jueves, 8 de mayo de 2008

¿Qué pasó el 9 de mayo de 1950?

Todos hemos oído hablar de Robert Schuman, conocido como uno de los Padres de Europa, título que le otorgó el Parlamento Europeo (él fue su primer presidente) como reconocimiento a la decisión de lanzar aquel documento clave, que significó la fundación de la CECA. Aquí podéis leer dicho texto, la Declaración de Schuman que leyó en París, siendo Ministro de Exteriores de Francia.

El gran artífice, espiritual e intelectual, de la idea de la Europa políticamente unida fue Jean Monnet, redactor de dicha declaración, visionario y creador de la estrategia que permitiría construir una Europa integrada de forma progresiva, motivada por la necesidad de la unión económica. Hoy celebramos un día en que se recuerda a los Padres de Europa, además de Monnet y Schuman, Adenauer y De Gasperi, aunque oficialmente la Comisión reconoce la misma categoría a Churchill, Spaak, Hallstein y Spinelli, ampliando el abanico y la transversalidad del proyecto. No deben discutirse los méritos de estos hombres, que superaron recelos y reproches de gobiernos, prensa y grupos de intereses, apostando por la idea de Europa y, en el caso de Spinelli, trabajando esforzadamente, durante su vida política, por el federalismo europeo.

La rueda de prensa del 9 de mayo de 1950, que tuvo algo de improvisado y prematuramente intenso, fue de una relevancia que sólo se ha podido valorar a posteriori. Tras la publicación y difusión de ese famoso escrito, se fraguó la destrucción y el desmantelamiento de las fronteras físicas y mentales entre Alemania y Francia, además de incorporarse muchos elementos federales en las relaciones entre ambos países. Desde entonces, el eje franco-alemán ha sido el corazón de la Unión Europea. Schuman tuvo habilidad política para implementar los principios de ese documento y todos los elementos institucionales, económicos y políticos que germinarían en el Mercado Común.

Justo es decir que el esfuerzo y el ímpetu con tintes visionarios del texto habrían quedado en papel mojado, de no ser por la gran voluntad política por parte de muchos hombres en aquella complicada era de la posguerra europea. Hombres que ambicionaban una unidad política para Europa. Décadas después, muchos compartimos esa ilusión con ellos. Revivimos el proyecto, la idea, la sana ambición europea, cada 9 de mayo, conscientes de que la meta final y final todavía no está al alcance de la vista. Especialmente en un día como hoy, nos honra recuperar aquel espíritu y mantener viva la llama del europeísmo.