lunes, 10 de marzo de 2008

Parte I. Mi versión de la historia de la UE


Para explicar y entender la Unión Europea actual comprendiendo el pasado, es preciso revisar la naturaleza de la integración europea en la posguerra. Dado que siempre existe el peligro de que el revisionismo histórico sea tendencioso me gustaría, analizar brevemente la historia europea a la luz de su patrimonio federal.
Desde el punto de vista del realismo en las relaciones internacionales, destacan las aportaciones de Alan Milward , que ha tenido mucha influencia desde su publicación en 1984. El principal objetivo de Milward era ofrecer una explicación completa de la naturaleza económica y política del proceso de reconstrucción de Europa de 1945 a 1951, concluyendo que su éxito se debía a la creación de su “propio patrón de interdependencia económica internacional institucionalizada” . Su teoría trataba de explicar cómo los gobiernos moldeaban la interdependencia económica para adaptarla a sus objetivos nacionales, de modo que el limitado grado de integración se consiguió gracias al interés egoísta de los estados, dejando fuera de lugar a cualquier idealismo como el mostrado por Schuman, Monnet o Adenauer. En cuanto a los orígenes de la CE, según este autor, ésta surgió para afrontar problemas políticos y económicos muy definidos. La CECA, la PAC y la propia CE eran pilares básicos para la prosperidad económica, estando cada una de estas instituciones diseñada para resolver un problema particular y no general. En un lenguaje muy cercano al utilizado por el intergubernamentalismo liberal a partir de 1990, Milward cree que el aumento de la integración económica irá siempre encaminado a resolver un problema económico irresoluble de otro modo. Milward cree que no existe una antítesis entre los estados y la CE, pudiendo coexistir ambos, ostentando los Estados miembros el control absoluto sobre los destinos de la CE. Al dar tanta importancia al papel de los estados Milward se sitúa en la escuela del realismo, donde se ubica también Stanley Hoffmann , quien afirma en 1982 que la CE no sólo sirvió para preservar las naciones-estado sino que paradójicamente las regeneró. Para este autor la CE era un régimen internacional del tipo que definieron Robert Keohane y Joseph Nye en 1977, que requería reciprocidad a largo plazo para sobrevivir en el ámbito de las relaciones internacionales .
Desde el punto de vista del realismo, para conseguir más apoyo a la integración europea, debería relacionarse cada una de las políticas nacionales con el marco internacional adecuado para implementarlas, de modo que la opinión pública pudiera relacionar los logros políticos nacionales con la existencia de la CE.
Vamos a ver cómo este punto de vista nos lleva a la relación entre el federalismo y la construcción europea. De hecho el escepticismo de muchos analistas nos ayuda a entender las fuerzas centrípetas que empujan a los estados hacia la construcción europea. En realidad muchos, y este es el caso de Milward, se basan únicamente en fuentes oficiales o en hechos históricos, y esta puede ser una limitación, porque hace que la influencia de los federalistas en el proceso pase desapercibida y sea invisibilizada, de modo que cualquier historiador según este criterio pasaría por alto la influencia de personas como Robert Schuman, Jean Monnet, Paul-Henri Spaak, Walter Hallstein o Konrad Adenauer, cuya influencia en la construcción europea ha sido enorme.
En los inicios de la construcción europea es cierto que había un grupo de federalistas que creían en la eventual desaparición de la nación-estado, pero entendemos que sus ideas eran válidas en un contexto de posguerra, en el sentido de que tras la devastación de la guerra todo era posible. En cambio los hombres de estado que lideraban la construcción europea entre 1952 y 1957, sabían que estaban creando un marco para el futuro que cambiaría las relaciones de poder en la Europa occidental, y la integración que pretendían tenía mucha más consecuencias que una mera interdependencia, por tanto implicaba riesgos estratégicos, pues suponía reducir la autonomía de los estados a favor de una unión donde debían converger los intereses de todos.
La mayoría de los federalistas, como Monnet y Spinelli, basaron sus estrategias políticas en la continuidad de los estados, y todos los federalistas compartieron y comparten una visión según la cual los estados paradójicamente son una fuerza con un potencial de crear conflicto en las relaciones internacionales, si bien con una capacidad reducida para hacerse valer en los asuntos mundiales. En el caso europeo, al aceptar nuevas formas de integración política y económica, con autonomía a escala supranacional, los gobiernos estatales estaban creando un contexto federal para la toma de decisiones europeas y existen una serie de procesos complejos que sería interesante estudiar a fondo para lograr entender la supervivencia de la nación-estado en comparación con los movimientos temporales de crecimiento de la integración europea.
Hay dos hechos que tuvieron un enorme impacto en la construcción europea, si bien tan controvertidos que finalmente su realización se vio frustrada. Tuvieron lugar entre la Declaración de Schuman en mayo de 1950 y la puesta en marcha de la CECA en julio de 1952. El primer hecho al que se hace referencia sucedió en agosto de 1950, cuando la asamblea consultiva del Consejo de Europa, dirigida por Churchill, invitó a “la creación inmediata de un ejército unificado europeo, bajo la autoridad de un ministro europeo de defensa, sujeto a un control democrático europeo” ; y el segundo hecho corresponde a la redacción del Tratado de la Comunidad Europea de Defensa en 1952 (CDE), que no fue ratificado, ante la negativa francesa en su Asamblea. Este Tratado permitía también la puesta en marcha de una Asamblea encargada de elaborar un Estatuto para la creación de una Comunidad Política Europea (CPE).
Lo cierto es que el fracaso de estas dos iniciativas no desanimó a los fervientes europeístas, sino que más bien en el caso de Monnet le hizo observar que esto confirmaba su sospecha de que la construcción europea no se conseguiría por la vía de la defensa, pues no era este el motivo más poderoso para buscar la unidad.
Como veremos, Monnet confiaba en el devenir de los hechos, y trató de utilizarlos para resolver dos cuestiones: preservar el dominio militar francés ante el inevitable rearme alemán, y promover la causa de una mayor integración europea.
El Plan Pleven, aunque implicaba la creación de un ejército europea, se había diseñado dentro del mismo espíritu que había llevado a la creación de la CECA, claramente influenciado por Monnet. En el tratado de la CDE se preveía la creación de una Comunidad Europea, como hemos dicho, con una estructura institucional basada en la separación de poderes y un sistema de representación bicameral, es decir se le dotaba de instituciones federales, si bien sus poderes estaban muy limitados. Spaak presentó la propuesta de tratado en 1953, identificándolo como federal y confederal a la vez, y Spinelli reconoció que presentaba estructuras federales. El problema es que al ser rechazado por la Asamblea francesa, muchos historiadores lo han tomado como ejemplo de que los gobiernos nacionales nunca sacrificarán su soberanía, a pesar de que Alemania y Benelux lo ratificaron, apostando estos por una idea federalista de Europa.
(continuará...)