lunes, 10 de marzo de 2008

Parte IV. Historia de la UE desde un enfoque distinto.


Otro hecho clave podemos situarlo en 1989, con la caída del Muro de Berlín, que supuso por un lado la victoria de los valores capitalistas y del libre mercado frente al socialismo, y por otro la unificación alemana, desplazándose Bonn hacia Berlín, además de la emergencia de otros países del Este ansiosos por establecer economías de mercado en sus territorios para lograr estabilidad política. Este hecho fue definido por Delors como “una aceleración de la historia” , y aprovechado por Kohl para pedir “la unificación política de Europa” . Muchos autores defienden la enorme relación existente entre la unificación alemana y el surgimiento de la UEM . Tanto Mitterrand como Thatcher estaban recelosos de una nueva Alemania con 80 millones de ciudadanos, a la que veían como un nuevo gigante económico. El hecho es que esto reducía la dependencia política de Alemania con respecto a Francia, y este miedo hizo paradójicamente que Francia apoyara tan decididamente la UEM, buscando lo que entendían como una europeización de Alemania. En este punto Kohl demostró su gran capacidad política, visión y habilidad diplomática, recordando a los días de Adenauer, logrando vincular la unificación alemana con la unificación europea, llegando a afirmar en el Parlamento Europeo que la política alemana y la política europea eran completamente inseparables, y afirmando que Alemania no estará totalmente unida hasta que no se progrese adecuadamente hacia la unión de todo el continente, pues la división de Alemania ha significado la visibilidad dolorosa de la división de Europa. Para Kohl, emulando como él mismo decía a Adenauer, la unidad alemana y la unión europea eran “dos caras de la misma medalla”.
En este sentido se considera a Kohl el precursor del “orden pacífico paneuropeo”. Por otro lado, debía desarrollarse el mercado único, lo que implicaba desmantelar fronteras y barreras al mercado dentro de la CE y a la vez realizar una aproximación a las políticas económicas nacionales, ya que las relaciones entre las economías de los EM debían pasar a ser una economía única en términos de mercado.
En resumen, los estados debían internalizar sus externalidades, con el fin de crear una economía europea sin costuras.
En 1992, para que el proyecto de mercado único pudiera funcionar era necesario un reconocimiento público de la necesidad de una mayor centralización de la autoridad política en la UE .
En aquellos momentos cuando se hablaba de competencias económicas se aludía sólo al funcionamiento de los mercados y no a la función redistributiva. A pesar de ello hubo un compromiso para reformar los fondos estructurales y de desarrollo para establecer un plan de redistribución a escala comunitaria. La idea subyacente era que el funcionamiento del mercado único facilitaría la unión política, por ello los federalistas del momento aprovecharon para impulsar reformas, denunciando que los cambios de 1992 dejarían entrever la brecha insalvable en cuanto a responsabilidad en la toma de decisiones, que recaía básicamente sobre el Consejo de Ministros y las autoridades nacionales, eludiendo todo control democrático.
De hecho fue en ese momento cuando empezó a emplearse el famoso término déficit democrático, debido a la naturaleza de las decisiones en la comunidad.
Por otro lado la existencia del mercado único hacía necesaria la estabilidad económica en todos los EM, lo que implicaba que las naciones debían pasar a coordinar sus políticas de forma irreversible. Uno de los problemas siguientes al AUE fue que las instituciones europeas no se desarrollaron, con lo cual existía una contradicción entre los objetivos muy ambiciosos y la capacidad real de las instituciones, actuando el Consejo todavía bajo unanimidad en áreas vitales.