domingo, 23 de marzo de 2008

Redescubriendo Europa

Aunque no lo crean, existe un debate sobre el futuro de Europa, es un debate constante, dinámico y recurrente. Nos ha de llevar a alguna parte, nos ha de llevar en mi opinión a un nuevo y duradero diseño institucional.

La fallida Constitución de la UE no debe desanimarnos, somos 27 países y es necesario que todos estos ciudadanos se conecten de una vez por todas con sus instituciones, es imprescindible establecer competencias supranacionales.

Creo que en la UE sigue habiendo déficit democrático, ya que no hay una interrelación clara entre la soberanía nacional y los organismos europeos. Necesitamos un texto constitucional que defina: objetivos, principios e instituciones.

Se me antoja una grave dificultad el hecho de que los intereses entre estados grandes y pequeños, o entre estados centrales y periféricos tiendan hacia la divergencia en los últimos tiempos. Por tanto, parece complicado plantear una estructura institucional simplificada que cubra todas las aspiraciones.

Sin duda para mí el federalismo es la respuesta, como contraposición al funcionalismo habitual en el sistema comunitario, que contempla el traspaso de funciones a los organismos europeos según criterios funcionales, siguiendo con fidelidad la idea de Jean Monnet, si bien no del todo, pues Monnet en el fondo preconizaba un federalismo incremental que conluiría en una Europa federal.

La visión federalista genera notable polémica, muchos Estados miembros la rechazan, pues ven en el federalismo uniformización y centralismo (esta es la visión más anglosajona, arraigada sobre todo en el Reino Unido). No obstante el sistema funcionalista de objetivos concretos ha sido útil para el mercado común, pero no goza de transparencia ni de control democrático directo.

Según el criterio funcionalista Europa se ha ido construyendo con acuerdo a las necesidades de cada momento, sin un proyecto global coherente. Los acuerdos funcionales son más sencillos, pues los costes y beneficios son previsibles y cuantificables. En este ámbito las propuestas institucionales se han basado en las propias tradiciones nacionales, en otro ejemplo más de construcción pragmática. Por ejemplo el AUE se limitó a retirar las barreras arancelarias, y a partir del TUE se logró la implementación de la moneda única, y en el ámbito político únicamente se han reafirmado los pilares básicos sin ir más allá en la integración. Los tres pilares del triángulo institucional están cuestionados de forma casi recurrente: el PE es incapaz de administrar realmente sus poderes, la Comisión tiene problemas para imponerse como legislativo o ejecutivo real, y el Consejo tiene mucho peso en las propuestas, aunque poca capacidad ejecutiva.

Es posible que aún consiguiendo un texto constitucional europeo no se garantice una simplificación de las estructuras de gobierno. En este sentido se nos presenta como útil el enfoque de la gobernanza multinivel (dedicaré un post a analizar más a fondo qué significa la gobernanza multinivel en la UE) , por otro lado ahora mismo el poder simbólico de las institucions europeas es relativo, ya que los ciudadanos tienden a valorarla en función de resultados objetivos, sobre todo económicos, o dicho de otro manera en parámetros de eficacia.

Con el incremento de miembros, la Comisión y el Consejo se ven desbordados en sus funciones, de modo que sin duda el Parlamento Europeo debería aumentar claramente su poder de acción y decisión.

Cabe preguntarse si la descentralización, el reparto competencial y las políticas redistributivas son necesarias ahora que la UE se ha ampliado y existen tantas diferencias estructurales entre los Estados miembros. Sin duda apuesto por una nueva estructura que preserve los rasgos esenciales de la UE, pero que refleje los intereses comunes de los Estados miembros, que a buen seguro existen, y esto ha de ir más allá de las habituales declaraciones de intenciones.

Para mí no sería preciso centrar el debate en las divergencias entre federalismo, intergubernamentalismo o funcionalismo. Los Estados han renunciado ya a parte de su soberanía, hace dos décadas era impensable que tantos Estados miembros llegaran a renunciar a la soberanía sobre su moneda, con todo lo que ello implica (incapacidad de utilizar las devaluaciones en momentos de crisis económica, entre otras medidas económicas de urgencia que permite tener un control político sobre los bancos centrales nacionales).

Las competencias atribuidas en los tratados son reducidas y además su atribución es bastante difusa. Existe por otro lado una tendencia a la implementación de políticas sobre la marcha o definidas de acuerdo a necesidades puntuales, en realidad ha habido intentos sistematizadores, pero muy deficientes en la práctica. Estos problemas solamente tienen solución y respuesta en un diseño federal, con una administración fiscal adecuada, con un reparto competencial claro entre niveles de gobierno, seguramente la solución vendría de la mano del federalismo fiscal, de la federalización del gobierno de la UE y de un nuevo reparto funcional con arreglo a una territorialidad distinta, no tanto basada en una Europa de las regiones, pero sí de los territorios, entendidos como jurisdicciones con características y estructuras económicas similares.

Sé que esta idea está muy alejada de la concepción que los líderes políticos actuales manejan, todavía hay reticencia a ceder soberanía, no nos engañemos, nuestra UE es todavía una UE de naciones. Nuestro gran reto es conseguir un diseño político perdurable, y para ello hay que superar el concepto de que la UE es una especie de mercado donde todos vamos a ver quién consigue más para sí. Es imprescindible que todos sumen, sino el proyecto jamás llegará a buen puerto, y lo que es más grave, perderemos la gran oportunidad histórica de que la UE lidere el mundo globalizado.