sentimos horror al vacío. Decadente es nuestro estilo de vida. Lo es. Como lo es el Adler individualista o los pintores renacentistas, y luego los barrocos que dieron pátina a una realidad anodina. Botticelli y su Apeles calumniado. Rigideces o flexibilidades al margen, conservadurismos, liberalismos o socialismos, una forma de vivir, una suerte de poso en el alma, por mucho que alguien aliente la desconfianza mutua entre unos y otros hiperbolizando los clichés. Lo hicieron los checos con aquella exposición(esquizofrenia euroescéptica) nada más llegar a la presidencia del Consejo este año. Europa no tiene que demostrar nada, ni hace falta que exhiba los méritos de su vetustez ni que reniegue de los logros de la postmodernidad. El enemigo enmudecerá como enmudeció ya. Ilustración. Y más... y arte y piedras y poetas y filósofos y palabras que resuenan, y calles que rezuman tanto que nunca dejaremos de ser. Hemos sobrevivido a decenas de trincheras y hemorragias internas. Europa es más que una fábrica de ilusiones. Yo soy europea cuando leo a Zweig, a Verlaine, y también cuando en la quietud insomne de la noche rezo. Habla Steiner, no sólo de la Europa fraguada en los cafés de París, Viena o Praga, sino de la confluencia de la razón y la fe, de Atenas y Jerusalén en Europa. Lo somos además todos echando mano a Montesquieu, y su división de poderes tan pretenciosamente vituperada. Lo soy cuando se me eriza la piel con un eterna aria de Verdi, con el lamento bravío de Lohengrin wagneriano, con la adolescencia indómita en O mio Babbino Caro de Puccini. Es que si no existiera París habría que inventarla, y la biblioteca Bodleian de Oxford. Y cómo haberse perdido la extasiante sensación que produce la Pasión según San Juan de Bach. Cómo evitar que las Variaciones Goldberg se aferren a tu memoria. E imaginarse en Venecia en compañía del hombre que amas. Aunque ese hombre no exista. Existe Venecia y existe el Peloponeso. Los Alpes ignotos. Y el deber ser de Kant, y el cuadradismo reduccionista de Descartes... Soy europea en la piel. Soy europea hasta cuando nadie me ve.