miércoles, 18 de marzo de 2015

Rumbo a la Unión genuina


Este fin de semana he tenido la gran fortuna de participar como panelista en el “Training weekend” de los Federalistas Europeos en Madrid. En el panel matinal abordamos las enormes posibilidades que ofrece el federalismo, dejando en el aire la eterna pregunta sobre cómo desarrollar ese gobierno federal europeo con los instrumentos de que disponemos.

Una de las discrepancias más notables, a mi juicio, es la relativa a la necesidad de configurar un nuevo Parlamento para la Eurozona, postura que yo misma respaldo, entendida como un mecanismo de cooperación intenso, que "ayuda" a definirse a los Estados miembros, si bien esa idea es criticada por aquellos que ven en ello un incremento de la carga institucional comunitaria. Nos recuerda su importancia el tan mencionado Piketty en esta entrevista.

En la jornada vespertina, en la sede del Parlamento Europeo en Madrid, los ex presidentes Borrell y Gil Robles mantuvieron un productivo debate. Llamativa fue la frase inicial del primero, quien señaló que en los últimos cinco años se ha avanzado más en la integración europea que en los cincuenta anteriores. Cierto es. Y no incompatible con su insistencia posterior, y convencimiento, en la idea de que el euro ha “fracasado” por las divergencias que ha mantenido o incluso exacerbado. Esta afirmación me parece más discutible, aunque hay una verdad objetiva sobre los costes sociales que ha representado, más en unos países que en otros, aunque no solo en la periferia, por lo que me atrevería a matizarle al ex ministro, que no sería el euro el culpable, sino las carencias en su diseño, y sobre todo los errores por parte de los supervisores nacionales, que han puesto en riesgo la viabilidad financiera, permitiendo los excesos de sus bancos, alentando burbujas y no previendo la interconexión de riesgos… pero, no por ello, la “rica” Alemania deja de tener una gran bolsa de pobreza, a pesar de ofrecer a sus ciudadanos la más sólida base de prestaciones sociales en la eurozona.

Esa división entre ricos y pobres, o entre centro y periferia, siempre me ha parecido un invento mediático endiablado y engañoso. Las divergencias, sus causas y consecuencias, son mucho más complejas, de ahí que ahora la unión bancaria y la unión fiscal estén en la agenda en lugar prioritario. Todas estas reflexiones de la jornada confluyen con fechas en las que hay mucho movimiento subterráneo, para asentar los pilares de una unión monetaria que en tantos y tantos informes se ha reivindicado como “genuina”.

Esa autenticidad vendría dada por algo que se vislumbra obvio, a saber, un presupuesto, un programa de emisión de deuda conjunto, un fondo de garantía de depósitos compartido… La transferencia de soberanía que todo esto implica ya se viene produciendo, aunque no culmina, porque hasta ahora la fórmula ha sido de carácter “contractual” entre los Estados, con la Comisión como mediadora y ejecutora.

El nuevo ejecutivo de Juncker se está poniendo manos a la obra para profundizar en algunos de los pinitos que plantó Barroso, aprovechando que Tusk centra más su agenda en política exterior, como buen polaco...

El miércoles pasado se reunieron representantes de los 28, con Juncker (Comisión), Draghi (BCE), Tusk (Consejo) y Dijsselbloem (Eurogrupo). Primera reserva, ¿por qué 28 y no solo de los miembros del euro? Sería de sentido común; en primer lugar, por la capacidad de presión que se está poniendo en manos de los Estados no miembros del euro, pero, sobre todo, porque para aplicar todas esas medidas políticas necesarias para asegurar la sostenibilidad del euro, habría que reformar los tratados actuales, y sería prácticamente imposible que algunos Estados renunciaran a su capacidad de veto, como Reino Unido, Hungría, Chequia, sobre todo estos dos últimos, que están obligados a entrar en el euro, una vez cumplan criterios.

En el seno del euro bien conocemos la tensión entre deudores y acreedores, pero ésta no tiene que durar siempre. El euro ha estado con nosotros tiempo suficiente para haber vivido algunos cambios de ciclo. Entre los países favorables al presupuesto común (capacidad fiscal) los hay de centro y periferia, desde Bélgica hasta 10 Estados miembros. Alemania también es favorable, siempre que las reglas de contención queden bien claritas, más o menos, la situación actual con el Pacto de Estabilidad y Crecimiento.

Los cambios del tratado se refieren a la unión fiscal, por decirlo resumidamente, a la que nos hemos ido acercando mediante los mecanismos de rescate, sin que las negociaciones hayan supuesto un costo muy alto, en términos políticos; el social, ya lo he apuntado anteriormente, es innegable. El cambio ha sido gradual, y el cambio radical, a mi juicio, debe tomarse una vez superada la fase más cruda de la crisis, viendo qué sucede con Grecia. Porque hasta se rumorea que sería asumible su salida del euro.

Una vez superada la crisis de deuda, y sobre todo la crisis existencial, el borrador que han preparado los Cuatro Presidentes mencionados podría concretarse: a) creación de Eurobonos (deuda mutua); b) programa de prestaciones por desempleo anticíclico; c) armonización de los programas de insolvencia; d) presidencia permanente del Eurogrupo, y e) interpretación más estricta de las normas fiscales europeas.  Supongo que esto implica resolver la cuestión de los “bail-in” bancarios y la quiebra de las entidades, para liberar al contribuyente de esa carga.


Simbólicamente, las dos posturas enfrentadas, es decir, no compartir riesgos, por un lado, y establecer sistemas de redistribución, por otro, las encabezan Alemania y Francia respectivamente. Aunque Alemania es más favorable a la agenda federal europea que Francia, que se resiste a dejar el intergubernamentalismo, a no ser que cambien algunas condiciones, en términos de riesgos compartidos.  Sería un error postergar el debate, aunque ahora mismo los tiempos ahora los determina la evolución de los paquetes del rescate griego.