sábado, 5 de abril de 2008

I+D: debe ser prioridad para Europa, pero ¿Y para España?

El I+D con todas sus variantes se ha convertido desde hace más de una década en una especie de mito o panacea, donde parece hallarse la única esperanza para sobrevivir a la globalización. Me temo que esto no es así, al contrario, puede convertirse en un agujero negro para las finanzas públicas y no conseguir los efectos deseados, me explico. Si bien es obvia la necesidad de investigar y descubrir nuevos productos que hagan el mundo más eficiente, rápido y productivo, también lo es que los talentos necesitan de tiempo y medios, esfuerzos muy a menudo infructuosos. Por mucho que queramos y que nuestros gobiernos inviertan, posiblemente ni Catalunya ni ninguna zona específica del territorio español conseguirá jamás convertirse en una Silicon Valley o en un vivero de cerebritos para la ciencia y la tecnología. Es altamente improbable y el riesgo de inversión tan elevado y tan a largo plazo, que me temo sería un desperdicio.

Una apuesta segura es en cambio invertir en educación, sé que este argumento también está trilladísimo, pero lograr un sistema educativo que produzca jóvenes capaces de adaptarse rápidamente a los cambios tecnológicos es una respuesta casi mágica. Me remito a Corea del Sur, por ejemplo, donde sin crear ni inventar prácticamente nada, han sido capaces de desarrollar una industria tecnológica simplemente copiando la tecnología que los norteamericanos o japoneses inventaron. Resumen, se pagan los derechos de propiedad, y a partir de ahí uno aprovecha esos conocimientos para crear y sobre todo para aumentar la productividad y reducir costes, aumentando beneficios. Esto nos aporta una gran lección, crear una red de personas preparadas y con capacidad de aprendizaje y adaptabilidad nos dará una mano de obra muy eficiente, productiva y capaz de aprovechar las tecnologías inventadas por otros. Este enfoque me parece más realista y asequible para España, y por lo pronto frena posibles ímpetus derrochadores y poco planificados en centros de investigación, de utilidad bastante dudosa.

El estado deplorable de nuestra educación y la miseria en la que están sumidas nuestras universidades y profesores es algo a corregir cuanto antes. Corrijamos esto, no equivoquemos el enfoque, puede ser más saludable tener a un profesorado bien remunerado y bien formado. Por cierto, leí que Finlandia tiene el modelo educativo de más éxito en Europa, leí también que allí los profesores son elegidos entre los 10 mejores alumnos de cada carrera. Es decir, el profesorado ha de ser excelente, cuando uno va a clase y topa con un profesor motivado y preparado, va a encontrar no sólo ganas de volver a otra clase, además descubrirá herramientas nuevas, ese es el gran arte de la ensañanza, mostrarle al alumno capacidades que desconocía y potenciarlas. Esto solamente se consigue teniendo a los mejores entre el profesorado de todas las universidades, hay que encaminarse a ello. Una vez dispongamos de personas preparadas, todo irá sobre ruedas, las empresas funcionarán con mayor eficacia y productividad y dispondrán de mayor capacidad de inversión en importar tecnología, que nosotros después desarrollaremos aquí a un coste muy reducido. Es decir, que otros investiguen por nosotros.

Otra cosa bien distinta es cómo la UE debe afrontar el reto tecnológico. El potencial humano y económico de la UE es de primera magnitud, por tanto en conjunto no puede renunciar a estar a expensas de Japón o Estados Unidos, sencillamente sería ridículo, a pesar de que es lo que sucede ahora. La carencia de medios y de políticas netamente europeas ha impedido que en la UE exista un desarrollo tecnológico. Dado que cada Estado miembro tiene cierto margen de actuación y no existe una política común centralizada, esto no podrá articularse jamás, sobre todo por el alto coste que representa.

Obviamente no podemos aspirar a llenar Europa de infrastructuras científicas carísimas, sino que deberíamos decidir estratégicamente dónde y cómo se va a invertir y quién va a investigar.

Claramente ha de existir un punto en el mapa de la UE donde se centralice la investigación tecnológica, reduciendo así costes y aunando el conocimiento para facilitar la permeabilización entre investigadores. No se trata de que cada uno de los Estados miembros entre en una agotadora competición para atraer para sí el centro tecnológico, sino que debe existir un gobierno supranacional europeo que decida por criterios mensurables y objetivos dónde debe estar situado ese centro. Ello implica que la financiación del mismo debe ser netamente europea, y que los resultados del mismo en cuanto a patentes, derechos etc., corresponderán a todos los Estados miembros por igual, es decir se gestionarán desde el organismo central europeo.

Resumiendo, se justifica la necesidad de aumentar la autonomía financiera de la UE, se justifica la existencia de un gobierno supranacional europeo, y se fomenta por fin el desarrollo tecnológico en Europa.