lunes, 31 de marzo de 2008

La mujer en el gobierno de la UE

Bruselas está a punto de elegir por primera vez un presidente del Consejo Europeo, la persona encargada, entre otras cosas, de representar a la UE en el ámbito de la diplomacia. Hasta ahora todo han sido varones, pero hay cierta presión para que una voz femenina responda en nombre de Europa a las posibles llamadas del secretario de Estado estadounidense, en la actualidad una fémina, Condoleezza Rice. Más allá de las comparaciones, existe cierta tendencia masculina a nombrar hombres, pero a su vez se insiste en la necesidad de aumentar la presencia femenina en la cúpula comunitaria. Ahora es buen momento para hacer realidad ese designio, ya que se avecinan cuatro nombramientos clave en la UE: la presidencia de la UE (el Consejo), la de la Comisión, la del Parlamento y la figura de Alto representante de la política exterior. Parece que existe un acuerdo tácito para que cuando los líderes europeos valoren sus nombramientos, busquen el equilibrio entre Estados miembros y tiendan también hacia un cierto equilibrio de sexos.

Datos actuales: un tercio de los 27 miembros de la Comisión Europea son mujeres y ocupan carteras tan poderosas como Competencia, Agricultura o Sociedad de la Información. Por cierto, la corrección política, que a mí particularmente no me gusta, se ha aplicado en el Comité de sabios, que ha pasado a denominarse Grupo de reflexión para evitar sesgos de género.

En cuanto a los antecedentes, en sus 50 años de historia ninguna mujer ha presidido la Comisión Europea y entre los 26 presidentes del Parlamento europeo sólo dos han sido mujeres (Simone Veil y Nicole Fontaine). Obviamente la representación femenina en el Consejo Europeo es marginal, debido a la escasa presencia de mujeres al frente de los Gobiernos nacionales. Desde que en 1973 comenzaron las llamadas cumbres europeas sólo tres veces las ha presidido una mujer, en su momento Margaret Thatcher y, en dos ocasiones el año pasado, Angela Merkel.

La ausencia de mujeres entre los nombres de posibles candidatos que han empezado a circular "resulta llamativa", en opinión de la europarlamentaria y vicepresidenta del Grupo Liberal, Karin Riis-Jorgensen. De momento, sólo una mujer suena con fuerza para presidir el Consejo Europeo: Angela Merkel, quien se labró una excelente reputación internacional el año pasado, cuando asumió la presidencia de turno de la UE y del G-8. Y de hecho, en Bruselas su prestigio creció después de que lograse resucitar la frustrada Constitución y reconvertirla en el Tratado de Lisboa.

En una reciente encuesta del Financial Times en los cinco países más poblados de la UE, Merkel era la preferida para el cargo no sólo en Alemania, sino también en Francia e Italia. La alemana lograría probablemente entre los 27 Gobiernos de la UE el respaldo suficiente para convertirse en la primera presidenta del Consejo, aunque en realidad no parece fácil que la primera mujer en ocupar la cancillería alemana cambie Berlín por Bruselas. Pero Merkel no es la única candidata ni la presidencia de la UE el único cargo disponible, y entre las posibles aspirantes que se mencionan estos días en Bruselas figuran la presidenta finlandesa Tarja Halonen, la ex presidenta letona Vaira Vike-Freiberga o la ex comisaria europea Enma Bonino. Cualquiera de ellas y muchas otras podrían optar también al puesto de presidente de la Comisión Europea, que quedará vacante a finales de 2009, que José Manuel Durâo Barroso ocupa desde 2004. Y aunque pocos en Bruselas dudan de que al portugués le gustaría repetir, la carrera por el cargo está abierta y el nombramiento dependerá en gran medida del balance que resulte tras el reparto de los otros puestos en juego. Como varón, conservador y meridional, la renovación de Barroso estará en peligro si la presidencia de la UE se concede a un perfil similar. Otro nombre, el de Javier Solana, varón meridional, pero socialista, ocupa ahora el tercer puesto en discordia. En principio, el español debe asumir en 2009 de manera automática el puesto de Vicepresidente de la Comisión y ministro de Exteriores.

No obstante, todos estos puestos se renuevan, y es previsible que en los próximos meses veamos a más mujeres al frente de las instituciones que gobiernan en Bruselas.