lunes, 10 de marzo de 2008

Tratado de Lisboa

Después de tanto ajetreo y tantas energías vertidas en el proyecto constitucional, otra vez estamos con los tratados europeos. ¿De qué nos sirvió a los españoles gastarnos millones en una campaña inútil para refrendar la Constitución Europea?El fracaso de la Constitución Europea ha evidenciado el peligro de usar Europa en clave nacional, el voto negativo francés fue un castigo al gobierno de turno, y con Francia hemos topado, la legitimidad ya cuestionada de por sí de la UE, no podía permitir semejante golpe.El sistema de los tratados es volver a la lejanía del ciudadano. ¿Tiene sentido una Europa así? Sí, es necesaria, pero insuficiente. Ahora mismo la UE funciona como un sistema de mercadeo en cada gobierno trata de arañar del presupuesto común la mayor cantidad para sí. Esta fea costumbre la instauraron los países nórdicos, presos del euroescepticismo de sus ciudadanos.El momento es inquietante, tenemos en la UE más del 10 % de desempleo, frente a un 4 % en EE.UU. y Japón, y perdemos competitividad día a día. Padecemos la deslocalización, dependemos energéticamente de países externos, y nos quedamos atrás en excelencia y tecnología.Mientras tanto, cada uno va por su lado, no se suman fuerzas. Tenemos una gran líder, Merkel, pero poco puede hacer ella sola, hay que ver cómo plantea Sarkozy sus ambiciones europeístas, ha hablado de proteccionismo a la industria europea, pero dudo que esa sea la solución a corto plazo, lo ha dicho bien Durâo Barroso. Sería caer en el vicio de la PAC, que ha propiciado la captación de rentas y no ha permitido un desarrollo de las zonas rurales.Tenemos que potenciar nuestras empresas, un presupuesto europeo capaz de invertir el gasto estratégicamente para potenciar el crecimiento industrial y la especialización.No podemos depender de los gobiernos nacionales para una estrategia que ha de ser global.Europa importa y mucho, es la clave de nuestro futuro.